Llevo ya desde junio de este año leyendo El concepto de ficción de Saer. Y un día, mientras acomodaba libros, me topé con este breve y delgado volumen de Crítica y ficción, de Barthes. Libro enorme como pocos.
Era un momento en que Barthes defendía la crítica literaria que hicieron él y los suyos ante la crítica más bien moderada y conservadora de sus contemporáneos, mientras lo leía no podía evitar sonreír en tono de burla por preguntarme quién demonios fue Raymond Picard contra quién con tan buen ahínco se defendió Barthes y nos legó este increíble documento. Al parecer fue un “eminente profesor de La Sorbona”, y no dudo que su trabajo haya sido “bueno”, pero, el tiempo parece que le dio la razón a Barthes.
Es un libro de 1966, y por supuesto que ha pasado el tiempo sobre él, sin embargo, creo que el gran mérito de Barthes, fue haber puesto freno a lo que se llegó a comprender cómo alcances o función de la crítica literaria, y como esta debía ser subversiva sin juzgar, “hablar del lenguaje, en vez de servirse de él” (14).
También nos da una bella descripción de lo que puede (es o debería) ser un escritor, para quien “el lenguaje crea un problema, que siente su profundidad, no su instrumentalidad o su belleza” (48), y plantea que “el libro es un mundo” en el cual “el crítico experimenta las mismas condiciones de habla que el escritor ante el mundo”, y que por ello, la crítica literaria es otra forma de escritura, casi un género propio.
Ahora lo sabemos. Ahora lo vivimos más o menos así, gracias a reflexiones como estas de Barthes, sí, el crítico se basa de otro texto para crear el suyo propio, y por ende, termina siendo otra creación literaria. Fascinante.
Establece distancias entre verosimilitud y realidad, entre objetividad y subjetividad, nos lleva de paseo brevemente por algo tan discutido como el gusto, la claridad, la invención romántica que es la “ciencia de la literatura”, y finalmente, nos deja más con respuestas que con preguntas, con luz sobre rincones oscurecidos por la discusión absurda de lo literario.
Lectura obligada para cualquiera que disfrute leer, ya sea por obligación o preferencia, lectura obligada para atisbar más de una página de lucidez en ese mar de incertidumbre que son las opiniones plurales sin fundamento de nuestra época en donde todos se sienten críticos de todos, en donde la democracia de las opiniones están a solo un tuit insulso de distancia.
Continuaré con mi lectura de los ensayos de Saer, pero ahora acompañado con la linterna de bolsillo que significó leer este librote de Barthes, una lectura que me permitió desde las primeras páginas, sentir que comprendo mejor lo que leo en el libro de ensayos del santafesino.