Una novela irreverente y divertida sobre el Madrid de los años veinte y la generación del 27. Santos, de origen rural, que en la gran ciudad descubre su debilidad por las mujeres maduras y la pornografía; Martiniano, sobrino de Azorín, que jura odio eterno a los intelectuales tras los malos tratos recibidos de su tío; y Patricio, escritor que sueña con ver publicada su primera novela, son tres amigos, internos en la Residencia de Estudiantes, que viven el bullicio de los años veinte en Madrid. Pero entre novatadas, enfrentamientos con otros estudiantes y explosivas tertulias, apenas perciben que están poniendo en peligro un plan secreto para crear una generación la del 27.
Antonio Orejudo nació en Madrid en 1963. Doctor en filología hispánica, durante siete años fue profesor de literatura española en diferentes universidades de Estados Unidos y ha pasado un año como investigador invitado en la Universidad de Amsterdam. En la actualidad es profesor titular en la Universidad de Almería. Es autor de cuatro novelas: Fabulosas narraciones por historias (1996), Ventajas de viajar en tren (2000), Reconstrucción (2005) y Un momento de descanso (2011). Todas ellas, muy distintas entre sí, componen el corpus coherente de uno de los narradores más brillantes en lengua española. Autor de numerosos artículos de crítica publicados en Babelia, ABC Cultural, o Letras Libres entre otros medios de prensa.
He tenido que dejarla en la página 19; una novela sobre escritores interesantes de otra época escrita por alguien insulso de nuestro tiempo (lo que a mediados de los 90 también encumbró a Juan Manuel de Prada) no podía deparar nada bueno para mí (teniendo presente que podemos leer la obra de esos escritores interesantes). Yo prefiero leer una novela moderna de Noah Cicero o Houellebecq sobre la actualidad que tochos trasnochados sobre otra época y escritores contado por alguien que no tiene el talento de sus personajes (muy bien escritos y entretenidos seguro, pero con ese «colchón» de estar escritos en estilos arcaicos y ese otro «colchón» de tratar sobre un tiempo y unas gentes más atractivos que los que proporciona la actualidad). Tras la indigestión con «Manual de literatura para caníbales», de Reig, no debería haber pasado a otro doctor en letras español con manía hacia los poetas (y que le guste Claudio Rodríguez [Neruda de segunda mano, Rimbaud tonto y Dylan Thomas sin magia] ya lo dice todo), cuyas irreverencias son tan pueriles, manidas y necias como las de Reig. A diferencia de Noah, Houellebecq y tantos otros escritores contemporáneos talentosos, el problema que tenemos en España es que nuestros escritores no son traducidos o leídos por diferentes generaciones en diferentes contientes porque ¿a qué chaval de 20 años o señor de 50 de China, Estados Unidos o Inglaterra le puede importar un libro como este o «Las máscaras del héroe»? A un hispanista, en todo caso, y para de contar. Voy a explicar brevemente qué me ha pasado a mí con él:
1) Ópera prima del autor, desde el principio uno entiende que quien se pregunta «¿Y si después de todo no era un genio?» es un trasunto del autor y, si no, ese tipo de preguntas y pensamientos le siguen pareciendo pertinentes, y esto resulta incompetente para cualquier hombre de talento que, si bien duda más que el artista mediocre (Robert Hughes dixit), también tiene una fácil salida a la autocrítica paralizante: compararse con los demás de su época (a este sencillo ritual se debe el orgullo, y también la amargura, de Dalí: en los 20 y 30 estaba entre los 3 mejores pintores del mundo, pero él adoraba a Velázquez y Vermeer, así que eso le consolaba lo justo). ¿Alguien se imagina a Rimbaud preguntándose algo así?, ¿alguien se lo imagina considerando dejar el academicismo y demás como marcas de genio? No decidió esas cosas para sentirse en el camino correcto hacia ser buen artista, sino porque no pudo evitarlo. Todo el mundo quiere ser un buen artista sin pagar un precio (que es más alto y doloroso que tragarse una biblioteca o tener un título nobiliario expedido por una universidad [como todo lo importante en la vida, no puede ser adquirido si no hay aptitudes para ello anteriores o concurrentes]), pero no es casualidad que el farmaceuta del barrio o el niño bien de la gran ciudad no suelan serlo: «Un sentimental es el que desea el lujo de una emoción sin tenerla que pagar» (Wilde). Pessoa se interroga sobre la