"Yo las quiero con todas las fuerzas que tengo y todo lo que tengo es vuestro. Recibid de mí lo que tengo de bueno, y sed muy felices, queridas, se los pido."
"No existen los lugares, existen las personas."
"Queridas mías" de Clarice Lispector comprende 120 cartas íntimas dirigidas principalmente desde el extranjero a sus hermanas, Elisa y Tania, respectivamente y en veces en conjunto desde el año 1940 al año 1957. Como periodista y traductora, Clarice ejerció en Río de Janeiro, Belém, Lisboa, Roma, Nápoles, Florencia, Berna, París, Torquay, y finalmente Washington, último destino diplomático que compartió con Maury Gurgel Valente, su marido y con quien tuvo dos hijos, Paulinho y Pedrinho.
Las cartas están llenas de cariño, amor, y saudade a sus hermanas, las cuales las trata como a sus propias hijas, y en algunas les reclama pues en veces se tardan en responderlas, ignoran ciertas peticiones de Clarice como que le manden fotografías de ellas, o no escriben o comparten lo suficiente sobre sus vidas. Clarice muestra bastante preocupación por ellas al rogarles que se cuiden, y estar mucho al pendiente. En ocasiones y depende del lugar donde radicaba Clarice, las cartas llegaban a las destinatarias como aproximadamente en un mes, la ciudad donde era más rápido comunicarse fue en Washington demorándose una semana la correspondencia en llegar a su destino.
En éstas cartas, Clarice Lispector habla de sus gustos por el cine, la música, la literatura, nos habla de sus libros y de sus críticas (que han sido injustas), y pésimas traducciones a otros idiomas (también injustas). Su amor por sus sobrinas y sus hijos. En muchas ocasiones reflexiva y profunda como acostumbra escribir compara la sociedad, las personas en cada ciudad que ha vivido por un tiempo. Transita de un tiempo donde era muy fiestera a un tiempo donde le aburren las fiestas y ciertas personas cercanas "importantes" e "interesantes". Pierde el interés incluso en el amor pues la literatura y la necesidad de escribir lo han eclipsado. Maury, su esposo, no le gustan sus libros.
Sus hermanas parecen ser la única esperanza en su vida para seguir. Ellas, al estar lejos, las cartas que recibe la confortan.
"Naturalmente, hay días en los que el corazón está nublado; ni siquiera días, a veces en un mismo día todo está claro y después todo oscuro y de nuevo todo claro. Lo que es preciso es no ir demasiado contra la corriente. Hay que hacer como cuando uno se baña en el mar: procurar subir y bajar con las olas. Eso es una forma de luchar: esperar, tener paciencia, perdonar, amar a los demás. Y cada día perfeccionar el día. Todo ésto parece idiota.... Pero no lo es."