Bajo la catedral se esconde un mundo puedes bajar a él pero nadie te garantiza que regreses Cuenta la leyenda que el poeta árabe Abdul Alrazed ―que declaró haber visitado la mítica Ciudad de los Pilares del desierto― compuso en el siglo VIII en Damasco un libro prohibido, el Necronomicón. Para unos, era un tratado de magia negra, para otros, una obra de brujería cósmica llena de conjuros, encantamientos y exorcismos. Otra versión afirma que sus páginas se recreaban en las antiguas razas que dominaron el planeta y que esperaban su regreso para destruir y esclavizar a los humanos. Los más atrevidos aseguran que se escribió con sangre humana... El periodista Bruno Dampierre, junto con un grupo de amigos, emprenderá la búsqueda del famoso texto a través de los laberintos de Toledo, donde está oculto en las profundidades de una inmensa catedral subterránea sellada hace siglos debido a una extraña maldición.
Lo que nos cuenta. Tomando unas cervezas, Hernán le cuenta a Leonardo la historia de los que bajaron al laberinto subterráneo, en la ciudad de Toledo, en nombre del cardenal Silíceo que quería terminar con las leyendas mágicas de las cuevas bajo la ciudad (o para hacerse con sus riquezas, según otros). Leonardo es miembro del Club Lovecraft, un grupo de aficionados a la literatura, al esoterismo, la fantasía y al propio autor de Providence. Tomislav es un indigente de origen balcánico y experiencia paramilitar con antecedentes psiquiátricos al que una voz le impulsa a hacer daño.
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Basura, horriblemente escrito y con la audacia de colocar en el título el nombre de uno de los padres del terror moderno además de modificar la mitológia de Cthulhu a su beneficio.. parece más bien una aventura de Indiana Jones pero sin Harrison Ford.
Normalmente las historias de este tipo se desarrollan en Estados Unidos o lugares remotos e inexplorados de nuestro globo terráqueo (y fuera de él o en distintas dimensiones y realidades). La verdad es que solo conocía una obra que trasladase estas historias a nuestro país: la duología fílmica La Herencia Valdemar. Dos películas que dejaron MUCHO que desear, pero que lograron dejar un poco del toque Lovecraft en ellas, Pero descubrí que hacía unos pocos años antes, en 2007, Antonio Lázaro ya lo había hecho en una novela títulada El Club Lovecraft.
La verdad es que cómo me hice con la novela fue toda una experiencia: Hace unos cuantos meses, explorando en una tienda de segunda mano, escudriñando entre estanterías repletas de libros que olían a viejo, descubrí el nombre de Lovecraft en el lomo de uno de ellos. Tras arrancarlo de la compañía de sus amigos impresos, leí el título completo y la sinopsis, además de apreciar la edición, que le confería un aspecto de grimorio antiguo y prohibido que casi me "obligó" a hacerme con él. Y por si fuera poco, las páginas ya se habían amarilleado, acrecentando la sensación de que estaba a punto de leer un testimonio real y antiguo sobre horrores cósmicos.
Por desgracia, la sensación Lovecraftniana se quedó en ese descubrimiento. Todo desapareció a medida que lo leía. Pero antes de nada os contaré un poco de qué trata:
El Club Lovecraft es un grupo de lectores, escritores, apasionados y curiosos de H,P. Lovecraft y su obra, encabezados por Leonardo Pacheco. Un día se reencuentra con un viejo amigo que le propone una aventura: encontrar una traducción del mismísimo Necronomicón que se encuentra en Toledo. Junto a un par de jóvenes miembros del Club, se embarcarán en la búsqueda del maléfico tomo, a la vez que un mendigo azuzado por unas misteriosas voces siembra la ciudad de cadáveres siguiendo sus pasos.
¿No está mal la sinopsis, verdad? Tiene toda la pinta de un estupendo thriller sobrenatural. Y es cierto que en un principio y en ocasiones lo parece, pero nada más lejos de la realidad. Al lograr terminar de leer el libro nos damos cuenta de que El Club Lovecraft es un burdo intento de crear una aventura lovecraftniana que acaba cayendo en la parodia y en una montaña de clichés que acaban haciendo muy difícil la lectura.
Si de algo hay que hablar es de los personajes. Aunque descubriréis que en realidad no hay NADA de qué hablar. Y es que, Antonio no es que ni que se moleste en construirlos, es que solo recurre a ellos cuando la trama lo requiere, dándonos la sensación de que no son más que maniquíes sin rostro que son llevados del punto A al punto B por los hilos que maneja el autor. Olvidaos de tratar de encariñaros con un personaje o preocuparos por él (de hecho, unos cuantos la pasan MUY putas y ni produjo en mí la más mínima sensación de preocupación o pena).
De hecho, creo que el mejor personaje que tiene El Club Lovecraft es Toledo... Así es, internos. La ciudad toma bastante protagonismo y parece muy viva gracias a las muchas descripciones que Antonio Lázaro deja plagado en el transcurso de las páginas. Se nota el amor que le profesa a la ciudad (ojalá sintiese el mismo amor por sus personajes y Los Mitos...).
