Cuando salen puros libros llenos de pretensiones e historias forzadas, escrituras rodeadas de cliché y envueltas en lugares comunes a la contingencia. Un libro como “El Hombre de Cartel” da vuelta el ojo y con pura simpleza y construcción de mundo a base de lenguaje revierte todos esos mecanismos. Acá hay una novela única, que tiene más de una interpretación y sobretodo: formas de convertir y tratar el lenguaje.
Según yo hay harto escritor-lector-crítico buscando una novela que los interpele, los haga entender un mundo costumbrista y alguna forma corta o larga de público . Al final las lecturas y los libros están dirigidos a públicos específicos y ojalá sean hartos. Porque las novelas parecen más “novedad editorial” que un texto trabajado y construido a base de escritura, lenguaje, estructura forma, que se yo. Bueno, eso es otro tema. Mi idea es que El Hombre del Cartel se corre a un lado de eso y Ferrada construye quizás una novela sin pretensiones aparentes, pero al no tenerlas, tiene interpretaciones:
Un niño habla de un tal Ramón. Ramón sube a vivir a un Cartel de Coca-Cola que ilumina una fachada continua. Ese niño vive en viviendas sociales. Ese niño tiene una madre que rompe platos. Ese niño es criado por dos mujeres que lo mantienen al tanto de sus problemas, porque las escucha. Ese niño construye un mundo, una forma de mirar y sobretodo de intervenir el lenguaje. Porque los niños antes de conceptualizar, ellos metaforizan y el niño de la novela lo hace. Puedo dar más detalles. Hay fogatas, hay guardias, robos hormigas, matones, los mismos matones de siempre que ya no son la policía, sino la misma gente. En fin. La historia tiene muchas interpretaciones, porque no hay preocupación de que contar. Sino que Ferrada se preocupa de cómo contarlo. Y sabe cómo contarlo.
Leer la obra de Ferrada es obviamente leer su literatura de infancia. Sus poemas en “niños” y en poemas “cuando fuiste nube” todos comparables a esos poemarios que se publican en grandes cantidades -para adultos- sobre árboles, plantas, pájaros y más en chile. Y esa manera de estar creando metáforas se relaciona no al histórico panorama paternalismo y adultocentrismo que habita la literatura infantil. Da dos o tres pasos más. Porque el pueblo que habita la voz del niño no responde a los “chigua”, ni a la sopa de papas que sale en cada película(cine-cuico supongo) que habla de viviendas despellejadas y rotas en algún pueblito desértico. Al contrario, acá no se viene a llorar la provincia, acá se viene a mostrar y de una forma dura y poderosa: sin nombrarla incluso. No es reivindicativo. Por eso, es mucho más reivindicativo que los que endiosan su “descentralismo escritural”.
En la novela hay hábitos. El niño rompe con esos hábitos cuando narra. Porque los expresa y los convierte en interpretación. No descritos. Incluso los detalles son pocos. Porque la simpleza en Hombre Cartel radica en la forma. Por ejemplo, cuando el niño habla del colegio, podría ser una pieza más de la cientos de formas de hablar del colegio. Pero el niño en su voz narrativa la vuelve única, es la narración dando lugares a lo que no tenía lugar. A pesar de entender el colegio como miles que fuimos niños lo entendimos: un lugar aburrido para ir a calentar el asiento. Es decir, la voz convierte los lugares en otros lugares.
El abandono en la novela arranca cada giro argumentativo, sujetos echados a su gracia, que se mueven en la desgracia, que se corren a otra desgracia y ahí están, mirando el cartel de Coca Cola iluminado.
Ese cartel será una imagen del capitalismo tardío. Esa corrida de viviendas sociales odiando al hombre que vive en el cartel, odiando a los Sin Casa que, es acaso otra mirada de los chaqueta amarillas que soltó la revuelta social. Esos fascismos repentinos que parecen ahogarnos en un país que en todas sus estructuras es violentado para ver al otro como un enemigo. Esas estructuras que crean los adultos y los niños las sufren. Esos niños que aún así tienen el valor de interpretar el mundo y convertirlo en una corrida de juegos en la escalera meada en cualquier edificio periférico. Bueno, estas ideas al hilo no tienen que ver quizás con el libro. Pero justamente es la potencia del libro. Es completamente interpretable, porque dice muchas cosas, cuando todos están diciendo las mismas.