En esta segunda edición del premio Centzontle 2017, el poemario ganador fue escrito por una joven poeta ñuu savi: Nadia López García. Con esta publicación se comprueba la sospecha de que en esta megalópolis existen escritoras que consiguen cultivar la palabra en esta cuenca, aunque la semilla provenga de otras tierras. El poemario Ñu'ú vixo/Tierra mojada hunde sus raíces en los sueños y en la historia personal de la autora para arrojar haces que iluminan algunos aspectos de la vida indígena: la espera y la tristeza asociada a la migración mas también nos habla del erotismo y de la irrenunciable esperanza. En este texto acudimos -como cómplices- a escuchar la cadencia de una lengua distinta al castellano pero, sobre todo, a conocer el universo literario de una mujer que hace del lenguaje una parcela donde germina la poesía.
“Rezo por ver mujeres siempre, mujeres que digan su palabra en este ancho cielo como jícaras con mucha agua”
Maravillosa poesía tan sentimental, Nadia me a transportado completamente a una niñez en donde estoy con las mujeres de mi vida, en especial y muy cerca de mi abuela ♥️
Que hermoso poemario, definitivamente también le he dado mi corazón a Nadia con estos poemas tan sensoriales, tan profundos y sutiles a la vez. Siento que son poemas que puedo releer cada vez que necesite auto apapacharme a mi misma.
La presencia de las dos lenguas me parece bellísimo, para mí, la intención, traducción y visualización de ambas versiones constituye la columna vertebral del poemario. Me parece que es ahí donde radica principalmente la Tierra-origen.
Precioso, auténtico regalo de poesía y narración auténtica desde el sentir de la escritora para todo el mundo en especial para las mujeres. Estoy agradecida por acercarme a esta generación de escritoras mexicanas,
La literatura indígena se diferencia del resto de obras literarias por la cosmovisión distinta que tienen sus escritores. Darles espacio a estos narradores es abrir una grieta en este círculo tan elitista que debe renovarse constantemente para poder sobrevivir.
¿Qué se busca? Preservar las lenguas indígenas es una oportunidad de ver el mundo desde otra perspectiva, una tarea de todos y una deuda interna aún pendiente con quienes desde su origen han luchado y garantizado la continuidad y presencia de la historicidad multicultural que ha forjado y distinguido nuestra identidad como nación.
La etiqueta indígena se sostiene en solo dos generalizaciones: por un lado, se trata de lenguas que descienden de lenguas que se hablaban en este territorio que hoy llamamos México antes de que sucediera algo tan extralingüístico como la llegada de Hernán Cortés; por otro lado, son lenguas que han sido históricamente discriminadas y, durante mucho tiempo, incluso combatidas. La literatura indígena no existe, existe en todo caso, literaturas en diversas, incluso contrastantes, lenguas indígenas.
Del intercambio entre lenguas, entre poéticas y tradiciones podría participar también el español. Tal vez, del mismo modo en el que se crea una novela en zapoteco un día sea posible la publicación de un libana, género poético propio de las lenguas zapotecas, creado en la lengua de Jorge Ibargüengoitia. Las interacciones poéticas entre todas las lenguas, indígenas o no, podrían conjurar ese imperativo absurdo de que la interculturalidad solo puede y debe construirse desde un solo lado.
Los indígenas, a través de sus escritores, están recuperando su voz después de cinco siglos de silencio impuesto, encerrados en la oralidad marginal de sus comunidades. Están reinventando su palabra, naciendo de nuevo como individuos y como representantes de sus respectivas etnias, con la visión de sembrar sus palabras como semillas de cultura a los cuatro vientos, es decir, hacia todo el mundo. Terminó el tiempo del encierro en sí mismos y empezó el tiempo de abrirse a los demás para iniciar un intercambio fructífero. Esto sea dicho con optimismo, porque toda apertura conlleva riesgos que se deben tomar en cuenta y que, por los resultados esperados, vale la pena correr. En general, estos escritores se sienten muy orgullosos de su condición indígena y de los valores de su propia etnia; todos se asumen como transmisores de valores, símbolos e ideas heredadas de sus antepasados, y en ese sentido siguen siendo “tradicionales”, es decir, respetuosos de la tradición a la que pertenecen y de donde toman su identidad.
Todavía no los ha contaminado el aspecto negativo de la modernidad, con su carga de individualismo feroz, desencanto, ruptura con el pasado, etcétera ni han cedido a la tentación de la experimentación formal. En ese sentido, siguen siendo “auténticos”, y reconocemos en ellos cualidades de sencillez y naturalidad, transparencia y autenticidad, con una belleza de alma cercana a la del mundo original.
Sin tratar de idealizarlos, considero que representan un resurgimiento del impulso expresivo que nace de un doble movimiento: la fidelidad a los orígenes y la apertura a la creación de nuevos mundos, en donde sean incluidos y aceptados con todo su bagaje cultural.
Conservación y creación son los dos ejes de esta dialéctica poética. Eligen sus temas y expresiones inspirados en su propia tradición, alejados del intelectualismo abstracto, los barroquismos expresivos y las versificaciones extravagantes; le dan a la forma su valor justo porque saben que es la superficie exterior de su discurso, pero lo que desvela y oculta al mismo tiempo. Lo realmente importante para su corazón y su espíritu es “hacer arte con amor”, arte que no sea pura forma vacía, puros sonidos huecos, arte que permita convertir su palabra en la imagen eterna de su presencia en esta sociedad contemporánea que, día con día, a pesar de irles abriendo espacios, sólo les permite “sentirse parte de la Nación” desde su mirada, desde su etnia, pero no en los espacios de la modernidad.
