Lo leí de adolescente y me impactó. Quise releerlo ahora, más de 20 años después, para ver si me generaba la misma impresión. Pero me llevé una decepción.
Lo que me había impactado en la primer lectura era su temática, su mirada sobre ciertos temas: el miedo a la vejez, el machismo, el fascismo, la adoración de celebridades... Todo eso apenas si se va insinuando a través del libro, pero de una manera tan burda, tan carente de peso, que termina perdiéndose.
El autor no se preocupa por responder las preguntas que él mismo plantea y trata de justificarlo a través del concepto de "misterio", pero todo se siente frívolo y sin rumbo. Termina siendo una sucesión de escenas truculentas, casi inconexas, que no generan nada.
El tercer acto se acelera y pierde coherencia en su prosa y ritmo, para terminar desembocando en un final apresurado e insatisfactorio; no porque no sea lo que podemos llegar a esperar, sino por la sensación que deja de que el autor no supo como cerrar su historia y le dio un final abrupto y desordenado.
En definitiva, es bueno releer un libro con el filtro de los años, para poder descubrirlo nuevamente y ver, quizás, qué tanto hemos cambiado como lectores.