genialidad en «Tabacaria», y si bien dice no creer ni en él mismo, no es menos cierto que más tarde aclara que se sabe sublime y que lo está demostrando con ese poema (inmortal como es). Lo que Reig u Orejudo no entienden es que Dalí, Pessoa, Rimbaud... se supieron genios, sin más vueltas ni marcas (las marquitas que Dalí se atribuyó en sus autobriografías solían ser patrañas para vender más, como las extravagancias de Cela y tantos otros artistas, porque a la gente le entra más eso que una obra excepcional sin más [así les fue a hombres grises, pero artistas de primera, como Kafka, Kavafis, Pessoa...]), simplemente al compararse con los demás. Las probabilidades de tener tu doctorado en humanidades, sueldo de funcionario, señora o señor en tu cama doble, churumbel o churumbeles, piso en la ciudad y casa en el campo, etcétera, son bastante menores si eres un artista único que si eres... eso, un buen ciudadano, hombre de familia y trabajador honrado. Sueno muy francés al decir estas cosas, pero lo llevo en la sangre y el bagaje cultural, y me identifico mucho más con los ensayos de Houellebecq (donde dice cosas como: «El poeta es un parásito sagrado», «Aprender a ser poeta es desaprender a vivir», etcétera) y Pierre Michon (cuando habla de Nadar y Carjat en « Rimbaud le fils ») que con Orejudo o Reig (que, para mí, están muy lejos del instinto crítico, sensibilidad y talento de esos dos geniales y colgados gabachos). Estar atascado en tu ego no te hace un genio (la mayoría [mención especial a catedráticos españoles] se queda en fatuos), pero ser un genio te atasca en tu ego (self-important < self-centered/absorbed).
2) Proust no fue Proust debido a una enfermedad o a haber guardado reposo media vida, sino a pesar de eso. Esto es tan evidente que la socarronería sobre lo contrario sobra (y visto que es la tónica de la novela, he tenido que dejarla, pues no tengo 15 años). Es lo que Baudelaire dejó escrito con 25 añitos: «Que el desorden haya acompañado a veces al genio lo único que prueba es que el genio es terriblemente fuerte; por desgracia, para muchos jóvenes, ese título expresaba no un accidente, sino una necesidad.» Dalí, Cela, Rimbaud, Lautréamont, Baudelaire... no fueron geniales por dejar los estudios, sino, en todo caso, por no poder evitar dejarlos, por sentirse superiores (en el caso de Rimbe, Lautréamont y Dalí) a quienes querían enseñarles arte (Izambard en el caso de Rimbe; un profesor de retórica que le suspendía a Isidore; modernillos trasnochados en el de Dalí [que quería una formación clásica para luego loquear a solas y romper las reglas sabiéndolas muy bien]). Con todo, al indagar en la vida de los grandes artistas, sí que se ven marcas de genialidad en la mayoría de los casos: sus escritos de juventud o sus gustos artísticos, por ejemplo (las extravagancias, de nuevo, sirven sólo para vender). Es lo que decía Mishima: «La mayoría de los escritores se hacen los locos, pero están perfectamente bien de la cabeza; yo me hago el cuerdo, pero estoy enfermo por dentro.»
3) Roald Dahl medía dos metros. Ese ejemplo debería bastarle a Orejudo para calmarse, pues las obras de Dahl, aparte de muy bien escritas (lo que nos importa a algunos [«Pig», «Lucky Break», «The Way Up to Heaven»...]), también (esto es lo que le va al camarada comunista Reig, no sé a Orejudo) son muy útiles («Matilda», «The Witches», etc., hacen muy felices a muchos niños del mundo). Y la altura, por cierto, Antonio, sirve más que para las paridas que dices: proporciona chicas sexys con facilidad, como clara ventaja evolutiva atractiva que es, que cuando te rompan el corazón darán buen material para una novelita o unos poemillas ;--)
4) Una novela lleva años y un poema o libro de poemas lleva horas (a día de hoy, es lo que parece), días, o como mucho unos meses y en exiguos casos unos años. El asunto, Antonio (¿se puede estar tan ciego?), es que hay muchísimos novelistas muy buenos o buenos en el mundo, ahora mismo, y en todas las épocas, pero, ¿poetas? Oh, eso es otro tema... Es exponencialmente más difícil escribir un solo poema bueno en el siglo XXI que una novela cojonuda, ¿que cómo lo sé? Abriendo los ojos (¿Sharon Olds?, ¿Simon Armitage?, ¿Pere Gimferrer? Dios mío, una sola novela de Houellebecq, obra de teatro de Fernando Arrabal, haiku de Soseki, soneto de Lorca o canción de Morrissey vale por la obra completa de esos tres poetastros laureados juntos).
