Ha sido una muy buena lectura que he pospuesto demasiado tiempo. La premisa atrae mucho, promete fantasía urbana pero, que no te engañe, hay cantidades ingentes de romance a lo largo de toda la historia.
Los personajes están tratados con mucho mimo, a menudo en el sentido más literal de la palabra, porque se les ve supercariñosos los unos con los otros. En particular, es la historia de dos hermanastras y los clichés que sobrevuelan esa palabra quedan destruidos aquí, adoro que se quieran tanto y lo demuestren. Muy fan de los secundarios que van apareciendo a lo largo de la obra (Artaith y Jean, por Dana!). Sus problemas familiares también están muy bien aprovechados y son muy realistas.
La forma de escribir de la autora es muy del tipo poético, advertencia. Hay mucha narración y muy detallada, lo que para el ambiente le va genial, pero a veces hace que los personajes hablen así y entonces se me rompe un poco el esquema porque un señor cualquiera de 1990 y algo con 23 tacos no habla como Aragorn, lo siento. Pero es la única pega que le pongo, porque la narración aporta encanto real y misticismo a toda la historia. Encaja especialmente bien en espacios mitológicos.
La trama no es nada del otro mundo (aunque los plot twists son geniales), pero en el gran esquema de la novela, se escoge una serie de mitos de varias religiones y unos personajes para ser puntales de la historia (además de la protagonista, Ariadne) que encuentro que está muy bien llevado. Eso sí, si no te pilla conociendo un poco el tema (yo soy una friki de la mitología) a lo mejor este no es tu libro, porque en algunos tramos es o demasiado o está poco explicado.
Uf, y la agradable representación gay, lésbica y bi, no venía esperando ninguna representación (yo vine por la trama, como dice el meme, pero en mi caso es verdad) y me ha sorprendido para bien. Lástima que casi todo lo que involucra a Braden sea algo de tipo sexual, incluso cuando está herido de gravedad. La autora es mucho más sutil con el resto de personajes. Aquí esta señora sueña con más fantasía con representación asexual.
Pero esta historia tiene un problema enorme: el ritmo en las dos primeras partes del libro. Va muy rápido y muy lento a la vez en el sentido de que te sobrecarga con mucha narración en momentos en los que no hace falta, hay mucho infodump que quizá hasta se repite, y a la vez las acciones que realmente importan pasan volando hasta la página 300. Eso es más de la mitad del libro. Esto se traduce en casos como que el final de la introducción, donde se muestra el problema, sucede en menos páginas que toda la descripción del lugar donde van a ocurrir los hechos, o que Braden, el interés romántico de Ariadne y uno de los protagonistas, se pase hasta la página 201 sin pintar absolutamente nada en la historia, el pobre pasaba por allí y ya. Hay capítulos enteros que se podrían resumir y fusionar en uno solo. Por suerte a partir de la página 300 es cuando muchas tramas secundarias se cierran y nos permite disfrutar del hilo principal sin que el ritmo me distraiga de la lectura y, sinceramente, es cuando mejor reluce la habilidad de la escritora.