Desde Chiloé, durante casi cuatro décadas y a través de ya diez libros, Rosabetty Muñoz ha construido una muy personal obra poética donde la naturaleza es el ámbito principal en el que otra naturaleza, la humana, se despliega con todos sus matices. Especial elocuencia tiene aquí la expresión del carácter femenino y la indagación en las realidades rurales, así como en el origen y sentido de la vida, su plenitud y desgaste, su podredumbre y fin.
Misión Circular recoge lo mejor de esa obra, incluidos un libro inédito #Veteranos# y un bellísimo poema que la autora escribió a los dieciocho años y que abre esta antología a modo de arte poética. La totalidad, expuesta no cronológicamente sino en un doble movimiento del pasado al presente, permite apreciar la constancia de una voz que se caracteriza desde el principio por una llaneza intensa, un arte sugerente y perspicaz, de formas breves y desprovisto de todo ornamento.
Creció en su ciudad natal, Ancud, y dio los primeros pasos como poetisa en el grupo Chaicura, dirigido por el poeta Mario Contreras Vega. Es titulada de profesora de castellano de la Universidad Austral de Chile.
Publicó su primer poemario, Canto de una oveja del rebaño, en 1981 siendo estudiante universitaria en Valdivia. También en esa ciudad escribirá la mayor parte de su segundo libro, En lugar de morir, que saldrá en 1987. El tercer poemario Hijos (1991) lo redactó, según cuenta, «tras un negro periodo [...], en el que creí haber secado el pozo de mi poesía».
De acuerdo a la descripción que hace Iván Carrasco del discurso etnocultural en la poesía chilena, entre cuyos autores se encuentra Rosabetty Muñoz, en su producción poética se aprecia de manera sostenida la presencia del sincretismo entre el catolicismo y las creencias indígenas, observándose un alto contenido intercultural e interétnico (poesía etnocultural). Además, mientras algunos autores la catalogan dentro de un grupo de escritores adscritos a la poesía del Sur de Chile, Carrasco —refiriéndose a Hijos (1991) y Baile de señoritas (1994)— enmarca su trabajo dentro de la poesía moderna de Chiloé, cuyos representantes utilizan «un léxico intercultural español-chilliche-chonon y un alto grado de conciencia de las operaciones poéticas».
Sobre su poesía —«que se caracteriza por reflejar el sur de Chile, tratar temáticas de género y las relaciones humanas y hacer de la poesía 'un espacio de resistencia'»—, Sergio Mansilla Torres ha dicho: «En sus versos, y siguiendo ella de cerca a Vallejo, expresa la vastedad y profundidad del dolor humano, pero vivido y visto desde la condición ontológica de mujer constituida en el espacio cultural del Chiloé anterior o paralelo a la modernidad capitalista» y «Su lenguaje, en apariencia simple, casi minimalista, es en realidad muy complejo por la dimensión metafísica que contiene, lo que hace de su poesía una especie de oración o cántico que mueve siempre al recogimiento».
Rosabetty Muñoz ha recibido diversos reconocimientos, entre los que se encuentran el Premio Pablo Neruda 2000 por el conjunto de su trabajo y el Premio Consejo Nacional del Libro de Chile por Sombras en El Rosselot (2002) como mejor obra inédita.13 Además, fue nominada en la categoría artes literarias mención poesía del Premio Altazor de las Artes Nacionales 2009 por En Nombre de Ninguna (2008), referida como un «notable aporte a la literatura mundial (...) [y] una entrada poética profunda e hiriente en uno de los tantos costados desgarrados del cuerpo de Chile», mientras que en la versión 2012, se alzó con el galardón por Polvo de huesos (2012).
Está casada con el profesor y director del liceo Polivalente de Quemchi, Juan Galleguillos, con el que tiene una hija y dos varones.
