Al que no le gusten los gatos dudo que le guste este libro. Es una profecía autocumplida, nuestra relación con los animales de garras retráctiles. Todo amante de los gatos conferirá a este libro una cualidad cuasi-mesiánica por la verdad que contiene. Lo cierto es que la calidad literaria no es su punto fuerte, ni creo que fuera la intención. Es, no obstante, ilustrador, si bien peca de ser un tanto francoparcial. Hay comentarios de Baudelaire, Verlaine, Balzac, Colette, etc. Pero ni uno sobre las Eddas nórdicas que justifican la ausencia de ruido en los pasos de los mininos, o el célebre Pángur Ban irlandés, el poema gatuno más antiguo de occidente.
A pesar de todo ello, es cierto que es una lectura rápida y gustosa.