Había podido comprobar la maestría de Dumas para narrar historias en la inmensa El conde de Montecristo, novela cuasi infinita que impone respeto por su tamaño y avidez por su contenido. En este caso leí estas Leyendas del cáucaso y la estepa con la confianza de conocer el terreno en el que me adentraba. Y debo decir que no defraudó. Cuando leo a este autor, que si bien gozó de fama en vida, no tuvo un lugar tan alto como otros novelistas del siglo XIX como Tolstoi, Balzac, Jane Austen, por poner un ejemplo. Casi estaría, a juicios de sus contemporáneos emparentado con Melville, con la salvedad de que el norteamericano pudo conseguir en el siglo XX el lugar central en la literatura estadounidense que nunca se le debió negar.
En cambio cuando se habla de Dumas siempre se cae en juicios que se emparentan más con la literatura pasatista, burguesa, ligera. Si es verdad que Dumas busca divertir a su público (y por qué no ganar dinero con la publicación de sus libros), y no desgranar el fondo del alma humana como sí lo hacen las novelas del subsuelo de Dostoievsky o el mismo Melville. Pero en esa búsqueda de diversión narra historias que tocan conciencias, esbozan vicios y logros de personajes que se vuelven personas y parte nuestra. No dejo de asombrarme lo hermoso que resulta leer historias bien narradas (ante todo, algo bastante difícil en la mayorías de los contemporáneos, demasiado influenciados con las crisis en la que dejó el Stream of conciousness a la novela contemporánea) y que además gozan de un contenido sólido (a diferencia, de nuevo, de las infinitas pajas mentales de los autores que no pueden salir de su propio ombligo). Deberemos reubicar a Dumas dentro de un cánon más justo de autores. O reencauzar lo que se considera "literatura juvenil", quitándole el peso peyorativo para emparentarlo con literatura de aprendizaje, crecimiento o enriquecimiento del alma.
¿Y qué hay en este libro que me maravilló tanto? Solamente el simple goce de narrar tres historias que se ubican en los márgenes occidentales del Imperio Ruso de los zares. La primera historia cuenta la historia fantástica de un juramento de los señores de un castillo para con sus vasallos que trasciende las generaciones, y que se emparenta en parte con las narraciones de fantasmas victorianas. La segunda historia se ubica en los márgenes del Mar Negro frente a una devastadora sequía que asola a una región. Solo un héroe casto y puro puede salvar a la región del desastre, pero impone condiciones de matrimonio a un santurrón musulmán que de ningún modo quiere entregar a su sobrina a candidato tan pobre. La tercera historia se interna en el Volga profundo en el que traza pinceladas muy fuertes de todo tipo de excesos entre los que vivió un príncipe boyardo, al borde de la extinción de su sangre, casta social y alma. Una triste historia que trama un destino fatídico pero no por eso menos atractivo de leer.
Recomiendo este libro para vacaciones o para olvidar la intensidad de los días en el año de la pandemia que no termina de cesar. Espero que quienes gusten leer este libro por mi recomendación dialoguen conmigo en algún momento porque el goce de Dumas de escribir / narrar historias era compartir vivencias con otros. Siento cada vez más fuerte el impulso de compartir cada vez que llega uno de estos libros a mis manos. Si bien la lectura impone una situación similar al ostracismo (soledad, silencio, concentración), hay hábitos que ella genera que tienen más que ver con lo colectivo, en engarzarse en una comunidad y aprender, mejorar, crecer.
Espero encontrarlos en estos libros y en diálogos posteriores.