Este fue mi libro favorito de octubre. Es un libro que muchas veces vi en recomendaciones y fue bastante difícil conseguirlo, pero valió la pena la ardua búsqueda.
Si bien tiene un contexto muy religioso, creo que es muy posible aprender a leerlo desde lo espiritual, dejando de lado las creencias. Y, por otro lado, a lo largo del libro me molesté porque pensé que era bastante excluyente con las relaciones homosexuales, sin embargo, al final pude concluir que, si se lee bien, aplica para todos.
En ocasiones creería uno que se torna machista, pero, al analizar bien el contexto, se logra entender que no es más que la explicación de la naturaleza del comportamiento humano. Soy de las que cree que las mujeres podemos hacer lo mismo que los hombres (y en tacones), pero es un hecho que nuestra naturalidad es diferente y eso está bien, no somos mejores o peores entre nosotros.
Sin duda alguna, este debería ser un libro obligatorio en la vida de todas las mujeres, no porque todas debamos encontrar a alguien para pasar el resto de nuestros días, sino porque debemos aprender a quién dejar entrar y, con mayor razón, en qué momento y a quién eliminar de nuestra vida.
Ojalá yo hubiese tenido acceso a esta joya en la adolescencia. Muchos dolores de cabeza y sufrimientos me hubiera evitado y, sobre todo, jamás me hubiera perdido a mí misma por alguien más.
No obstante, nunca es tarde para aprender y, por cosas que solo la vida entiende, llegó a mis manos en el mejor momento para aplicarlo.
Entonces a todas las que lleguen hasta esta parte de la reseña, de corazón, les recomiendo leerlo.
Prometo algún día hacer una nueva reseña donde no dé mi opinión, sino las enseñanzas que me deja esta hermosura para que todas aprendamos juntas.