«...éres o no éres... seré o no seré...
¡He aquí al palíndroma!»
«Palíndroma» se presenta al lector como un extraño aparato literario en el que no puede saberse bien cuál es el hocico y cuál es la cola del mismo, pues desde cualquier lugar desde el que se arranca se llegará, finalmente, a los mismos elementos desde los que se ha arrancado.
Los múltiples relatos llevan la firma del Arreola cuentista, pues alejado del estilo de «La feria», en estos el jalisciense se compromete a combinar, cual alquimista empedernido, múltiples estilos, escenarios y "estados" en los que los personajes a menudo se abaten, configurando así un paisaje dentro del cual habita, de un modo u otro, el siguiente problema: la antepuesta del hombre contra la mujer, precisamente inclinados al hombre y la lucha por "poseerla".
Pero no poseerla en el sentido pletórico de la palabra usualmente utilizada, sino en el sentido de que es «otra» existencia y, como tal, se presenta ante el hombre como una desconocida, que necesita «tener» para poder concretar, de una vez por todas, su existencia. Precisamente es en este sentido donde se penetran cada uno de los textos aquí reunidos, pues dejan ver que las tramas, consecuencias y arranques de los diversos relatos se acoplan inmediatamente a los demás.
Esto es Palíndroma, que no tiene pierde, que no tiene nimiedades. Es una extraña oda a las estatuas «beldad-eras» y a la lucha del varón por mantenerlas impolutas de los demás para, así, consagrarse de la supuesta gloria, aun cuando sea solo el signo de su perdición.