¿Cómo nombrar aquello que queremos? El lenguaje de Claudia González Caparrós habla de un deseo al que se renuncia, pero que no se agota; quizá para fijarlo, quizá para olvidarlo. "te miro como quien asiste a un deshielo es un libro" profundamente carnal y profundamente físico, que ahonda en la desprotección que sentimos al descubrirnos solos. Al dolor de la ruptura le acompañan el silencio y la urgencia, la confusión, la certeza de una pérdida irreparable. Desde la intimidad, la memoria se entiende como un ejercicio de renuncia y de esperanza, como una emoción nítida que acabará difuminándose: se interrumpe la luz, pero las aguas permanecen temblorosas.
Un poema delicado sobre el deseo de pieles en guerra y ojos que se oponen. González Caparrós habla sobre las cicatrices del tiempo y la violencia en el consuelo después del adiós. El dolor de recordar la presencia cuando quien acompaña es el vacío de su ausencia. Porque a veces no se escribe para rebuscar en la memoria sino para escapar de remembranzas que nos queman. Y entre esos abismos oscila este poemario: el punzante dolor de ver como todo se desvanece y el trágico deshielo que se derrite al evocar esas escenas cuando la carne era fuego.
Me regaló este libro Laura, una compañera de trabajo. Lo leí tres veces en la terminal de transporte mientras esperaba el bus para volver a Medellín. Me gustó mucho la filigrana con la que González Caparrós trabaja el amor y el desamor. Consigue crear esa intimidad ficticia de los poemarios epistolares sin ser epistolar. Regala metáforas (la mayoría centradas en el tiempo) que se van iluminando unas a otras. Un laberinto de luz en espiral.
Te miro como quien asiste a un deshielo invita a un deshielo propio en una sucesión de poemas que consiguen transmitir una historia nada alejada de lo evocador del título.
"STILL LIFE, LA VIDA quieta como tú y yo pasando la mañana en la cama, eres como una naturaleza muerta, la quietud de la vida palpitando y, mientras te duermes, te conviertes para mí en un objeto
no haré de ti retrato sino bodegón, disposición ordenada de cosas en pausa, la quietud de la vida mientras intento retenerte en un gesto" -
Este poemario ha sido un golpe tan suave de ternura que, escriba lo que escriba, me suena a melodía. Mire lo que mire me siento diferente. Es una sensación extraña, como si gracias al libro mi cuerpo fuera más liviano; como si me hubiera quitado un peso de encima.
La recopilación es breve, delicada y muy pensada. Es para aquellos que os gusta leer en voz alta; para los que disfrutáis de las lecturas tranquilas -aunque vivas-. Porque de eso va este libro: de sentirse solo y acompañado; de la ruptura y del amor. Del deseo. De soltar, de dejar ir. De quedar, de aceptar. De muchas cosas diferentes pero iguales a la vez.
"Te miro como quien asiste a un deshielo" solo ha confirmado mis sospechas: Siempre he entendido el desamor como un poema.
Buenísimo. Nunca me había sentido tan obsesionada al leer un poemario. Nunca uno me había parecido tan adictivo. La sensación fue como beber un vaso de agua. Me sentí liviana, ligera y en paz pues, aunque hubo momentos en donde me sentí acongojada, en cada uno de ellos me sentí también como iluminada. Me encontré muchas de las metáforas más bellas que he leído y de los poemas más impactantes. Un favorito automático del año y de la vida. No se me va a olvidar nunca, ni lo que leí, ni la experiencia de haberlo leído.
La única verdad que me dijiste es que solamente un cuerpo puede
consolar a otro cuerpo ---- Fue uno de mis poemas favoritos, de alguna manera la escritora me hizo sentir lo que cada poema tenía por expresar, me identifiqué y lo amé.
Tremendo potencial que no termina en culminar. A veces un poema más extenso es necesario para generar un impacto mayor. Algunas frases excelentes, algunos poemas buenos, un libro no tan memorable.
Leer este poemario es asistir en primera persona a un deshielo, ese mismo que se evoca en su título.
Dos polos, que no eran tan opuestos, que se derriten, hasta la última gota definitiva. El adiós y la distancia entre dos cuerpos y los gestos del otro, esos que creíamos aprendidos y, de repente, son solo una sombra. Desconocidos. Como si no (re)conociésemos a esa persona sino es dentro de la intimidad compartida.
“quebrada miro tus quebrados”
Este poemario rompe un poco el corazón y si has pasado por una ruptura puede que te reconozcas en algunos versos.
[…] A TI, QUE TENDRÁS una vida feliz lejos de la mía, una vida que ocurrirá sin mí como se suceden las estaciones, el envejecimiento, las hojas de los libros
imploro una verdad, imploro algo tan real como esta certeza de que tu vida ocurrirá felizmente pese a todo,
pese a mí […]
Claudia transmite de manera brillante el resquebrajamiento, el dolor en el pecho, esas primeras ideas y pensamientos inverosímiles y desconcertantes ante lo que está ocurriendo. Para pasar a la cotidianidad de que esos días se fueron y con ellos, un poco de nosotrxs.
“te escribo no porque busque recordarte, sino como camino que me aparte del recuerdo”.
Me quedo con dos cosas: las huellas que dejan en nosotrxs las personas y los vínculos, como caudales de ríos extintos. Y la aparente solidez de la intimidad que se desmorona con solo una fractura.