Recién salido de la universidad, las Guías Michelín contratan al protagonista para «atender las inquietudes de los ricos» desentrañando aquello que convierte una experiencia turística en sublime. Aunque apenas visita los lugares que debe puntuar con estrellitas y se limita al plagio de otras guías, cobra un sueldo que le asusta por lo elevado: se sabe un fraude. Hijo de obrero y de ama de casa, vive con una peculiar culpa de clase la promesa de ascenso social de los años 90, momento en que arranca un periplo marcado por la especulación y el endeudamiento, «una década consagrada al epíteto».
Humorístico, tierno e irónico, Roma es el gran cronista de los sueños desnortados de la España reciente. Y esta hermosa novela, tan picaresca como reflexiva, una verdadera epicomedia del desclasamiento.
Valentín Roma describe perfectamente a un personaje repulsivo a base de brochazos de anécdotas de alguien fuera de lugar, superfluo y melindroso. Es una novela amena que, no obstante, no coge ritmo hasta la mitad y culmina como en un sprint. Si no estuviera redactada con tanto acierto, la habría abandonado enseguida. Vale la pena darle una oportunidad.
Un libro que me ha gustado mucho pero que me quedo con ganas de releer: tiene mucha miga, por lo que creo que es difícil disfrutarlo en su totalidad en una primera lectura.
El argumento gira en torno a la vida laboral de su protagonista, un trepa descreído que, tras estudiar con poca convicción Historia del Arte, y ser contratado para redactar artículos para la Guía Michelín, va subiendo pisos en el ascensor social sin merecerlo demasiado, arrastrando una especie de culpa -que se esfuerza en ignorar- por el origen currante de su familia.
Por lo visto, el libro forma parte de una trilogía en la que ya da cuenta de su pasado futbolístico y de sus problemas con la digestión del éxito, temas que están aquí muy presentes.
Un tono impertinente, indolente, muy ácido caracteriza su relato. Una especie de desfachatez social, de sátira amargada y contradictoria se adueña de la función. Me ha impactado más la propia dinámica del discurso que su contenido.
Aficionado también a los desvíos abruptos y los giros desconcertantes para violentar al lector, pasa de una cosa a otra, o la deja a medias o la contrapone a otra trivial, o se va por los cerros de Úbeda.
En algún punto entre «El mapa y el territorio» y «L’ amo» , tragicomedias laborales actuales con las que comparte cinismo y desazón.
Es una novela bastante rara en realidad; lo cierto es que no he acabado de entender bien lo que se propone, si pretende criticar algo, construir algo o, como sospecho, desparramar fuertemente contra muchas cosas, pero el caso es que me ha gustado mucho su expresión y su estilo tan personal, su mala hostia, sus frases que, aún sin acabar de entender, me han hecho reír, y pensar.