no tengo palabras y encima sabiendo q es un libro q nos han mandado para clase?? por más juego intertextual con la realidad o función de parodia...es muy insufrible y POR DIOS el papel de la mujer en el libro qué barbaridad misógina extendida en 379 páginas!!! estamos locos?
Por respeto a la asignatura y al profesor que me ha mandado leer esto lo único que voy a decir es que he sentido que durante 379 páginas el autor estaba constantemente burlándose de mí mientras introducía en mi cabeza imágenes demasiado perturbadoras como para mencionarlas. Luego, las partes en las que se habla de literatura, de Ortega y Gasset y de su concepción de novela deshumanizada no han estado nada mal. Fue en general una época literaria bastante interesante.
Esta historia se desarrolla principalmente en los años veinte y abarca parte de los treinta y posteriores. En medio de la dictadura de Primo de Rivera, tres jóvenes alojados en la Residencia de Estudiantes se conocen y se cuelan en el mundo intelectual donde Ortega, Juan Ramón Jiménez y Federico, entre otros, crean ideología y literatura que marcará una revelación en España. Esta es una historia donde los personajes reales son de ficción y donde tras el surgir de una nueva época dorada de la cultura se esconde una conspiración casi peligrosa.
Es un libro muy difícil de valorar. Primero, por lo ya comentado de que es una novela histórica donde nadie es verdad. Es una ficción, es humor puro, pero con un trasfondo muy envolvente y lleno de intriga que uno no sabe hasta qué punto tomarse en serio. Segundo, es un libro zafio hasta la saciedad. Está lleno de pasajes y descripciones pornográficas dada la mente calenturienta de uno de sus protagonistas, y de escenas poco apetecibles por su violencia. Tercero, está lleno de narraciones aparentemente inconexas desde el principio, por lo que hay que estar muy atentos y mantener una visión global constante que quizás algunos decidan abandonar en las primeras páginas, sumándole lo anterior como principales razones para su retirada.
Sin embargo, algo atrae. La mayoría de sus aseveraciones son pura fábula enferma, pero uno acaba disfrutando de este mundo onírico y de sus personajes indecentes. El período histórico está espolvoreado y sus referencias son un compendio del saber muy interesante, y sus gentes son carismáticas. El surrealismo casi se impone como realidad, y la prosa alcanza momentos sublimes. Seguiré sin saber si este ejemplar de Orejudo es una inmensa tomadura de pelo a la generación o una revelación latente como Los Beatles de Pátric. Pero merece toda la atención.
Me encanta reírme. La gente que me conoce sabe que es así. No hay muchos autores que me saquen una carcajada espontánea, ese tipo de risa que, en el caso de que vayas leyendo en transporte público, suele generar miradas de extrañeza y escándalo en la gente que está alrededor y que puede causarte una vergüenza considerable porque no has sido consciente de hacerlo. Uno de los escritores con el que me ha pasado esta situación es el señor Antonio Orejudo
Dice el propio Orejudo hablando sobre este libro: “mi primera novela gusta a los que han estudiado o han leído mucho”, curiosa forma de intentar definir el público que ha acabado siendo receptivo a esta novela, que fue publicada en 1996 y que ha sido recientemente reeditada. Pero es cierto que su intertextualidad ha hecho que sea aún más atractiva para mí, esto unido al humor del que hace gala, y ya tenemos dos de los motivos principales para recomendarla.
La premisa de la novela es la historia de tres amigos que se conocen en una residencia de estudiantes en Madrid durante los años 20. En plena ebullición de las tertulias culturales y con la Generación literaria del 27 a punto de surgir. Por sus páginas desfilan Juan Ramón Jiménez, José Ortega y Gasset, Ramón Gómez de la Serna, Lorca… y otros personajes de aquella época.
