Tanto en La Comedia Nueva como en El Sí de las Niñas de Moratín podemos apreciar las caracterísitcas del teatro de estilo neoclásico que tanto encantó a Larra. En la primera obra critica el teatro de la época anterior por no respetar las unidades de tiempo, lugar y acción, así como por el lenguaje elevado y complicado empleado que solo posibilitaba a las clases altas a entenderlo y apreciarlo. Moratín defendía una reforma del teatro español y cierto didáctismo en sus obras para que la cultura a través de las representaciones teatrales también llegasen al pueblo que no podía permitirse una educación ilustrada como tal. En esta primera obra asistimos al estreno de una obra del personaje don Eleuterio, un joven dramaturgo, que cree que tiene mucha soltura en escribir versos y en desarrollar historias enrevesadas que gusten al público con extrema facilidad, por lo que junto a su esposa y amigos, pretende y confía en hacerse rico con la mayor brevedad posible. Pero entonces nos encontramos con los personajes de don Antonio y don Pedro. Ambos hombres cultos, pero mientras el primero es más dado a halagar aunque sin mala intención, el segundo es un hombre seco y recto, que prefiere irse antes de tener que decir lo que piensa a la cara para no desagradar. La historia se desarrolla en un café cerca del teatro, donde todos hablan de la obra y don Pedro es invitado a asistir, es el único que le dice la verdad al autor, y que sabe que no será un éxito. Entre tanta charla, y el reloj parado de Eleuterio, llegan tarde al estreno, y cuando llegan se dan cuenta de su fracaso. Al final es don Pedro quien salva la situación ofreciendo trabajo a Eleuterio, porque aunque no tiene la cabeza centrada (también por culpa de su mujer y amigos), le da pena que un padre de cuatro hijos se quede sin medio para mantenerlos.
En la segunda obra, Moratín aborda un tema que fue recurrente en varias de sus obras, por pillarle muy de cerca. Se sabe que Moratín se enamoró de una joven que al final se casó con un señor mayor, por lo que el autor aboga por dejar decidir a las jovenes con quien casarse y que puedan hacerlo por amor, y no por conveniencia social o económica o simplemente por deseo de sus padres o madres. En la obra, que como la anterior respeta las tres unidades, se nos presenta a don Diego, un hombre de cierta edad que va a casarse con Paquita, una joven a la que acaba de sacar su madre del convento para dicho menester. Aunque don Diego insiste durante toda la obra en preguntarle a la joven si se casa con él obligada o no, pues si ese fuera el caso, el hombre no consentiría. Debido a la educación de la época y la obediencia que le debe a su madre, le dice que sí. Pero Paquita está enamorada de Félix, que realmente se llama don Carlos, y es el sobrino de don Diego. Le escribe para comunicarle su destino, y él corre a rescatarla hasta que se da cuenta de quien va a ser su esposo. Al final todo se sabe por una carta de su sobrino a su prometida, y don Diego termina resolviendo el problema, permitiendo que los jovenes enamorados se casen.
Disfruté bastante más El Sí de las Niñas, pero Moratín es un autor que se deja leer, muy ameno y optimista en relación con otros autores de su misma época. Al menos en estas dos obras podemos encontrar un final feliz, o al menos no trágico para todo el mundo. Muy recomendable.