JOSÉ ÁNGEL VALENTE (Orense 1929- Ginebra, Suiza, 2000) Su primer libro, A modo de esperanza, 1955, fue adentrándose en una escritura cada vez más afilada y dispuesta a penetrar en los misterios de la existencia, persuadido de que la música, la pintura y la poesía son un espacio único donde se reúnen lo visible y lo invisible, y en ese territorio escribió obras cada vez más admirables, en busca de su famoso punto cero, un territorio al margen, fronterizo con las últimas provincias de la mística y las primeras del irracionalismo, donde la luz es el primer animal visible de lo invisible tal como dictó Lezama Lima.
Valente obtuvo en dos ocasiones el Premio de la Crítica, además del Premio de la Fundación Pablo Iglesias (1984), el Premio Príncipe de Asturias (1988), el Premio Nacional de Poesía (1993) y el Reina Sofía de Poesía en 1999, poco antes de morir.
José Ángel Valente Docasar (Ourense, 25 de abril de 1929 - Ginebra, 18 de julio de 2000) fue un poeta, ensayista y traductor gallego.
Estudió Derecho en la Universidad de Santiago de Compostela y se licenció en Filología Románica por la Complutense. Fue lector de español en la Universidad de Oxford. Vivió en Orense, Madrid, Oxford, Ginebra, París y Almería. Su cuento «El uniforme del general», incluido en el volumen Número trece, le supuso problemas con la dictadura franquista y fue sometido a consejo de guerra en 1972 acusado de alusiones ofensivas al ejército.
Se casó en primeras nupcias durante casi 30 años con su compañera de la Facultad de Letras Emilia Palomo, con la que tuvo cuatro hijos (un hijo y tres hijas) y en segundas, con Coral Gutiérrez (María Pilar Gutiérrez Sampedro).
En 1968 fue incluido en la Antología de la nueva poesía española. Desde 1966 su poesía evoluciona hacia formas muy personales de expresión, que enlazan su obra con la de Edmond Jabès o Paul Celan. Se trata de un radical esencialismo lírico muy influido por la mística sincrética, como la cábala judaica, el sufismo y el misticismo cristiano (fundamentalmente a través de figuras como San Juan de la Cruz o Miguel de Molinos) entre otros. Su aproximación a la mística, sin embargo, se aleja de cualquier dogma religioso y no postula necesariamente la creencia en una divinidad personal. Esta entrada en el misterio se produjo en gran parte bajo el magisterio de la pensadora malagueña María Zambrano. Asimilando tendencias filosóficas y tradiciones culturales históricas en poesía y prosa y también a través de la música y la pintura, la escritura de José Ángel Valente es una de las más ambiciosas y profundas de la literatura española contemporánea, según la opinión de Gérard de Cortanze.
Como ensayista, destacan sus libros Las palabras de la tribu, ensayos sobre literatura, La piedra y el centro y Variaciones sobre el pájaro y la red, una serie de meditaciones acerca de Miguel de Molinos, santa Teresa y los pintores Matthias Grünewald o el Bosco. Póstumamente se editó La experiencia abisal, recopilación de ensayos escritos entre 1978 y 1999. Coordinó la edición del volumen Hermenéutica y mística: San Juan de la Cruz (1995), en colaboración con José Lara Garrido. En 2002 se editaron sus trabajos críticos sobre arte con el título Elogio del calígrafo. Su Diario anónimo (2011), en edición de Andrés Sánchez Robayna, recoge interesantes notas y observaciones de carácter personal tanto sobre aspectos biográficos como literarios. En 2002 apareció el volumen Las ínsulas extrañas. Antología de poesía en lengua española (1950-2000), que Valente realizó en colaboración con los poetas Eduardo Milán, Sánchez Robayna y Blanca Varela. Sus obras completas, en edición a cargo del segundo, están integradas por dos volúmenes: Poesía y prosa (2006) y Ensayos (2008), publicadas en Barcelona por Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores.
Es interesante apreciar la retroalimentación intertextual entre sus ensayos críticos y su obra poética, al hilo de las reflexiones ontológicas sobre la naturaleza del arte, del ser y del origen de la vida, del ser humano y de los seres de la creación. Su poesía trascendente mira hacia lo originario y lo inmanente, frente al espíritu materialista de la sociedad postmoderna y postindustrial. Se trata de una penetración en las capas de la memoria, tanto la personal como la colectiva, sin olvidar "el descenso por los infinitos estratos o cámaras de la palabra", según señaló el propio poeta en uno de sus ensayos de autolectura.
Sus traducciones poéticas (entre otros, Constantino Cavafis, Celan, John Donne, Manley Hopkins, Jabès, John Keats, Eugenio Montale, Benjamin Péret, Dylan Thomas) fueron recopiladas en Cuaderno de versiones (2002), en edición de `Claudio Rodríguez Fer. Tradujo también El extranjero de Albert Camus (Alianza Editorial)
Es autor de libros de arte en colaboración con pintores como Antonio Saura (Emblemas, 1978),
Después de tanto y de la corrosión del musgo y de las alas, después de la metódica destrucción del amor y el aire que se abate como un pájaro muerto, después de haberme revestido en vano de luto melancólico, en la ciudad nocturna, en la proximidad de un río, en las calles desiertas, una imagen de mí, perdida, vuelve, me mira, se despide. […] SE DABAN las condiciones perfectas para morir. De lo más próximo nacía lacerante la ausencia. Tendida estaba entre los dos la muerte como animal tardío de ojos grandes y anegadas ternuras, madre, ciega madre inmortal. Mi rostro era su máscara, mi voz su voz. No hay llanto en las perdidas alamedas. Postreros pájaros borrados en la declinación oscura de la luz. […] Nadie podría ahora arrebatarme al territorio impuro de este canto ni nadie tiene en tal lugar poder sobre mi sueño. Ni dios ni hombre. […] Palabras con el lomo animal mojado por la dura transpiración del sueño o de la muerte. Dime con qué rotas imágenes ahora recomponer el día venidero, trazar los signos, tender la red al fondo, vislumbrar en lo oscuro el poema o la piedra, el don de lo imposible.