Los objetos que nos rodean pueden parecernos en ocasiones el emblema de lo que pasa, de lo que se reduce a polvo, pero lo cierto es que muchas veces llegaron antes que nosotros y nos sobrevivirán. La casa de este bello relato nos habla en primera persona de las generaciones que acogió y nos cuenta su historia y la de los personajes según lo que ocurre en sus estancias. Preocupada por su futuro, y sin poder intervenir directamente sobre las decisiones acerca de su destino, es testigo de las vicisitudes de sus dueños, sobre las que extiende una mirada no exenta de ternura.
Esta novelette cuenta la historia de una casa construida en Italia a principios del siglo XX y de las sucesivas generaciones que la habitan, miembros de una misma familia retornada desde Argentina. La historia está salpicada de vivencias familiares y de acontecimientos del siglo pasado (la Primera Guerra Mundial, el ascenso del fascismo, el éxodo rural, la explosión del turismo) y tiene la particularidad de que todo lo narrado no se cuenta desde la perspectiva de los habitantes de la casa sino de la propia casa. Este experimento funciona muy bien cuando la casa es un ente abstracto, pero chirría bastante cuando la habla habla de sí misma en primera persona (“Me decoraron con gusto y sobriedad”).
El libro tiene una prosa bonita, pero es muy caótico. Su extensión es cortísima y se quieren narrar demasiados hechos: esto hace que los párrafos sean una amalgama de nombres y vínculos que resultan algo confusos y difíciles de desentrañar. Para mí habría tenido mucho más sentido si, con esta misma extensión, se centrase en la historia de uno de esos familiares o de uno de los eventos narrados... pero al intentar meterlo todo se me queda una novela corta que parece más un resumen largo. Para contar todo lo que esboza pero como es debido habría necesitado uno de esos tochos de tres dedos de grosor y no este diminuto volumen que en realidad es. Esta reseña es más extensa que varios de los capítulos que describen a algunos de los personajes de esta novela.
Relato familiar que adopta de entrada un singular punto de vista: la narradora es la casa familiar dónde discurre la acción. El esfuerzo formal en realidad no es tal porque la propia autora parece olvidarse y se introduce como narradora omnisciente y la sencillez y el aire de nostalgia del relato son en todo caso los ingredientes fundamentales. Que la propiedad de la casa familiar sea la que mire con indulgencia aspectos como la adscripción al fascismo de algunos miembros son aspectos que no pueden pasar desapercibidos.
Aprobado justo. Es breve, está escrito con delicadeza, pero esa casa narradora que intenta explicar con continuos saltos temporales quiénes han sido sus habitantes durante 80 años no resulta convincente, sobre todo por su omnisciencia intermitente. Hay muchos personajes, demasiados para una novela tan corta, y de algunos de ellos sabemos muy poco. Esperaba algún hecho sorprendente, un giro, pero no. Total, no recomendable.
El concepto es muy bonito: una casa que está a punto de ser vendida recuerda a las personas que la han habitado toda su existencia, y las cosas que dichas personas han vivido en ella. El estilo es muy fácil de seguir, y la historia de la familia italiana que vive en la casa es muy interesante y conmovedora. El gran "pero" que le pongo al libro es que por momentos, la casa nos habla de cosas de las que no podría saber: nos habla de lo que pensaron o sintieron las personas, o nos habla de sucesos fuera de ella. Y en esos momentos se pierde la magia. Ya no es la casa la que nos está contando las cosas que presenció, sino que nos está hablando el narrador omnipresente de cualquier historia de ficción. Estos deslices de la autora siento que le restan valor a un libro que podría ser un clásico imprescindible. Aún así, es una lectura breve y muy hermosa.
Cuando veo casas antiguas o abandonadas siempre me pregunto qué historias contarían sus paredes si pudiesen hablar, así que cuando leí la sinopsis de este libro no me pudo gustar más. Su lectura ha sido deliciosa, entrañable, melancólica... La historia de las distintas generaciones que vivieron allí narrada por la propia casa. Al ser tan cortito no da tiempo a profundizar en los personajes y te quedas con ganas de saber más sobre el pasado y sobre lo que les depara el futuro a la casa y sus habitantes.
"Creo que todas las cosas guardan el recuerdo de un gesto, de una costumbre, de una época"
Historia de una casa y las generaciones que la habitaron. Pura nostalgia. Interesante el sueño de la sala de espera: “Marcella tiene un sueño recurrente: se encuentra en la sala de espera de una estación de tren, está sentada, seria, vestida para un viaje, consulta el reloj pero no está inquieta. Espera. En un momento dado, sin embargo, se da cuenta de que ya no recuerda si debe irse en un tren o ha llegado de algún lu-gar, si está esperando un cambio de tren, un enlace, si ha quedado con alguien que tiene que ir a buscarla o si es ella la que está esperando a alguien que va a apearse de un tren. Cuando tiene ese sueño se despierta siempre un poco confundida y turbada y le dice a Filippo: «He tenido el sueño de la sala de espera.»”
La casa fue construida en un pueblo italiano que da al mar, rodeado de campos fértiles. Desde entonces, ha contemplado el devenir de los años como un espectador inmóvil y silencioso. Sus paredes son un baúl de recuerdos, han vivido amores y disputas, han sufrido la gripe española y han sobrevivido a una guerra, convirtiendo los jardines en un huerto. Después de tantos cambios y tantos años, los nietos están a punto de vender la casa.
No es un relato lineal, la casa recuerda a las tres parejas que han habitado el edificio y mezcla diferentes épocas para reflexionar sobre los estilos de vida que ha conocido y cómo han cambiado los tiempos. Es un narrador en primera persona, pero es una casa omnisciente que conoce los pensamientos y los secretos más cuestionables de la familia.
La prosa presume de una delicadeza entrañable, pero su retrato del conflicto bélico y su postura me resultan tibios. Aurelia medio defiende el «derecho legítimo de su familia a ser fascista» y las pocas anécdotas políticas que figuran en el libro sirven para destacar que los dos bandos sufrieron mucho y que vecinos comunistas podían llevarse bien con sus vecinos fascistas, la guerra la hacían otros.
Al final, la casa simboliza el apego a las vidas del pasado y a los valores más clásicos.
Bastante decepcionante. Le doy dos estrellas porque al principio me estaba gustando aunque luego me desilusionó y lo hubiera abandonado si no fuera tan corto.
Puntos positivos: 1.- La idea de que una casa sea quien narre la historia de la familia que la ha habitado me parece muy original y atractiva. 2.- La forma en que cambia de tiempo y de personajes de un parráfo a otro si ningún aviso, magino que a algunos les molestará y resultará confuso, admito que me confundió un par de veces, pero me agradó.
Punto negativo: 1.- Todo es plano: los personajes, la narración son meras anécdotas, hay historias que podrían ser interesantes, pero no las desarrolla. Personajes mueren, van a la guerra, sufren los estragos de la posguerra, y no me hizo sentir nada porque lo deja todo en la superficie, no profundiza. Todo es plano, especialmente el final.