Para los seudointelectuales existen dos tipos de novelas: la erudita y la de acción. La primera consiste en referencias oscuras, exceso de simbología, reflexiones abigarradas y extensas disquisiciones filosóficas, dirigido todo a unos pocos que están por encima de la torre de marfil. La segunda, cuyo adjetivo la describe, va dirigida a las masas. Las buenas novelas, en mi opinión, tratan de balancear, de algún modo, ambos aspectos.
El blog del inquisidor pretende irse al primer extremo. La acción se limita a los últimos dos capítulos. El resto consiste en comentarios de carácter filosóficos y simbólicos tan extensos que resultan aburridos. Lo peor es que cae en lo pedante porque buena parte de la simbología el autor, amablemente, nos la explica. No hay oportunidad para que un lector activo trate de manifestarse.
No habría mayores inconvenientes con lo anterior de no ser porque no ocurre nada. En serio, nada. No hay acción, todo se nos dice, excepto en los últimos dos capítulos donde han quedado tantos cabos sueltos que no hacen ninguna diferencia.
El título es engañoso. Si bien aparece un blog "escrito" por un inquisidor, funciona solo como excusa para el resto de la trama (si es que hubiera alguna). El blog que leemos es el de Theresa, la narradora.
No es la primera vez que me encuentro con un texto que pretende hacer uso de una nueva tecnología que el autor no entiende. Ese es el caso de esta novela. En algún momento, Theresa se pregunta si alguien lee su blog y mi respuesta inmediata fue "No, nadie". Nadie lee ni escribe un blog cuyas entradas promedios son de 25 páginas, excepto quienes están por encima de la torre de marfil. Los blogs no funcionan así. La novela pudo muy bien titularse "El diario en papel de Theresa".
En cuanto a aspectos técnicos, salvo contados errores ortográficos, la redacción es muy buena. No obstante, el uso excesivo de la cursiva (itálica, bastardilla o como quieran llamarle), incluso cuando no corresponde, hizo que la novela fuera aún más pesada de leer.
El blog del inquisidor aspira a ser una novela erudita, carente de acción, que más bien parece dirigida a unos pocos que apenas conocen las nuevas tecnologías.