// Estos poemas dan cuenta de una comunicación profunda entre el hombre (el poeta) y la naturaleza, entre la poesía y el paisaje, entre la palabra y la sutileza, entre la tierra y el verbo. José Eustasio Rivera crea en esta obra textos que semejan paisajes. Son sonetos de una precisión poética admirable, donde el verso es como un puente para el esbozo de una naturaleza autóctona. Imagen poética llena de música, cuya esencia nos conduce a un territorio fraternal donde vibra algo infinito, en un contexto de naturaleza tropical que el autor logró profundizar en su novela La Vorágine. Obra clásica de la poesía de Colombia. //Únete a nuestro canal de Telegram, en el siguiente ¡Gracias! [El Quijote Literario]
José Eustasio Rivera Salas was a Colombian lawyer and poet primarily known for his national epic The Vortex.
After a failed attempt to be elected for the senate, he was appointed Legal Secretary of the Colombo-Venezuelan Border Commission to determine the limits with Venezuela, there he had the opportunity to travel through the Colombian jungles, rivers, and mountains, giving him a first hand experience of the subjects he would later write. Disappointed with the lack of resources offered by his government for his trip, he abandoned the commission and continued travelling on his own.
In this venture he became familiar with life in the Colombian plains and with problems related to the extraction of rubber in the Amazon jungle, a matter that would be central in his major work, La vorágine (1924) (translated as The Vortex), now considered one of the most important novels in Latin American literary history.
After the success of his novel, he was elected, in 1925, as a member for the Investigative Commission for Exterior Relations and Colonization. He also published several articles in newspapers in Colombia. In these pieces, he criticized irregularities in government contracts, and denounced the abandonment of the rubber extraction areas of Colombia and the mistreatment of workers.
Bravo debe ser uno para sacar de la tierra más hermosa unos poemas tan elocuentes, sentidos, conmovedores e inspiradores. Alguna repetición en términos me quitó un poco el impulso pero los leí todos en voz alta para mayor goce.
No soy un fanático de la poesía atada a reglas, sin embargo todos los poemas en este libro te transportan a la naturaleza, en especial, aprecio sus descripciones de la fauna y flora porque muy pocos libros pueden brindar una imagen tan vívida y salvaje de esto
Desde que leí La vorágine hace un par de años, me quedé con la intriga de leer este libro de poemas, puesto que me encantaron las descripciones del paisaje que Rivera incluyó en su novela (aunque por su abundancia me resultaron algo entorpecedoras para los fines narrativos).
No me decepcionó esta colección, salvo por un poema que me parece bastante desagradable por romantizar y embellecer lo que parece una violación (VII, Primera parte). Fuera de ese punto, las tres partes de la obra tienen poemas hermosos por su musicalidad y sus imágenes que apelan a todos los sentidos. La primera está dedicada al paisaje de la selva; la segunda, a la montaña y la tercera, al llano. Como mendocina que soy, me sentí bastante más identificada con la segunda y sus imágenes, pero disfruté de todos los paisajes.
Al igual que en La vorágine, hay un trabajo lingüístico de gran riqueza y variedad. Por el estilo modernista del autor, las palabras propias de Colombia (regionalismos, nombres de flora y fauna típica) conviven con una multitud de cultismos y palabras inusuales.
Entre mis favoritos están estos tres:
XVIII (Primera parte)
Persiguiendo el perfume de risueño retiro, la fugaz mariposa por el monte revuela, y en los aires enciende sutilísima estela con sus pétalos tenues de cambiante zafiro.
En la ronda versátil de su trémulo giro esclarece las grutas como azul lentejuela; y al flotar en la lumbre que en los ámbitos riela, vibra el sol y en la brisa se difunde un suspiro.
Al rumor de las lianas y al vaivén de las quinas, resplandece en la fronda de las altas colinas, polvoreando de plata la florida arboleda;
y gloriosa en el brillo de sus luces triunfales, sobre el limpio remanso de serenos cristales pasa, sin hacer sombra, con sus alas de seda.
II (Segunda parte)
En un bloque saliente de la audaz cordillera el cóndor soberano los jaguares devora; y olvidando la presa, las alturas explora con sus ojos de un vivo resplandor de lumbrera.
Entre locos planetas ha girado en la esfera; vencedor de los vientos, lo abrillanta la aurora, y al llenar el espacio con su cauda sonora quema el sol los encajes de su heroica gorguera.
Recordando en la roca los silencios supremos, se levanta al empuje colosal de sus remos; zumban ráfagas sordas en las nubes distantes,
y violando el misterio que en el éter se encierra, llega al sol, y al tenderle los plumones triunfantes, va corriendo una sombra sobre toda la tierra.
XVIII (Tercera parte)
Hay un agua salobre y solitaria, que al volcarse la rica cornucopia de la noche lunar, apenas copia borrones de celeste luminaria.
Soñando en una fuente tributaria, huérfana vive en desolada inopia, y alza débil rumor, con esa propia humildad que enaltece a la plegaria.
Entonces, bajo el oro del ocaso, alguna vaca de solemne paso atraviesa el yerbal de la comarca;
y, adormeciendo la pupila oscura, besa con melancólica ternura la inconsolable linfa de la charca.
Que elegante preámbulo poético para «La vorágine». Este escritor fue, sin duda, una de las plumas más intelectuales e iluminadas de la Colombia del siglo XX. Podrás encontrar aquí los más magníficos sonetos que conectan la profundidad de un alma sensible con la inconmensurable magia de la impertérrita naturaleza.
4.5. Esta lectura cortita de poesía sobre el llano y la selva colombianas es magistral. A excepción de un solo poema, toda la obra es hermosa. Jose Eustasio Rivera me deleitó con sus versos haciéndome imaginar las bellezas de un atardecer en el llano, la naturaleza de las bestias, los paisajes locales...