Un estilo magistralmente cincelado, si bien el autor confiesa a través de un prólogo muy posterior a la primera publicación de la obra su falta de consonancia con el tratamiento formal de su etapa incipiente como autor. A nivel personal, no obstante, lo que destaco son precisamente el uso de todos esos adjetivos arcaicos y desusados, de la sintaxis compleja, con oraciones subordinadas y muchas injerencias, además del desarrollo de muchos otros cultismos y elementos retóricos de orden elitista.
Alrededor de la obsesión en torno a la imagen y figura del «traidor» —que vemos en muchas de las memorias históricas españolas del siglo XX— se erige la imperante presencia de una suerte de alienación o enajenamiento del personaje de Casaldáliga. Para mí, son dos los tratamientos formales que se elaboran circundando la idea del traidor, de 'aquel que formó parte' pero se apartó para ser considerado un «extraño», un «otro», un «bárbaro»: en primer lugar, el uso de la tercera persona —con carácter enajenador— y en segundo, la existencia de un destino implacable que designa una especie de determinismo en el que nadie puede escapar del trágico futuro; esto último se desarrolla a través de la repetición y la simbología. A esto se relaciona también la idea de castigo divino que se impone como una realidad inmediata e ineludible. La narrativa de Marías en El siglo es bastante bíblica.
Por otro lado, la simbología que se elabora alrededor del elemento lacustre responde a inferencias que relacionan el lago no solo a un espacio-tiempo determinado —la España hierática e inmovilizada de los años franquistas—, sino también —si hemos de ponernos creativos— a pasajes bíblicos que remiten al castigo divino contra Egipto.
Por último, para pasar revista muy escuetamente a otras ideas que me surgen de la novela, destaco la latencia en el texto de una serie de referencias metaliterarias, algunas de ellas más o menos implícitas en la novela, como son: Niebla, de Miguel de Unamuno —relaciono ambos personajes principales con la abulia—, El corazón delator, de Allan Poe, el poeta latino Propercio, el coetáneo Dámaso Alonso, influjos de Juan Benet y de obras como Espejo del mar, de Joseph Conrad y Hydriotaphia de Sir Thomas Browne. Es menester asociar, además, a Casaldáliga con el mejor amigo del padre del autor —quien fue traicionado y delatado por el mismo— y, en el plano del mundo literario, con Camilo José Cela, en quien infiero que se basa Javier Marías para construir a Casaldáliga.
A nivel general, se trata de una obra profundamente elaborada cuya lectura recomiendo en gran manera.