Como una recua de pesados bueyes, que marchan lentamente, unidos por una ligera cadena que los engarza, los poemas de este libro, a la manera de cantos, se desarrollan por ha de existir la carne de sus escenas épicas para que, entre res y res, leamos el brillo acerado y en ocasiones cortante que los vincula. Ha de existir el cordero sacrificial, su vellón blanco y sus entrañas expuestas, para que se haga presente la voz del dios que reclama a sus seres —herederos de los dones de creación y destrucción—, a sus reses, que no trae respuestas sino que pide pieles espesas, las que ha de prestarle lo viviente, con las que «dadme la voz/ de la garganta/ llena de espigas/ y sabréis/ si hablo». La multiplicidad en familias, en reatas de bueyes, en bandadas de pájaros o en ejércitos diezmados, en diálogo con la unidad de discurso enteco, casi inexistente. Y el anhelo de caballos blancos, marcados, de alcanzar —sobre sus grupas o en lo más alto de la montaña— la velocidad.
Esther Ramón (Madrid, 1970) es poeta, crítica literaria, profesora de escritura creativa y doctora en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Universidad Autónoma de Madrid. Ha escrito artículos de estética y crítica literaria para diversas publicaciones como Revista de Libros, Archipiélago o Cuadernos hispanoamericanos y, entre otros, el estudio Geografía del frío, introducción al libro Poemas encadenados de Pedro Casariego Córdoba (Seix Barral, 2003), autor al que dedicó su tesis doctoral. Ha publicado los poemarios Tundra (Igitur, 2002), Reses (Trea, Premio Ojo Crítico 2008), grisú (Trea, 2010, sales (Amargord, 2011) y Caza con hurones (Icaria, 2013). Es coordinadora de redacciónde la revista Minerva, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, y dirige el taller La flecha y lo blanco. Taller de poesía y otras artes en la Fundación Centro de Poesía José Hierro.
El libro en realidad es Sellada, de la misma autora.
Este libro está dividido en dos partes: Lo que duele y Lo que sana. La primera de ellas me ha aprecido algo fría y me ha costado conectar. La segunda, más luminosa y rica en su lenguaje, expresión y conceptos, me ha gustado mucho más. El poemario en su conjunto gana fuerza conforme avanza y se va elucidando el patrón temático de la obra: un camino desde la debilidad a la fortaleza, desde la crisis y a la satisfacción, siempre afirmando la vida y admitiendo las limitaciones humanas del proceso.