4/5 Estrellas
Leovigildo, Hermenegildo, Recaredo, Goswinta, Atanagildo, Agila, Liuva, San Millán, San Isidoro, San Leandro.....resonantes nombres godos e hispanorromanos, cuyos ecos han llegado hasta nosotros a través de la Historia, y que nosotros, herederos del solar hispánico en que ellos vivieron, debemos conocer y valorar como se merecen.
A finales del siglo VI, los godos de la rama "visi", llevan casi dos siglos acantonados el las antiguas provincias hispánicas del viejo Imperio Romano de Occidente. Pero siguen siendo una especie de parásitos, una élite militar que no se ha mezclado con el sustrato poblacional hispanorromano, que los supera 50 a 1, con los que no comparte ni la religión, ni la legislación y que, por tanto, no han sido capaces de construir una estructura política y social digna de tal nombre.
A finales del siglo VI, los visigodos no controlan grandes extensiones de Hispania: Los suevos siguen teniendo su reino en la Gallaecia, los cántabros, astures y vascones son independientes, grandes extensiones de la Bética son independientes o están bajo el dominio de Bizancio, que estuvo en un tris de recuperar Hispania, aprovechando las disputas internas y guerras civiles que continuamente dividían a los visigodos, como hizo con el reino Ostrogodo en Italia y con los Vándalos en África........no parece que esto tenga mucho futuro ¿No?
Esta es la historia de cómo se gestó un reino, de cómo la figura de un hombre fuerte e implacable, Leovigildo, fue capaz de construir algo nuevo en la vieja Hispania, donde hispanorromanos y godos fueran iguales, donde todos los territorios estuvieran unificados, con una sola religión....upps no, esto lo hizo Recaredo, hijo y heredero de Leovigildo, quien con su conversión al catolicismo niceno, consiguió la ansiado unificación religiosa.
¿Y cómo se consigue esto? sangre, sudor y lágrimas. Traiciones, guerras civiles (Hermenegildo se rebeló contra su padre Leovigildo), y batallas, batallas.....y más batallas.....y aquí es donde se me ha atragantado un poco el libro....demasiadas batallas, demasiada sangre, demasiada violencia, demasiados muertos....demasiados personajes casi inmortales, como el ficticio Valtario, señor de la guerra, que hace de mano derecha de Leovigildo y que pierdes la cuenta de cuántas veces está a punto de morir y se salva no se sabe cómo.....buen personaje, pero excesivo.
Resumiendo, la parte histórica genial, la caracterización de los personajes, tanto reales como ficticios, bien, la recreación de los episodios bélicos excesiva, falta estrategia (conquistar Córduba con dos troncos de álamo tiene traca) y sobra violencia, al final los lances se hacen casi repetitivos.....otro libro en el que veo mucha influencia de Bernard Cornwell y su genial Uhtred.
Muy buen libro de histórica, con sus pequeños peros, pero que es fiel a los hechos conocidos, que tiene intensidad, demasiada incluso, e incluso tiene pequeños toques de fantasía y de magia.
Este hombre sabe de lo que habla, ha sido militar y tras un grave accidente, ha dedicado gran parte de su vida a estudiar el periodo visigodo....y se nota. Recomendable.