Nuestro mundo ha cambiado por completo. Nuestros antepasados quedarían asombrados de vernos con un artilugio en las manos, mirando una pantalla y tecleando sin parar. Desde que el mundo está dominado por el teléfono móvil y el uso de las redes sociales se ha generalizado entre los jóvenes, ya nada es igual. Estamos en un nuevo mundo.
Nuestra convivencia con el teléfono móvil revela ciertas paradojas. El teléfono móvil, que es un dispositivo para hablar, está erradicando la conversación. Las redes sociales, que supuestamente iban a conectar a unos con otros, en realidad ponen a unos y otros juntos en soledad.
De hecho, desde 2012 se viene observando un creciente deterioro en la salud mental de niños, adolescentes y jóvenes, así como un aumento de las adicciones comportamentales asociadas a unas redes sociales.
El reputado psicólogo Marino Pérez ofrece una perspectiva histórica sobre los orígenes del «siglo de la soledad» que las redes sociales han radicalizado. La «muchedumbre solitaria», compuesta de «individuos flotantes», está afectada por una serie de malestares psicológicos que tienen sus raíces en el individualismo moderno.
El individuo flotante ofrece un riguroso análisis del impacto psicológico de las redes sociales en los usuarios con el objetivo de que tanto padres como educadores sepan cómo proteger a nuestros menores y revertir los daños que les causa su adicción al teléfono móvil.
A pesar de un buen arranque con una documentación histórica curiosa de los postulados que pretende defender, el libro cabecea en una deriva de conceptos prestados de otros autores (citados hasta la extenuación) que no dejan de ser subjetivos, a pesar de lo denostado de este término para el propio autor.
El punto más molesto es, quizás, que un asunto sobre el que podría darse una investigación empírica sólida y proponerse medidas de intervención clínica o corrección comportamental, acaba siendo fruto de cháchara filosófica.
No diría decepcionante pero es cierto que el autor no desarrolla ideas personales. Es un texto interesante como recopilación en torno a la cuestión de lo flotante y lo líquido del individuo actual y lo que acarrean las redes sociales, se lee rápido y no es denso.
Es un libro sencillo, más una guía introductoria para poder ir profundizando en el tema de la fluidez y levedad del mundo en que vivimos, un metaanálisis con muchas referencias para quienes quieran profundizar. Lo he disfrutado y recomiendo para quienes busquen iniciarse en este tema.
Me enganchó desde el principio. El autor presenta una tesis principal sobre los cambios en nuestro comportamiento y la imagen de nosotros mismos a través de la imagen virtual.
El libro ofrece una perspectiva interesante sobre cómo la sociedad actual se ha vuelto líquida, es decir, cómo las relaciones y las identidades se han vuelto más volátiles y efímeras.
Sin embargo, a medida que avanzaba en la lectura, noté que el autor tomaba una corriente epicúrea como contra argumento a su tesis principal. El epicureísmo es una filosofía que promueve la búsqueda del placer y la evitación del dolor como objetivo principal en la vida. El autor argumenta que, en esta sociedad líquida, las personas buscan el placer inmediato y evitan el compromiso y la responsabilidad.
Aunque esta perspectiva epicúrea ofrece una visión interesante y válida, sentí que se alejaba un poco de la tesis principal del libro. Me hubiera gustado que el autor profundizara más en los cambios en nuestro comportamiento y la imagen de nosotros mismos a través de la imagen virtual, en lugar de centrarse tanto en corrientes filosoficas.
En resumen, "Individuo líquido" es un libro que ofrece una perspectiva interesante sobre los cambios en nuestra sociedad y cómo nos relacionamos con los demás y con nosotros mismos desde la aparición tecnologia y redes . Aunque el autor toma una corriente epicúrea como contraargumento, la obra sigue siendo valiosa para comprender los desafíos y transformaciones que enfrentamos en la era digital.
Es un libro que habla de la influencia de las redes sociales en la salud mental. Está bien. Pero hay partes en las que se pone a divagar demasiado y a comentar cuestiones filosóficas o antropológicas que se podrían despachar en 20 páginas y no en 80 como ha hecho él