Ballester es de esos que siente el fútbol como nosotros, es decir, más allá de sí mismo, y lo cuenta con una sencillez que sólo consiguen los futbolistas diferenciales. Como ver a Xavi Hernández meter un cambio de juego inverosímil de forma tan sencilla que incluso nosotros, los lectores, creemos que, viéndolo tan fácil desde el sofá, podríamos hacerlo cualquier día, cuando se nos cantara. Pero no, en la escritura, como en el fútbol, como en la vida, lo sencillo es condenadamente difícil de conseguir: se requiere de una verdadera maestría, pero además de un factor insondable. Ballester lo tiene como lo tenía aquel mediocampista del Barcelona.