La narración se mezcla con cartas de 1987 y de otros años, con carteles publicitarios de la época, con textos de los personajes que van saliendo, con cartas que se publican en la revista erótica La pasión y las respuestas a esas cartas… completando mezcla de estilos, historias y tiempos que otorgan tal credibilidad, que te da la impresión de estar viviendo en esa coyuntura, aunque sabes que no es así, porque la parodia está presente en todo momento. Una virguería a nivel de estilo y estructura. De esta manera el dinamismo es más que patente, no da tiempo a que se vuelva monótono.
Lo más increíble es que, a pesar de lo anteriormente dicho, el autor no se limita a presentar textos más o menos divertidos, más o menos irreverentes, más o menos creíbles, sino que busca la reflexión continua otorgando a la obra diferentes niveles de lectura y sobre todo compromiso.
Le preocupa la forma y creación de la literatura: “Eso de que el lector es también escritor es una excusa que se buscan los perezosos y los malos escritores”, anticipando a Barthes en este momento y su teoría de la “muerte del autor”. “Para llegar a lo sublime debemos atravesar las amargas tierras del trabajo; no hay otro camino”, el talento es necesario pero el trabajo más.
También alude en varias ocasiones la dificultad para que la literatura sea apreciada por el público, con perlas como estas:
“Ya se sabe que a los españoles los escritores y los cerdos sólo nos gustan después de muertos”
“En un país donde la masa es incapaz de humildad, entusiasmo y adoración a lo superior se dan todas las probabilidades para que los únicos escritores influyentes sean los más vulgares; es decir, los más fácilmente asimilables; es decir, los más rematadamente imbéciles”
Al final, y a pesar de acabar la novela de una manera extraña, absurda, tan diferente al tono anterior, busca precisamente recalcar el mensaje: nos ofrece fabulosas narraciones por la verdadera historia que sucedió, pero en esas narraciones está el reflejo de una época, de una forma de hacer literatura, de un compromiso con lo que haces (“Por eso mis simpatías siempre estarán en aquellas personas que contribuyan a revelar esa gran mentira, ese fiasco sobre el que hemos vivido tanto tiempo y que se llama cultura occidental, es decir, hipocresía de banqueros y nuevos ricos”).
Es una novela genial, diferente, explícita, irregular, comprometida, irreverente… una obra maestra de uno de los mejores escritores españoles en la actualidad.
La sensación que me queda es similar al título: fabuloso.
Es un libro complejo para diseccionar, pues tiene tantas y tantas capas, que no sabría por dónde hincarle el diente. Desde la irreverencia hacia la generación del 27, pasando por la pornografía escatológica y desternillante, o la reflexión que hace sobre qué es realidad y qué es historia.
Para ello pone en boca de personajes reales una ficción, y a través de otros inventados, lo que realmente ocurrió. Todo ello en una loca y divertida trama, centrada principalmente en unos estudiantes de la Residencia de Madrid, en los años 20.
Y no voy a contar más. Sólo recomendar que se descubran todas las sutilezas que encierra la novela y se disfrute sin prejuicios.
El libro es tremendamente original. No sé si es la novela definitiva sobre la postmodernidad y la postverdad o una tremenda sátira sobre las mismas. No soy una persona especialmente melindrosa, pero las escenas de sexo explícito me han parecido demasiado numerosas para lo que quería contar. De cualquier modo, un libro más que notable y, sobre todo, diferente.
Mi padre es aficionado a las novelas históricas, independientemente de la veracidad de lo narrado en ellas. De paso por Madrid en un viaje de negocios hace poco me topé en la librería del Circulo de Bellas Artes la novela de Orejudo cuya contratapa hablaba de las aventuras de tres estudiantes que habitaban en la famosa Residencia de Estudiantes de Madrid, al principio de los locos años 20, justo cuando la mayoría de los miembros de la generación del 27, entre ellos Lorca y otros renombrados intelectuales españoles como Ortega y Gasset y Unamuno, hacían de dicha institución un lugar privilegiado de la intelectualidad española. Mi padre había estudiado él mismo en Madrid en los 60 y había vivido en una residencia de estudiantes no muy diferente de La Residencia y pensé que la novela conjugaba dos aspectos que la harían un gran regalo para él, una novela histórica de algo que se asemejaba a su propia época de estudiante.
