Es raro lo que me pasa con este libro, siento que está tan bien escrito, lleno de frases bellas que hablan de la conducta humana de una forma tan limpia; pero no sé si me gusta. Quiero decir, hay una voz, hay una fuerza, hay preocupaciones, hay observaciones, pero su estilo es tan abstracto, tan "literatura pura", que me saca un poco. Es como si lo más importante fuera lo que se siente, lo que pasa, no importa dónde ni a quiénes. Es como si Camila Fabbri hubiese intentado describir el hilo más fino que compone el comportamiento humano. Y eso es lindo, porque hay frases de filosofía pura, que describen tan bien lo que somos y lo que hacemos. Aun así, cuando leo (y por eso es raro lo que me pasa con este libro) me gusta sentir eso, la emoción más prístina de estar viva, en lugares que me invitan a viajar porque no conozco. Qué reviste al dolor en un pueblo perdido en Brasil. Cómo es parir en Johanesburgo. No sé, me encanta cuando eso que pasa, el qué, está acompañado de un cómo que cuenta una segunda historia, la historia de otras voces, de formas de vida diferentes que la mía sólo en eso: en su forma, pero no en su fondo, porque todas las personas sentimos igual y por eso somos lo mismo. Entonces me gusta cómo siente Camila Fabbri, las emociones que le impone o que deduce de sus personajes, pero siempre, siempre, siempre quiero leer anécdotas intrínsecas a nuestra diferencia. Porque en esa diferencia aprendo y me encanta. Y si tengo que elegir, elijo un libro que me dé las dos cosas. Eso no quita lo otro, solo que me gustan las dos, como un helado de dos sabores.
Algunas frases que subrayé:
"Inocentes nunca hubo, en un romance nunca hay".
"Ahora me daba cuenta que mi madre se me parecía. La distancia nos había vuelto calcos".
"Dos potencias se unen y, de repente, existe la posibilidad de que tiempo después se encuentren restos de uno dentro del otro".
"La canción viene y define lo que siento, me define sin saberme" [amo esta frase, resume qué es el arte].
"En los ojos de los hombres mayores estaban impresas todas las jugadas".
"No me gusta citar los barrios ni dar datos" [esta frase me gusta porque siento que es la autora explicando cómo escribe].
"¿Qué es la capacidad? Poder huir del pensamiento".
"Parecía que esta cosa del abandono era algo que se transmitía".
"Aprendí que mejor sola (pilotear). Las naves giran mejor cuando van livianas".
"Ver tanta violencia me hacía sentir menos peor conmigo misma".
"No podía ser letal algo que estuviera a su alcance".
"Si se los mira con distancia parecen perfectos".
"Es el principio de todo y es eso quizá lo que más me gusta. Que todavía no haya empezado".
"Estar enamorada es un poco eso: pensar en qué hacer respecto del cuerpo del otro".
"Con ese orgullo que tienen los tíos varones, de mostrar la hombría media coquetona todo el tiempo" [amo esta porque nunca había pensado en la masculinidad como una coquetería o conquista entre pares: los hombres también se seducen entre ellos].
"Viola es morena también y eso la sitúa (igual que a él) en una condición humana especial para Tacuarembó".
"Necesitaba escribir; esa acción era la única bajada consciente que tenía con sí mismo".
"En Tacuarembó nadie le ponía títulos a lo neutro".
"El diálogo estaba dado por la reacción del cuerpo".
Lo más bello del libro es que todas esas frases que destaqué son, en el fondo, lecciones de filosofía política, deslizadas de la forma más elegante posible: en un contexto que no parece que estamos hablando de política. Pero ahí están. Y es bello y es astuto y me encanta.