No había tenido tiempo de decir nada pero, por dios que cada vez me enamoro más de Jorge Eduardo Eielson por su capacidad de hacer tan presentes, tan vivos los lugares, porque con él uno descubre otra vez el mundo y porque es dulce y triste y está lleno de referencias hermosas.
Poeta en Roma es un poemario que, hasta hace poco, había dejado enterrado en una de mis seis cajas de libros. Quedó como memoria de los momentos que pasé en Berlín con el amigo que me lo recomendó. Hace poco decidí retomarlo. Los poemas de Eielson recolectados en este tomo son poemas llenos de ternura, tristeza, amor e, importantemente, humildad. Algunos parecen ser encarnaciones de pensamientos y emociones míos y otros no logro entender. Estos últimos quizás superen mi comprensión por falta de reflexión mía (recién termino de leer esto) o quizás porque sean parte de estos grandes intentos que Eielson luego describió como “un acto de soberbia” (237) suyo. De todos modos, creo que todos tenemos algo que aprender de su obra. Esta admisión de soberbia lo atribuyó a su afinidad por el pensamiento oriental —con énfasis en el budismo zen y el taoísmo— y la humildad que de ellos aprendió. Me ha inspirado a aprender de estas tradiciones intelectuales que, por lo que veo, tienen mucho en común con las que informaron mi crianza, al menos las iteraciones originales de éstas y no las bastardeadas versiones modernas.
Algunos de mis poemas favoritos de esta colección: - "Poema para leer de pie en el autobús entre la puerta Flaminia y el Tritone" (37) - "Via Veneto" (51) - "Albergo del Sole I" (67) - [escribo algo...] (104) - "Cuerpo melancólico" (110) - [Mirad el silencio de los pájaros...] (150)
Esta antología es un gran recorrido por la variedad de periodos que abarca de la poesía de Eielson y también para dar cuenta de la afinidad que une su obra en términos temáticos: la carne, la ausencia, la creación poética y el amor. Si bien en una reseña esto no dice mucho, en la poesía de Eielson se encuentran pocas palabras (una sobriedad léxica impecable) para explotarlas con suma inteligencia. Y eso es algo que me queda para aprender a escribir poesía. Definitivamente, Eielson es un grande.
En el año de la cuarentena mundial, los poemas de Eielson recuerdan cómo nuestro cuerpo reacciona ante la soledad, el vacío, la duda y el choque con los espacios. A través de juegos con la métrica t los encabalgamientos va construyendo sorpresas que ayudan a comprender lo que vive el hablante lírico. Sencillo de leer, pero no por ello menos profundo.
...yo no tengo nada nada que ofreceros nada bueno sin duda ni nada malo tampoco nada entre los brazos nada en los bolsillos ni en el pensamiento sino mi corazón sonando alto alto entre las nubes como un cañonazo...