Ya que tiene varios meses que lo leí, me ha sorprendido las veces que he regresado a él como referencia. Desde la parte del resumen de las vitaminas hasta descripciones que me parecieron magníficas de la parte que sería muy técnica de otra manera del sistema inmunitario. En comparación con el primer libro de la doctora Arponen, me pareció mucho más ligero en cuanto a la parte de biología avanzada. La síntesis es muy buena, pero creo que lo que más me gustó fue que la doctora es demasiado imparcial; no recomienda en ningún momento métodos naturistas con poca evidencia científica, pero tampoco se casa con el farmacocentrismo.
Creo que si más personas lo leyéramos, podríamos tener una vida más saludable.
Y la parte que me parece más importante rescatar es el enfoque preventivo y la alopatía como apoyo de una salud integral.
"Medicina sólo hay una, la que funciona, da igual dónde se practique. La medicina que vale es la que funciona. No tiene nada que ver con el tipo de intervención que se haga. Tomar un omeprazol para una hemorragia digestiva por una úlcera es medicina, pero tomar un omeprazol por unas molestias digestivas que se deben en realidad a un SIBO o una hipoclorhidria no es medicina, sino farmacocentrismo.
Decirle a una persona con obesidad que coma cinco veces al día con pan no es medicina, es darle una dieta de cajón; pero realizarle a esa persona una valoración completa y enseñarle a comer sí es medicina. Darle una estatina para el colesterol alto a una mujer de cuarenta y dos años sana, que hace deporte y come con un patrón evolutivo, con unos triglicéridos bajos y un HDL alto, no es medicina; pero decirle a esa misma persona que siga igual porque le está dando resultados, sí lo es.
Evaluar las experiencias adversas de la infancia de una mujer con fibromialgia y descubrir que su marido la maltrata, que es celíaca e hipotiroidea, y ayudarla a salir de esa situación es medicina; pero pasarle una consulta de cinco minutos y mandarle el cuarto fármaco analgésico quizá tenga algo de medicina, pero no es una solución para sus problemas.
Hay un concepto que se ha encumbrado a los altares de la medicina moderna, y es el de la medicina basada en la evidencia. En origen, en este modelo se nos dice que sus pilares son la mejor evidencia científica disponible, la experiencia profesional y los valores y las preferencias del paciente. Pero ¿sabes qué? Que suena muy bien, pero hoy en día se aplica sólo en la parte de la «evidencia científica» de una manera torticera.
Los ensayos clínicos doble (o triple) ciego y las revisiones de muchos de ellos se consideran como lo mejor que nos ofrece la medicina. Este tipo de ensayos consisten en lo siguiente. Imagina una enfermedad o síntoma, digamos por ejemplo la hipertensión. Entonces, se coge a un grupo de personas con hipertensión y, de forma aleatoria, a unos se les da un fármaco A y a otros un placebo; ni el paciente ni el investigador saben quién toma el qué. Y después se analizan los resultados.
Los grupos tienen que ser similares en la media de edad, el porcentaje de hombres y mujeres, las cifras de tensión al inicio del estudio y otros parámetros. Luego se mira si con el fármaco A se consiguen mejores resultados que con el placebo y si la diferencia es real o se debe al azar. A menudo estos estudios se realizan con miles de personas para asegurar que la diferencia, por muy pequeña que resulte, sea real y no por azar, aunque quizá no tenga mucha relevancia clínica. Sin embargo, en estos estudios no se tienen en cuenta factores como la microbiota, el estrés de las personas, su alimentación ni otros aspectos difíciles de medir.
Por otro lado, sólo se analiza una intervención. La mayoría de estos estudios están financiados por la industria farmacéutica, y si los resultados no favorecen al fármaco, muchas veces no se publican. El ser humano es un superorganismo complejo en el que todo suma y en el que las diferentes medidas actúan en sinergia."