Me hizo botar lagrimas. Leerlo lejos de casa quizás tuvo ese efecto también. Leerlo en la casita será otra experiencia. Me da hasta pena leerla recién ahora, debí hacerlo antes!!
Dejé en pausa este librito y lo retomé durante septiembre. Me demoré una eternidad, pero me gustó mucho la escritura hermosa de Rosabetty y la versatilidad en los temas que aborda su poesía. Siento que en el libro se trabaja mucho la identidad y el sentido de pertenencia a una cultura, varias veces pude sentir el calorcito y la suavidad del tiempo en la contemplación a través de una ventana de una cocina chilota pero también lo frágil del aislamiento de los territorios y su abandono. Vi muy presente en este sentido el rescate del patrimonio cultural y natural del lugar donde se crió Rosabetty.
Me atravesaron mucho sin duda, sus poemas acerca de la maternidad, su tristeza, su rabia, el paso del tiempo, la resiliencia de las quebradas y la resistencia del paisaje insular.
Lo que puedo ver es que finalmente la poesía es el lenguaje natural en la vida de Rosabetty y que ha desarrollado una escritura aguda y hermosa. Toda mi admiración para esta poeta chilena, una voz femenina que además obtuvo el Premio Iberoameticano de Poesía Pablo Neruda 2024. . Algunos poemitas por acá:
Hay un país remoto en el fondo de todos los días. Siempre es el mismo (aunque sabemos que ya no existe).
Estrecho callejón sobrevolado por tordos árboles y árboles poblados de plumaje oscuro tal vez también un río, más bien pozones, antes de la sequía total.
Erosión del significado. Este cuerpo no sabía que dejaba atrás el mundo propio.
*** Como un cuchillo rasgando lado a lado el paisaje, la luz del día ilumina un colchón manchado de orines. Bolsas de basura esparcen su contenido aquí y allá. Las olas golpean contra la Piedra del Run, violentas. Son las mismas desde los inicios de los tiempos.
A pesar de todo, las flores silvestres mantienen vivos sus colores y se aferran a las laderas esparciendo el crudo aroma de su carne.
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La luz del sol atraviesa las copas de los manzanos y se fija en una alformbra de frutas caídas. Fragancia de la madurez, de proceso terminado.
Todo lo que faltó a nuestros sueños.
Hay silencios espesos (uno sabe que están llenos de palabras como lo que ha hervido horas y horas a fuego lento).
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Sueño cada noche con una madre que atraviesa continentes cargada de olores marinos pero sobre todo murmullos canciones cuentos. Ah la lengua de la madre.
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A veces, todavía, la hermosura nos hace enmudecer.
Hay calles amables bajando con dulzura hacia el mar. Dos chicas se trenzan el pelo en los escalones de una casa con cortinas de crochet. Un hombre cruza de una vereda a otra sin mirar, seguro. Señoras con la compra conversan en una esquina.
Un sol delicado alumbra el tránsito de los que vamos sin apuro a ninguna parte.
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PAISAJE
En horas de la noche el vientre y la tetera son el único paisaje disponible. Cruzo las manos y cabeceo sobre el rescoldo. Apreciado instante en que los otros aflojan el cerco en torno a mí. Los amores que me rondan pierden substancia. Con hebras de colores voy bordando el lienzo de la espera. Aparecen imágenes, caballos pintos esquinas lluviosas, niños voladores y tu hermosa cabeza siempre inconclusa.
*** A veces somos el mismo globo roto en mitad del universo. Un volantín sin hilos y sin niño.
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Los años se encienden y se van sobre nuestras cabezas. Flotan en el aire las palabras para decir al borde de la última mirada a la ciudad: Allá abajo está mi padre y los días en que odiaba.
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Te hubiese amado ojitos de alerce. Cada instante una recogida de estrellas para jugar a las bolitas. A pesar de los ríos desbordados y de nuestros pobrísimos hermanos. Te habría enseñado a amarlos a poner tablones entre los supermercados abrirles las puertas para que bajen en rodadas latas de conservas, pollos, leche. Y tú sosteniendo las puertas. Ay! si hubieras estado, yo no escucharía la radio acostada con los ojos cerrados. Te estaría buscando en las listas de desaparecidos.
