Estuve buscando este libro durante mucho tiempo y que me lo voy encontrando en una librería destartalada en el centro de San Luis Potosí (¿dónde si no?) justo cuando pensaba que me tardaría años hasta conseguirlo.
Y cuando finalmente lo tuve, se me quedaba viendo desde el librero. Por muchas razones, le tenía miedo. Miedo a que me saliera espuma por la boca al leer las atrocidades de este "pelón tenebroso", como le llamaba Maximino Ávila Camacho (takes one to know one).
No sé si por la distancia en el tiempo o por el estilo tan descarado y bravucón de Gonzalo, pero las 900 y pico de páginas que conforman estas memorias se me fueron volando como si estuviera leyendo una novela.
Y creo que ahí está la clave de su encanto: aunque es verdad que la realidad supera a la ficción, es imposible que Gonzalo no haya exagerado y/o mentido, no digo en una o alguna otra ocasión, sino en todo el curso de estas memorias. Que no tenía vergüenza ni pelos en la lengua queda muy claro. Pero si dice que a sus 36 años pesaba 62 kilos, tengo que cuestionar qué otros asuntos de más peso (je) está tergiversando para halagarse a sí mismo.
Así, y con todo, me hechizó. Un cabrón de esta talla tuvo que tener carisma y picardía y aquí derrocha ambos con singular alegría. La parte más interesante, por supuesto, es cuando entra a política. He aquí la historia de tantos cabrones que los agarró la revolución cuando estaban en pañales y fueron subiendo y subiendo hasta llegar a las altas esferas del poder, de donde no se movieron ni muertos. Y no fue por amabilidad o destreza o siquiera suerte, sino por sinvergüenzas, gandallas y mafiosos.
Esto no es ninguna novedad. La historia de Gonzalo es la historia del PRI y esa la conocemos los mexicanos como si fuera la de nuestra propia vida. Tanto escándalo nos ha atrofiado el sentido de la indignación, por lo que aprender que desde el principio se hacía lo que se hace ahora no resulta un gran descubrimiento.
Gonzalo lo hizo todo: matar, robar, sobornar, usar influencias a su favor, acostarse con quien quisiera, hacer fraude electoral ... hasta le mentó la madre a un presidente (Ruiz Cortines).
También fue como Moisés: partía las aguas a donde fuera, dejando el camino libre para él y vedado a sus contrincantes con tan sólo su presencia o algunas palabras (muchas de las cuales eran maldiciones, y de las buenas). Es una constante que todos los presidentes lo mandaran llamar para preguntarle qué quería y que se lo otorgarán sin chistar, en ese instante. También entraba a Palacio Nacional sin avisar, que porque tenía toda la libertad. Vete tú a saber si esto fue cierto o no pero ahí están los hechos, o por lo menos las fotografías. Y el señor fue gobernador de San Luis durante los años 40, cuando los dedazos eran pan de cada día, así es que tuvo que tener conexiones pesadas.
Gonzalo maneja una honestidad brutal en sus memorias. No tiene empache en decir que golpeó y mató y robó e intrigó, ¿y qué? Ni el presidente lo podía tocar, según él. Pero esa honestidad no es pareja. Era tan creído que nunca le salió nada mal. No se acuerda de fechas (las menciona muy de repente) pero sí de conversaciones enteras, mismas que transcribe, poniendo palabras en las bocas de diputados, presidentes y reyes (fue embajador de Bélgica y después Dinamarca, no más ahí).
Al final del día, este señor tuvo una vida que merecía ser contada. Quizá lo mejor hubiera sido que alguien más la contara pero ahí están 900 páginas que, se crea o no, son tanto o más entretenidas que una novela. Ese condimento de mentiras y exageraciones convierten a estas memorias en un festín.
Si es verdad que hizo todo lo que hizo (y la manera en que lo hizo) por lo menos siempre dio la cara. Pero es difícil saber si en esto está diciendo la verdad o no. No sé qué es peor: si un político a quien le vale madre decir que se tronó a varios y que no le importa qué digan o un político que hace todo eso de todas maneras pero tiene mil excusas para desmentir rumores y lavarse las manos. De cualquier modo, es el colmo del descaro y creo que esa es la moraleja de esta novela/autobiografía: el que no tranza, no avanza.
Yo de este libro me quedo con la personalidad de Gonzalo: bigger than life. A pesar de todo, el desgraciado me cayó bien. Lo curioso es que, si fuera mi contemporáneo, lo odiaría con odio jarocho. El tiempo cura todas las heridas y santifica a todos los muertos, supongo.
Cuando la mitad de lo que lees es fantasía, pero está escrito con una narrativa tan sabrosa, no te importa!! Gonzalo N. Santos, cacique potosino, heredero de la revolución, mandamás e influyente personaje de la historia del México contemporáneo, cuenta sus memorias en un enorme tabique en el que desmenuza sus andanzas con Madero, Obregón, Calles, Cárdenas y su deslinde de las nuevas generaciones de políticos a partir de Ruiz Cortines. MUY entretenido a pesar de sus 900 páginas.