Una novela de super fantasía donde, como dice el título, todo es al revés.
Las personas en esta ciudad andan con mascaras y guantes per no visten ropa. Es una obscenidad andar sin alguna de ellas. Los pobres son los que tienen la maldición de tener choferes y vivir en mansiones mientras que los ricos son los que tiene el derecho de andar caminando por las calles a diestra y siniestra. Los profesores no quieren dar clases y los estudiantes son los que obligan a los profesores a tener que iniciar las sesiones.
Es el mundo al que llega el viajador de la novela, no sabría porque quisiera visitar tal lugar, por tanto, tiempo, tan desconcertante donde lo lógico para él es el insulto para los habitantes del lugar. Son como mundos y creencias paralelas, las del viajador y la de los habitantes de la región. Como si las tradiciones y cultura del occidente se encontrasen con la del oriente, pero exageradas por mil.
Durante la lectura me sentí agobiado por el viajador que no salía del pueblo ese lo antes posible, donde todo lo que trataba de hacer era cuestionado y todo lo que veía lo cuestionaba. Pero aun así no se iba.
Las partes mas graciosas y verdaderamente no tan graciosas eran las discusiones que tenia el viajador con su “guía turística”, pudiéramos llamarlo, cuando analizaban los comportamientos inusuales desde ambos puntos de vistas; me parecían discusiones como las de Chavo del Ocho, cosas insolentes y sin sentido, claro que bajo el contexto de la obra tienen su sentido.
En realidad, hay libros para todo tipo de personas, pero no es algo que jamás recomendaría. Para mi es un libro que quiere que notes las diferencias culturales de otro sitio y como te vas adaptando a ellas, pero exageradamente y por eso no es de mi gusto. Me doy cuenta de que la fantasía cada vez me llama menos la atención.