El libro resulta especialmente interesante por la manera en que se aproxima a la realidad política, militar y social de Israel desde un análisis sociológico de las emociones. La autora propone que ciertas disposiciones afectivas son claves para entender cómo se articula el contexto actual del país, y construye su argumento a partir de una amplia base documental: textos teóricos previos, discursos políticos, acontecimientos históricos y entrevistas realizadas a distintos actores sociales, como exmilitares israelíes, colonos, estudiantes, figuras religiosas...
Las explicaciones son claras y accesibles, aunque el libro sigue siendo un acercamiento a una situación con mucho recorrido, lo que deja la sensación de que podría profundizar más; aún así, considero que está bien planteado. Es verdad que, como ya ocurría en el otro libro que leí de esta autora, la obra insiste bastante en algunas ideas, aunque en esta ocasión no me ha resultado tan redundante. También mi lectura ha sido más intermitente.
Es una obra que recomiendo. Creo, no obstante, que necesitaré una relectura más atenta y continuada: volver a las notas y los subrayados y formarme una opinión más clara sobre él.
Si soy sincera, no era una lectura que me apeteciera mucho, por eso he tardado tanto; aún así, es verdad que cuando me ponía a leer, me mantenía enganchada.
Chaus.