La novela es bastante corta y sus capítulos muy breves. Pero aún así he tardado lo mío en terminar de leerlo. Y sí, es cierto que siempre me tomo mi tiempo a la hora de leer un libro (mi economía es bastante precaria y acabo degustando los libros como si de un plato de un restaurante caro se tratase: lento y disfrutando de cada pedazo), pero aún así he tardado mucho más de lo esperado. Lo cierto es que el estilo narrativo del autor hace la lectura de El Club Lovecraft de lo más pesada (y si pretendía acercarse a la prosa del solitario de Providence, que la siga estudiando).
Pero la palma se la lleva la parte final de la novela. Esa en la que el autor ya no sabe qué hacer para que el lector llegue a la última página. Esa en la que nuestro protagonista ve pasar a casi todo el Panteón Primigenio y la galería de horrores Lovecraftnianos sin ni siquiera pestañear o sufrir efectos secundarios (cuando la simple visión de uno de ellos vuelve loco al más cuerdo). Además de que estos parece que son como los monstruos del tren de la bruja (me recordó al cameo de Cthulhu en la secuela de La Herencia Valdemar, que salió solo para volver a desaparecer a los míseros minutos). También vemos como un veterano dramaturgo le posee el aguerrido espíritu de Kurt Russell en La Cosa y se convierte en el héroe del día para detener el sólito y sin casi despeinarse el intento de despertar al mismísimo durmiente de R'lyeh. Para terminar en un epílogo la mar de anodino, que define a la perfección la lectura de la novela.
Una pena que el autor no supiese aprovechar la historia que tenía entre manos, que podría haber dado para un estupendo thriller sobrenatural que tenía posibilidades de convertirse en todo un best-seller y que, a su vez, podría haber incitado una adaptación cinematográfica que podría habernos hecho olvidar La Herencia Valdemar.
En definitiva, queda claro que no recomiendo nada, pero nada, la lectura de El Club Lovecraft. Sobre todo a verdaderos amantes del escritor y sus Mitos, que incluso podrán tomarla como un insulto.
Una narrativa pretenciosa que hace un intento vano por parecerse a Lovecraft, pero termina por aburrir al lector, excesivas descripciones y un uso exagerado de adjetivos, combinado con una voz pasiva que hace que la historia y la acción de los personajes quede en segundo plano. La trama se ve interrumpida constantemente por líneas a detalle de la arquitectura de Toledo y sus alrededores, mientras que los momentos de tensión son aminorados por escenas que parecen salidas de la nada, la investigación y los descubrimientos dan la impresión de ser una coincidencia, finalmente, el horror abarca los últimos 14 capítulos, haciendo entender que el resto del libro no fue sino una extensa introducción hacia un final que no sorprende ni cautiva. No la recomiendo.
El Club Lovecraft de Toledo es una buena recreación de lo que pudo ser el verdadero club, pero queda corto. La referencia que se tiene del libro lo hace ver como la representación viva de las criaturas creadas por H.P. Lovecraft, un libro que causará pesadillas y mantendrá la expectativa, sin embargo, sólo cumple con lo último.
Para personas que desconocen la mitología lovecraftiana, el relato es suficiente: algo de misterio, suspenso y amor sórdido. Entretiene de a ratos y crea simpatía por los bandos. Abundan descripciones de los diferentes lugares de Toledo, pero creo que retratar con menos sencillez la gente lo hubiera hecho menos superficial.
Sin intentar desmerecer el esfuerzo que hace el autor por incluir a la ciudad de Toledo como un personaje adicional en el relato, para mi no funcionó como me ha sucedido con la Barcelona de Ruíz Zafón. Incluye muchos de los elementos de la escritura Lovecraftiana pero al mismo tiempo no termina de amarrar, recurre a las ayudas providenciales más de lo que me gusta y el final se me figura algo apresurado, los personajes no terminan de desarrollarse y en general me pareció predecible aunque es algo entretenido no fue un libro para mi.
Excesivas descripciones y un intento de uso de adjetivos "a la Lovecraft" sin muy buenos resultados, creo que dedica demasiadas lineas a dar detalles arquitectónicos y pocas a dar coherencia a la historia. Parte casi como una novela de aventuras e investigación, donde casi todos los descubrimientos son casualidad y trata de terminar como una novela de horror sin conseguirlo. Se puede destacar que no es aburrida y tiene una cualidad un poco cinematográfica que te hace ir imaginando las escenas como si fuera una película antigua de televisión. Hizo mas entretenidos mis viajes en el metro, pero no mas que eso.
Primera obra que leo de Lázaro y después de esta quedan ganas de seguir sumergido en su trabajo, si bien se queda un poco corto frente al universo lovecraftiano (aunque no se le culpa). Por lo que vale destacar que es necesario empaparse del escritor de pulp fiction para aceptar, con todas las de la ley, su influencia en esta novela. Aun así, Lázaro es un gran narrador. Brinda una buena trama, descripciones siempre pertinentes y un factor atractivo que resulta de lo raro, fantástico y fuera de lo común que se puede apreciar en esta entrega.
Este fue uno de los primeros libros que me leí en menos de una semana. En aquel momento tenía 14 años y fue entretenido. No es una historia compleja. Recuerdo haber leído otra review que decía que era como ver una película, y estoy de acuerdo, porque aunque no sea del nivel de Tarkovsky o Bregman, se siente como una de Tarantino o Nolan.