Si un cuerpo se va, ella queda sola. Si un cuerpo se disipa, ella permanece en la carta, la imaginación, la espiral de una concha. En estas páginas, el recuerdo es una creación. La pérdida se convierte en la posibilidad de traer la carne velada a puro antojo y deseo. Lo que no está deviene, al fin, una potencia descomunal que vive en ella. Caracol es un oráculo íntimo, mínimo, desapareciendo: alguien intenta regresar el cuerpo de ella, desde el calco de la voz, el vínculo de la epístola, la diseminación del círculo. Ella y ella habitan un plano no literal, pero real. Lola Nieto toca el lenguaje, hace que suene como instrumento musical: ritmo, sonido, silencio. Este nuevo libro continúa el camino trazado por la poeta, donde el lector es al mismo tiempo espectador y músico, donde la prosa se mezcla con el corte, y lo que duele, duele, y también sana.
Una escritura que se produce desde las grietas y los pliegues. No se puede salir de esta lectura, Caracol «es una excavación».
Palabras que evocan y convocan; transforman la realidad porque «cuando imagina no realiza un acto intelectual sino corporal».
La voz. El silencio. El ruido blanco.
El hambre, la búsqueda, el anhelo de esos sonidos que no son voz y también son voz, «imitar con la boca la saliva de su boca sin voz». La reencarnación de esa voz fantasmal, muerta y viva, en cuerpo-caja-acústica, en la carne de ella que no es ella «sino todo lo que no se ha oído de ella» : «el otro mundo en el mundo de sí misma. El encuentro y la pérdida a la vez».
Lola busca espacios donde enunciar grietas, producir surcos y fracturas, que algo pase, que algo sacuda la escritura cuestionando la propia escritura y sus muchas ausencias.