Este libro peca de parecer divulgativo cuando, en realidad, es muy denso para cualquiera que no tenga demasiada idea de educación.
La relación entre los protagonistas me parece bonita y acertada, pero los demás están regular. Hay varios temas que me han chirriado un poco:
- El libro aboga por la cooperación de los miembros de la comunidad educativa (aunque dice que un pacto educativo es algo utópico, con lo que se puede estar más o menos de acuerdo), para luego afirmar directamente cuál es la mejor forma de educar. Es lógico que la educación nunca será objetiva, y este es un tema del que se habla, pero creo que en este aspecto se contradice. Me importa poco, realmente, que la visión educativa de la autora se acerque más o menos a la mía; el problema está, más bien, en que considero que hay poca coherencia. No quito que sea una forma más amena de lo habitual (por la investigación pura y dura) de conseguir estos conocimientos, eso sí.
- El personaje de Matías no está muy bien llevado. Se da a entender que está en segundo de magisterio. Okay, todo bien. El problema viene cuando empieza a preguntar aspectos que son la base fundamental de la educación, conocimientos impartidos al principio de la formación. Obviamente, esto está hecho para asegurar que los lectores que no tengan conocimientos muy avanzados de educación puedan adquirirlos o, en su caso, repasarlos si no los tienen muy claros. Hasta aquí lo puedo entender. Lo que me ha chirriado es que esto sea así con todo. ¿Cómo ha podido aprobar el curso? ¿Cómo es capaz de tener ciertas estrategias en el aula, explicitando que usa conocimientos que previamente no tenía porque no se los había preguntado a Casilda? Esto nos devuelve al problema de la poca coherencia del libro, pues se dan por supuestas cosas que luego se explican. El público objetivo baila constantemente. Si hablamos de maestros con experiencia, supone una lectura algo pesada, por ser un repaso de lo que ya se sabe (aunque, lógicamente, conseguir perspectivas nuevas siempre ayuda a afianzar); mientras que, en el caso de personas ajenas a este campo o con muy pocos conocimientos, sea una lectura demasiado densa que requiere de demasiada concentración, generando así rechazo. Es irónico que precisamente el tema del estrés y la activación para conseguir que el alumno sienta placer con el trabajo sea uno de los aspectos que se tratan en el libro, cuando precisamente no se cumple.
- El resto de personajes son, en esencia, una caricatura. José, el compañero de piso de Matías, que también estudia magisterio, es la encarnación del maestro "3.0", el innovador sin sentido crítico. Pepe, el niño que no tiene culpa de vivir en un entorno en el que lo digital se toma como la panacea, y así con todos. Me habría gustado que las conversaciones que hay entre estos personajes secundarios, en contextos muy diversos (es algo que me ha gustado), fueran algo más profundas.
- La autora derrocha una superioridad moral importante. Cuando ya se ha dado toda la información que se quiere dar, Matías dice que será imposible tener una conversación profunda y significativa sobre educación con otros, pues los demás no sabrán tanto. Hay mil y una formas de enfocar este problema, pero se ha elegido una de las peores. Completamente de acuerdo en que el conocimiento es esencial, pero tampoco se puede menospreciar la voz (que no opinión) ajena por tener una falta de información. Es parte de nuestro trabajo como docentes el saber transmitir los asuntos más técnicos de nuestra labor a personas, más allá del alumnado, que no tengan familiaridad con los conceptos educativos.
- El libro habla, de forma muy acertada, en mi opinión, de juzgar a las ideas, no las personas. Sin embargo, es de lo primero que peca al caricaturizar a José o a Ana, siendo ella una maestra de Infantil en activo, para desprestigiar sus formas de trabajar porque ay, villana ella, que usa metodologías que se contradicen en su fuente, igual que otros maestros del claustro del centro en el que está de prácticas Matías. Aunque soy el primero que defiende que los docentes debemos tener una actitud de constante revisión y expansión de nuestros conocimientos, pues los tiempos cambian más rápido de lo que creemos, tampoco hay que echarles la cruz a todos los que no cumplen esto. Todos tenemos concepciones erróneas, y no pasa nada.
En definitiva, no me arrepiento de haber llegado a este libro, pues me ha servido para reflexionar sobre algunos aspectos, esté o no de acuerdo con ellos, pero creo que hay un error de base considerable en cómo está contado todo. Las formas son muy importantes, y creo que Catherine le ha dado demasiado peso a los conocimientos, llegando incluso a menospreciar a muchas personas que no son eruditas de la educación.