REFERENCIAS
Cabrera, Conrado. “Lo mexicano y el indio en la obra literaria novohispana”. Cultura Novohispana. Ensayos de investigación interdisciplinaria. María Marcelina Arce y Sainz (ed). México: BUAP, Facultad de Filosofía y Letras, 2008.
Bigas, Torres Silvia. La narrativa indigenista mexicana del siglo XX. México D.F.: Universidad de Guadalajara, 1990.
Lazo, Raimundo. Historia de la literatura hispanoamericana. México D.F.: Porrúa, 1983. Colección Sepan cuántos… 38
Montemayor, Carlos. La voz profunda. Antología de la literatura mexicana en lenguas indígenas. México D.F.: Joaquín Mortiz, 2004.
Eli Estolano Gtz te lo presto con V de vuelta Damiana Leyva Loría Échale un ojo
Siempre me ha costado trabajo conectar con los textos - poéticos o narrativos - que se recrean en las imágenes de la naturaleza, por eso mis poemas favoritos de este breve libro fueron De la tristeza, Examinación y Tierra. Poemas todos que exaltan el sentimiento. El audio del poemario está disponible en el SoundCloud de la editorial lo que le agrega una dimensión interesante a la experiencia.
Los poemas de Nadia López me hicieron vibrar. Sus composiciones son muy íntimas: nacen de la experiencia propia, de la "palabra que viene del agua [y] está viva". Su voz es lluvia que riega sentipensares sobre el amor, la naturaleza, el hogar, la familia, los recuerdos; sobre la pertenencia a una comunidad, sobre ser una mujer indígena. Recomiendo ampliamente.
Muy interesante entrar al mundo de la autora a través de sus poemas. Me gustó que los poemas vienen también en mixteco, eso te conecta más con la cultura incluso puedes aprender algunas palabras.
Pero ¡qué preciosura de libro! Cada renglón te trastoca el corazón, y es que conforme una lo va leyendo es como si se leyera en todas las mujeres con sus llantos y deseos, con sus costumbres y desamores; es muy común que en la poesía busquemos reconocernos y muy pocas veces se logra, por eso es que mucha gente le huye a este género literario, y cómo no hacerlo si siempre nos ponen a leer a señoros que sólo escriben de mujeres como objetos sexuales y desechables, de sus normalizados -y aplaudidos- vicios, de sus formas de sexualizar y adular la "pureza", etc. En definitiva leernos y reconocernos entre las palabras y sentires de mujeres, es lo que en verdad nos hace conectar con la poesía y con una misma.
Este libro escrito por la poeta bilingüe Nadia López García, nos muestra cada poema de un lado en tu'un savi y del otro en español, también trae unas poquitas ilustraciones con fondo negro que te transmiten toda una cosmovisión, que de la que aunque no conozcas mucho, te llega como un despertar.
Te habla de aquella mujer olvidada, de la morena de ojos negros que pisa la tierra mojada, de la que usa trenzas, de la que hace tortillas...de todas esas mujeres de las que no se habla y no miran, porque sólo nos imponen el canon de la mujer blanca eurocentrizada que no nos hace sentido al leer de ella.
Amé cada página, me hace volver a él cada noche y sin duda es aquel libro que llevaría a todos lados, pero me lo prestó la Lau y hay que regresarlo jejeje.
Hace poco leí un poema de Watanabe, donde hay un juego por aprender a amar lo que pronto se derrite. En el calor de la tierra, y de tomarla, también vive la posibilidad de quitar el frío de las manos cuando, como escribe Nadia, la gran autora, "el sol no salta en mi casa".
Este libro es, si queremos, leer tierra mojada. La raíz, la lejanía y los detalles que, por minúsculos, construyen la vida con mujeres pájaro y nombres dichos en alto. En sus páginas, el bilingüismo no es solo un recurso, sino el pulso de una memoria que se niega a ser muda; es el acto político y poético de nombrar el mundo en dos lenguas para que ninguna historia se desvanezca en el olvido.
Al final, la fragilidad nunca será antónimo de lo esencial.
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Me quedé con mis miradas y las de ella guardadas bajo mi falda negra.
Me quedé con mi llanto enredado a mi cintura, con sus voces a mi oído, con sus manos en mi cabeza.
Juramos vernos en mayo cuando de la tierra brotara nuevamente ese olor a mojado, cuando los árboles tuvieran un rumor verde, cuando la cruz de ceniza quedara seca.
Pero la lluvia llegó más temprano y ella se fue como se van las mariposas: despacio y sin hacer ruido.
Ya me lo venía anunciando el corazón presuroso, las noches de viento fuerte, su imagen incesante en mi cabeza y el murmullo de su voz que me soplaba al oído.
En mayo, el canto del pájaro es más triste que nunca.
Decía mi abuela que cuando la tristeza parece no tener fin es probable que el alma se nos haya caído en el río, por eso llora y llora y no puede detenerse.
Nos falta el aire la boca se nos seca y las manos nos duelen.
Pareciera que la tristeza se nos ha trepado, se nos agarra del cuello y dejamos de soñar.
Para curarla: baños con agua de árnica, baños con alcohol, baños con agua salada para que se nos deshinche el corazón, los ojos, las manos y también las alas.
Poesía que sabe a tierra, agua y aire. Poesía cargada de colores que habla de lo cotidiano, que cuenta historias de mujeres. Con ilustraciones bellísimas de Cuauhtémoc Wetzka.