Años atrás, casi por azar, leí una entrevista a Abelardo Castillo en la revista Ñ. Al finalizarla, sabía que, más temprano que tarde, iba a leer una obra de este notable escritor argentino. "El que tiene sed" es una novela que atrapa, sacude, envicia. Tiene un ritmo trepidante, no da tregua, es exigente y alucinante. La historia de Esteban Espósito y su viaje por el infierno del alcohol te remece. Las palabras, reflexiones, diálogos y referencias literarias poseen la marca de la belleza convulsa de otros creadores afines que llevan la escritura a indagar en el abismo del sufrimiento, de la dislocación del sujeto, del ansia de verdad. Manejo impecable e implacable de recursos estilísticos y narrativos que denotan maestría y singularidad. Una novela no apta para fáciles resúmenes ni convencionalismos. En esta historia se plantea la búsqueda del sentido de la vida, más allá de las tinieblas y de las buenas intenciones. Literatura de alto vuelo narrativo, compleja, atractiva y demoledora.