«Sostenme, voy a caerme», leemos nada más abrir Una costilla sobre la mesa.
Dividido en ocho partes, el nuevo libro de Angélica Liddell combina el verso con la estructura de un diario, el ensayo y el género epistolar. Si bien, en cualquiera de sus formas, es siempre un libro de poesía.
Angélica Liddell parte de lo irracional («lo que nos pone en contacto con zonas irreconocibles, con el “temor y temblor” que dan forma al espíritu») para después adentrarse, sin hacer distinción, en la belleza y en la enfermedad.
Con un lenguaje lírico y crudo y sencillo a un tiempo, implacable incluso contra sí misma, describe tanto la podredumbre de la carne como el éxtasis irrealizable; y consigue hacer del lenguaje un lugar donde conviven el arte, la música y lo espiritual:
«La fe no sabe que lo es, se ignora a sí misma, tenerla sería como negarla. El único impulso verdadero hacia la fe es entregarse por completo a alguien que te ignora».
Una costilla sobre la mesa es un libro valiente que trasciende lo confesional para ahondar en el misterio y en lo incomprensible. Un libro que atraviesa de una manera singular espacios apenas transitados por la literatura en castellano. Un libro que hace de la mística poesía, como si Santa Teresa de Jesús o San Juan de la Cruz escribieran en el siglo XXI.
La ardiente necesidad de quedar mudo para siempre,
En los años ochenta Angélica Liddell Zoo, seudónimo de Catalina Angélica González Cano (Figueras, 1966), inicia su trayectoria artística como autora dramática. Tras cursar estudios de Sicología y Arte Dramático, forma en 1993 la compañía Atra Bilis en el entorno de la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid. Con ella llevará a la escena sus propios textos, iniciándose así en la dirección, la escenografía y la interpretación. Su proyección hacia la creación escénica ha seguido desarrollándose desde entonces, adquiriendo, en paralelo a su producción dramática, mayor complejidad y calidad creativa. Al mismo tiempo que ha transitado por otros géneros literarios, como la narrativa y la poesía, se ha deslizado hacia el mundo del performance y la instalación, dimensiones con las que su obra teatral está estrechamente ligada. Sus diferentes desarrollos artísticos deben entenderse como expresión a distintos niveles de un mismo mundo poético y una original personalidad creadora. Tanto su escritura dramática como su poética escénica llevan un sello peculiar que las hace fácilmente distinguibles. Sin detrimento de su diversidad, puede afirmarse una vez más el tópico de que un creador es autor de una sola obra, que se constituye como variaciones sobre una serie de temas convertidos casi en obsesiones, lo que confiere a toda su producción una sorprendente unidad y coherencia estéticas.
Qué libro tan tremendo y como Liddell, siendo tan explícita y bruta, no termina por ser vulgar cuando podría parecerlo. Es la elegancia de lo grotesco, el patetismo sublime de las palabras dadas. Sin duda, Liddell se convierte en referente cuando hablamos del pensamiento contemporáneo, pues duda y afirma a la vez, es contradicción pura, es energía desbordada.
Angélica tras una mirada cruda de súplica a veces dirigida a su Amor, otras a sus padres pero (sin quererlo) muchas más a sí misma “¿Qué haré para librarme de este mal? ¿Cuándo terminará la última plaga? Si clavara un cuchillo en mi propio pecho, ¿también sería una asesina? Puesto que no canto para hablar de mí, sino porque deseo ser otra”
“La sábana que te cubre me duele como si fuera mi propia piel”
“El alivio de la belleza consiste en causar heridas todavía más profundas”
Nunca he leído algo tan animal, tan oscuro sobre el dolor que le marca y que también le mueve Trata la lujuria, la gula, el deseo y el asco como necesidades impuras y salvajes por las que se deja arrastrar
Angélica es una de las muy pocas autoras que he elegido su lectura a consciencia. El día del funeral de mi abuelo Josecho en Pamplona quedé con mi amiga María de la infancia para tomar algo. Me acabó llevando a un apartamento oscuro de la parte vieja del centro de Pamplona donde vivían dos actrices de mi edad que habitaban Pamplona y su cultura con convicción. Me enseñaron con entusiasmo los primeros minutos del documental de Angélica que hay en Filmin y lo recibí perpleja y de igual modo entusiasmada. Recuerdo con mucho cariño esa media hora en ese apartamento. Volví a casa sola caminando eléctrica presa de un arrebato de estímulos dialécticos. Me compré dos libros de Angélica. La casa de la fuerza no me apasionó. Una costilla sobre la mesa me jodió, me asustó, me despertó. Ya escribí sobre ella en mi cuenta secundaria de instagram que ha pasado a mejor vida así que repetiré aquí lo que recuerdo y todavía pienso. Angélica es radical. Tira y tira del puto árbol hasta llegar a la aparente raíz y seguir tirando con sus uñas y dejar la tierra que ni pa abono. Destroza la puta raíz. Es por eso que los aburridos la leen sólo como una tía cabreada destructiva pasada de rosca y anti todo. Pero a mis ojos Angélica no es anti nada, al revés, lo abraza TODO sin miedo o con miedo también pero sin dejar Nada de lado. Es valiente, mira la vida a los ojos y la que sale asustada es la vida. A través del destrozo deslumbra lucidez. Gracias a su valentía despierta a quien la lee, pero solo si el lector está a la altura de la autora y decide dejar la cobardía pa otro rato. Este libro es como un funeral larguísimo de alguien a quien amas en el que sientes la deidad, el milagro y la pausante y reflexiva presencia de la muerte pero un funeral tan largo que te da tiempo a tocarte. Osea algo así como estar masturbándose en el funeral de tu padre con un bellísimo altar de una virgen delante. Y claro, piensas.... loca. Y sí, está loca. Pero no para de escupirte verdades a la cara Tan verdades como lo aburrido y simple de despertarte cada puta mañana. Hay libros que a partir de lo simple te conducen a verdades grandilocuentes. Angélica desde escenarios complejos y grandilocuentes te lleva a las verdades más simples y más verdades.
«¿qué haré para librarme de este mal? ¿cuándo terminará la última plaga? Si clavara un cuchillo en mi propio pecho, ¿también sería una asesina? Puesto que no canto para hablar de mí, sino porque deseo ser otra?»
Angélica de frente con sus orígenes, con la vida y con la muerte; Angélica frente al miedo a morir pero también el miedo a seguir soportando; Angélica frente al asco y la belleza del dolor: «es preciso desmentir las esperanzas / no estorbes al sufrimiento»
Muy crudo y muy denso, parece ser escrito en un momento muy duro de su vida en el que uno se tiene que enfrentar con el pecado y la herida del padre y la madre.
El propio libro es en sí mismo un ambiente poético en el que reina la contradicción y la culpa. Siempre pensando en el bien o el mal, el bueno y el malo, la culpa y el verdadero culpable, lo natural de lo divino. Angélica nos ofrece una visión cruda de sus emociones más profundas, de sus pensamientos más indescifrables, de sus heridas más profundas. Porque el arte es lo único bello por lo que habitar este mundo sin lanzarnos a un vacío espacial que no nos protegerá de la extinción. Lo recomiendo a lectores familiarizados con la poesía de Angélica♡♡♡
me ha llevado tiempo leerlo... un libro crudo, oscuro y en ocasiones demasiado intimista pero como siempre fiel reflejo de la lucidez de la mente de Angélica
Releído justo un año después de la primera vez. No sé qué haré el año que viene. Me arropa siempre Liddell —leerla es como hundir el dedo en la llaga. Y, al llenarla de infección, la cura.