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DOÑA SEBASTIANA I
Bajo el puente Pudeto, en lo más profundamente azul, hay un cúmulo de penas suemrgidas. En las tardes varias mujeres hunden sus canastos y el agua se escurre en el entramado. Siempre temo que alguna aprisione y recupere las miserias que me ha costado tanto amarrar a una piedra y tirar desde la costa.
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CAGUACH
Esperaba que los demonios dejaran de horadar mi corazón. Las polillas consumen lo que me queda de abrigo. Trato de proteger a los niños de mis ojos. Trato de ver los destellos luminosos.
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ACUI
Darle un mapa del archipiélago señalarle los bajos, las corrientes las marcas de antiguos naufragios. Toma el mando y ándate por las orillas -decirle- y luego, amárrate al timón y no me escuches.
*** CHELÍN
Es una dulzura lamer a este cuando caen sus ojos sobre los objetos como haces de luz. Tiembla el polvo un segundo antes de estar bajo el poder de su mirada.
*** (LA FUERZA DEL VIENTO)
Tantas veces la fuerza del viento ráfaga iracunda y el agua desclavaron rompieron.
(cuando todo es oscuro apenas se respira contraídas las carnes)
Esperábamos al clarear un pueblo otro.
Pero las calles humeando iguales bajo un sol descolorido. Los mismos ojos lanzados como piedras. Idénticas gallinas picoteando sobras y niños jugando en las acequias.
***
(TAL VEZ OTRAS CIUDADES)
La gracia ha de caer en las llamaradas sobre las ruinas sobre cada árbol, cerro, hendedura. Un santo oficio sobre la naturaleza.
Y tal vez mi cuerpo con sus grietas y copas se levantará otra vez. Armaríamos entonces otras ciudades: estas tan frágiles hicimos.
*** AFUERA, UN ÁRBOL
Este pueblo se concentra en el pozo desesperado de los ojos.
Aletazos de pájaro contra la ventana.
Aroma del presente: siento, sin ver ni oír la caída del alerce en dos ardientes lonjas.
*** VIGILIA
Obligada a la vigilia muestro los dientes a la satisfacción. En vilo sacar a uñadas la capa del perdón. En la punta del agrado rememorar acres residuos quebrar el gusto arder.
«Cuando cayó su muñeca al pozo séptico, a ella misma le cubrieron la nariz con un pañuelo impregnado de colonia y la bajaron amarrada de la cintura, para rastrear entre la mierda de los suyos. Después tuvo que refregar el amasijo de plástico y sacarle brillo a los ojos de vidrio. Y después lavar la ropa, lavar la ropa toda, toda la ropa. Y todavía más tarde, escarbar con una astilla debajo de las uñas, donde el olor se concentró para siempre».
Hijos es sin duda uno de los mejores poemarios que se han escrito en Chile.
Un poema de allí:
CHACAO
Se acerca una ciudad navegando con las ventanas abiertas. Estoy lavando pañales en bordemar. Me sacudo las algas para mirar sus afanes, son cientos, hijos buscando una madre que cuelgue el sol del que será su puerto para siempre.
Poesía como pan en la mesa. En una sesión del club de lectura de esta antología una compañera acotó respecto a los poemas que leímos, y estoy de acuerdo. Una poesía muy resiliente, oscura, enraizada y territorial. Disfruté mucho la lectura.
Es preciosa la escritura de Rosabetty. Hay algo descarnado en la brevedad de sus formas. A ratos los poemas parecen pequeñas cuchilladas, rápidas, que entran y salen por la carne. No necesita tantas palabras para hacer ese daño, para traspasarlo. Creo que es mi poeta favorita.