JOAN MARGARIT (Sanaüja, Lleida, 1938) ha merecido numerosos premios, entre ellos el Premio Nacional de la Crítica (1984, 2008), el Premio Nacional de Poesía (2008), el Premio Poetas del Mundo Latino (México, 2013), el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda (Chile, 2017), el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2019) y el Premio Miguel de Cervantes (2019). Desde la juventud ha sido para mí una práctica habitual componer mis propias antologías de poetas que admiraba. Cuando aún no había las facilidades mecánicas de hoy con los ordenadores, lo hacía con fotocopias. Todavía ocupan, bien encuadernadas, un lugar relevante en mi biblioteca y continúo leyéndolas. Ahora me he propuesto añadir hecha por mí mismo la Antología más difícil, la de mi propia obra. El trabajo del poeta, está trabado de forma invisible con la vida de sus lectores. Llegado un momento, es a ellos y a ellas a quien tengo que ceder la responsabilidad cuando deseen asumirla de seguir sus particulares caminos dentro de unos poemas que son ya tan suyos como míos. (Del Epílogo)
Joan Margarit nos regaló, cuando tenía 82 años y ya no pensaba en hacer más añadidos a su obra poética, esta antología personal en catalán y castellano. Recorriendo todos sus libros y entregándonos los poemas con los que se sentía más satisfecho —recuérdese que él solía expurgar las nuevas ediciones de sus libros de cualesquiera versos o poesías que (ya) no le gustaran—, en este libro encontraremos algunos de los versos más entrañables, humanos, cálidos y vivificantes de este autor que murió (apenas) en febrero de 2021.
“La libertad es una librería” Joan Margarit (1938-2021)
Conocí a Margarit a raíz de su fallecimiento el pasado mes de febrero. Por algún motivo, nunca había leído ningún poema suyo ni nadie me lo había recomendado. Y todavía no sé cómo estuve tanto tiempo sin descubrir a semejante autor.
“Sin el dolor no habríamos amado” es una antología que recoge algunos de los poemas más dolorosos de la obra del poeta catalán.
Son versos de dolor, de recuerdo, de pena, de tristeza... Margarit no deja ningún tema de lado, y habla con crudeza de la pérdida de su hija, de la pérdida de libertad, del amor a su lengua a su lugar de origen...
Cada palabra, cada verso, están impregnados del alma del autor. De una sensibilidad extremadamente bella, consigue ponerte los pelos de punta y encogerte el corazón en la gran mayoría de sus poemas.
Si todavía no le conocéis, por favor, haceros un favor, coged un libro de Joan Margarit y sumergiros en sus versos. No os arrepentiréis.
Después de leer a Joan Margarit es imposible no recrear un pasado, una ciudad salitre, un bar en el que se consume la música al ritmo de un cigarro, la lluvia que cae sobre París, dos extraños que se aman por una noche y desparecen a la mañana siguiente con el primer tren del alba.
Leer a Margarit inevitablemente te expone a revelarte ante tus propios sentimientos con las palabras y la memoria de un desconocido, una voz que madura con la experiencia, los años y esos episodios que arrasan con la vida y nos acercan a la muerte. Sin embargo, al leer su poesía lo único que sientes que sobrevive es el deseo de vivir, la pasión que se vierte en cada instante irrepetible y que nos conecta a un todo mucho más grande.
Llevaba años leyendo su nombre en las estanterías de las librerías, pero como mucha gente, hasta que no leí la noticia de su muerte no me puse con su poesía. Una pena, porque después de leer esta antología que él mismo preparó, escribiendo todos los poemas en catalán y castellano, y después de escucharle recitar, es una lástima que nadie más vuelva a escribir versos cargados de cotidianidad y universalidad con su misma sencillez y capacidad para superar las barreras del idioma.
Si pogués, absorbiria les paraules de Margarit. He connectat profundament amb la seva veu, reflexiva i serena, capaç de dir el que fa mal sense fer soroll. Té aquesta habilitat d’il·luminar el dolor amb una calma que no és resignació, sinó comprensió. M’impressiona com converteix la vulnerabilitat en una forma de claredat, i com troba bellesa en allò que normalment voldríem evitar mirar.
Algunos poemas, especialmente aquellos escritos tras la muerte de Joana, la hija del autor, saben a desayunar una paliza digna de hospitalización. Sin el dolor no sé si habríamos amado, pero indudablemente sin él no existiría esta mimadísima antología.
"Mi maduración intelectual tuvo como hilo conductor la profundización en una dirección que trataba de ver las cosas como son, mudas y solas, sintiendo su dureza existencial. [...] Ningún gran poema puede hablar más que del Ser, siempre han hablado de lo que son las cosas."