Poesía atemporal. Nos lleva al corazón de la selva pero también al corazón del poeta. Más allá de la filosofía detrás de los poemas y escritos de M. Payeras, su obra refleja la nostalgia propia de la lucha, mediante el renunciamiento, incluso, de la identidad propia. Su poesía y su obra en general, dan esperanza de una Guatemala mejor, pero dejan ver que el costo, es alto.
La poesía de Payeras está cargada de lirismo y de imágenes de la selva que lo rodeaba mientras cruzaba parajes y montañas de Guatemala como revolucionario del Ejército Guerrillero de los Pobres. Hallaba significado en la naturaleza y se maravillaba de sus milagros. A Payeras le corría el amor por las venas: por su patria, por los desprotegidos, por las aves, por las ballenas, por el cosmos, y por Yolanda, su pareja, a quien le dedicó muchas palabras tiernas.
Subrayé muchas frases que tocaron mi sensibilidad a lo largo de las páginas, pero hubo dos poemas que me encantaron y que contienen, para mí, la esencia de Payeras:
EL HOMBRE LE DICE BARRILETE A SU AMOR "No te quiero nada más por tu semblante de barrilete volado en primavera; ni por tu condición de muchacha con el alma bulliciosa de pájaros; ni porque tengas el tiempo lleno de mariposas. Yo te quiero más bien por viejas razones de hombre: porque era a ti a la que sin saberlo había querido hallar siempre en las gaviotas; porque era tu alegría la que durante la niñez buscaba los domingos en los circos llovidos, y porque cualquiera sabe que es triste inmensamente existir sin amor".
TIEMPO DE LA TORTUGA He llegado a la edad en que los orangutanes se cansan de vivir mientras las tortugas francas apenas se preparan para su viaje entre siglos. Aún no he vivido el tiempo que los lentos cometas tardan en recorrer su riel del universo ni el que emplea el amate para romper el techo de la selva y acercarse al relámpago. En este lapso único he visto a las migraciones recorrer los caminos de que está construido el mundo y me he apropiado así de los pájaros y de los caminos. Y gracias a la mujer con cuyo corazón el mío juega al tambor en el eco de su sangre amanezco con la voz llena de mariposas y retengo en la memoria el silencio de la rosa. Mi proeza más grata ha sido besar la boca de las muchachas en flor y mi verdadero oficio es defender con la vida la puerta que resguarda la libertad de la especie. Escucho el canto del mar, sigo con el pensamiento el majestuoso despliegue de las Osas polares pero mi perplejidad dura ya medio siglo y duraría siempre si por siempre viviera."