La historia completa de Sara, Adam y Oliver la he sentido como mía. Los he visto crecer, amar y llorar, perderse y encontrarse por el camino. Los he visto ser felices y estar deprimidos. Los he visto en todas y cada una de las facetas de su vida, tanto, que ya no me siento como una mera espectadora de su historia, como un décimo integrante en su grupo. Decir que soy la quinta pata del banco conformado por Daniel, Sara, Oliver y Adam, es decir demasiado, y no me atrevo.
Me ha parecido sencillamente deliciosa. Todavía me pregunto cómo pensaba que no me iban a gustar sus historias, porque hay más de una, está claro. Cada personaje tiene una, y luego se entrelazan todas, como atraídas por un imán, el imán Sara.
Lo más especial y lo que más me ha gustado sin duda alguna, es ese sentimiento de amistad, más fuerte que el amor, más duradero que la familia, más resistente que el diamante. Una amistad fraternal que lo puede todo. Y es que son HERMANOS, no se sangre, pero sí de corazón, de vida, de todo menos de la biología. Es maravilloso ver cómo caen y cómo se levantan siempre, con la ayuda de los demás, cómo se superan día tras días y cómo evolucionan tanto ellos como la autora contándonos sus historias.
Porque es indudable negar que no hay una evolución. No obstante, creo que mi libro favorito de todos ellos es el tercero. ¡Ay, qué buenos recuerdos! Sin duda alguna, los Saltos de Sara es una historia que llevaré siempre en el corazón. Qué lástima no haberlos conocido antes, aunque eso sí, prometo leerme No es amor, es Diciembre antes de que acabe el año para saber más de Adam y de la pandilla.
PD: Me he leído más de mil páginas en 5 días, estoy completamente ida.