Venía necesitando una lectura como esta, de las que lo hacen a uno disfrutar al cien por cien, de una punta a la otra del libro, de las que generan esa sensación de satisfacción indescriptible. La verdad es que a partir de la sinopsis, la inicié tal vez esperando otra cosa, y afortunadamente me llevé una grata sorpresa.
Entre visillos retrata con gran fidelidad el ambiente social de la juventud de cualquier ciudad española de provincias (probablemente Salamanca) durante los años 1950. Lo hace muy bien, alternando diferentes perspectivas y recursos narrativos, por ejemplo pasando de la primera a la tercera persona o intercalando escenas y poniendo el foco en diferentes personajes conectados entre sí, cuyas historias confluyen en cierto modo al moverse dentro de ese círculo social común.
La novela es muy dinámica y completa, y aun en los momentos en que parecería no estar pasando nada, pasa todo. Me ha encantado la forma de escribir de Carmen Martin Gaite, pues desde lo sencillo da lugar a planteos situacionales y a análisis muy profundos. Quizá uno de los temas centrales del libro sea la cuestión de género, el rol de la mujer. Permanentemente hay un choque entre lo que las mujeres (protagonistas de la novela pero que podrían ser cualquier mujer española de la época) quieren hacer, y los mandatos sociales que les imponen cierta forma de vivir y de comportarse. La violencia machista campea a sus anchas y en más de una escena es abordada directamente y sin tapujos. Todo esto invita al lector a un involucramiento muy personal, pues el retrato de lo cotidiano tal cual es, nos hace apropiarnos de los personajes y tomar partido.
Otra cuestión que me ha dejado maravillado es la pluma de la autora para delinear imágenes. Atardeceres preciosos, el ambiente e incluso la estética de la ciudad con su catedral, su río y sus calles antiguas y cafés. Los lugares de sociabilización como el casino, el cine, el gran hotel pero también los espacios a nivel doméstico. Todo está retratado y descrito con mucho detalle y además de manera preciosa y muy inmersiva. Martin Gaite muestra aquí gran habilidad como escritora realista, permitiendo al lector transportarse a cada momento de la historia como si estuviese allí. Pero lo logra de una manera brillante, estética y retóricamente impecable.
Los personajes son bastantes, pero sus historias están conectadas. Todos forman parte del ambiente social común que es el de su ciudad, y todos nos acercan de una u otra manera a las diferentes realidades, las variadas aristas que componen la sociedad española de ese entonces. La autora pone a la gente sencilla en primer plano en todo momento, por ejemplo a través de numerosos dialogos o de narraciones personales (como si se tratara de diarios íntimos). Aquí no hay grandes personalidades o héroes perfectos dignos de idolatría sino gente común con sus aciertos y errores y su torrente de sentimientos. Eso también me encantó. Quizá podría pensarse en Pablo Klein, el profesor de alemán, como el protagonista, en tanto su llegada y partida de la ciudad delimitan el marco temporal de la historia. Pero yo creo que el protagonismo lo tiene en todo momento el entorno social en su conjunto, y en especial, las mujeres que lo integran. Julia, Natalia, Elvira, son figuras muy relevantes para el argumento y en torno a las cuales gira el resto del elenco, pero el entramado es complejo y vale la pena explorarlo detenidamente.
Me cuesta encontrar algo para criticarle a la obra. Creo que el trabajo de Carmen Martin Gaite aquí es integral, muy sólido, bien cimentado. Disfruté muchísimo leyéndola, y me parece además una novela indispensable que me alegro mucho de haber conocido.