A Fabulosas Narraciones por Historias no le hacían falta elogios de la crítica literaria, entre la cual habían varios leit motif: inteligente, divertida, deslenguada, valiente. Como podía ser la misma novela todas esas cosas, me preguntaba yo, que, siempre cuidadoso, no quería regalarle a mi padre una novela que no me hubiese leído. En vista de que se le describia como deslenguada y valiente pensé que sería mejor que la leyera primero y así lo hice. La comencé en Madrid y no había llegado el avión de vuelta a Costa Rica cuando ya me saltaban las lágrimas por las incontrolables carcajadas para la visible molestia de los pasajeros a mí alrededor. La novela era divertidísima. La mayor parte del humor nacía del hecho de que en la novela los 'inmortales' españoles como Lorca, Ortega y Gasset, Juan Ramòn Jiménez, etc, eran tratados con la irreverencia que se le guarda a los congéneres cuya genialidad la historia deberá certificar pero que en el tiempo presente es discutible. Rápidamente Orejudo nos hace saber que Lorca era culón y de piernas cortas y que invariablemente en la Residencia lo invitaban a declamar sus poemas, entre otras cosas. El aura de niño prodigio de Lorca vista desde los ojos de un compañero de estudios llevaría a una descripción como esta de uno de sus recitales:
Para empezar tocó dos canciones de cuna y una sonata, compuestas por él; a continuación leyó cinco piezas inspiradas en el romancero popular, cantó tres murgas, entonó dos habaneras y leyó completo el libreto de una función para títeres que acababa de terminar, utilizando una voz distinta para cada uno de los veinte personajes que aparecían. Tras el intermedio, imitó a Primo de Rivera y al rey Alfonso XIII; jugo a las adivinanzas; recordó anécdotas sucedidas en los cuatro años que llevaba viviendo en la Residencia de Estudiantes, intercalado entre ellas los célebres pasodobles En er mundo, Suspiros de España, España cañi, El gato montés e Islas Canarias; recitó su último poema, Romance sonámbulo, inspirado en una tragedia rural; y se disfrazó de enemigo de la Residencia y de Benito Pérez Galdós. Para terminar, como otros años, se tumbó en el escenario y simuló estar muerto durante unos minutos. (p. 37-38)
Muy bien, pensé, por esto es que dicen que es irreverente y deslenguada, pero como igual me pareció divertida la irreverencia le mande mis respetos telepáticos al autor y me quede un poco más tranquilo de que éste si iba a ser un buen regalo para mi padre después de todo. Rápidamente me enteré de que tan cabezón era Ortega y Gasset, de que por ahí deambulaba un jovencito chileno llamado Neftalí que le ofendía que no hubiera una palabra en español para designar el sillón de barbero y cuyo amigo, un tal Güidobro(sic.), lo opacaba con sus desplantes de pavo real rebelde y que usualmente se los topaban en la carreras ilegales de autos. De que Unamuno era vanidoso y egocéntrico aunque no avaro. Me enteré de lo incómodo y añejo que era Juan Ramón Jiménez a quien en la novela escuchamos hablar a través de su espeso acento andaluz, al principio dudando si no tendría un labio leporino u otro tipo de discapacidad de lenguaje:
En heneráh, sí puedo dessil-le que no tiene en primé lujá ninjuna hustificassión titulá la novla en injléh. Lo sejundo: la ponnojrafía. Me paresse indessente. Pero sha le he disho ante que la novela, tal y como sse entiende hoy por hoy, oblija al eccritó a dottá esta attituda jrosera y vurjare. Y, luego para qué voy a dessil-le otra cossa, su novela, má que una novela paresse un ahverssario. (p. 74)
Al insuperable encanto de estar oyendo hablar a semejantes ilustres figuras se une una narración ingeniosa que Orejudo reparte entre notas de periódico, cartas a diarios pornográficos de la época, citas de memorias (reales y falsas, aunque esta distinción no existe como ya se verá) y la tradicional narración omnisciente en tercera persona. Todo parecía indicar que la novela sería deliciosa como un postre. Pero de pronto, en determinado momento, el humor escatológico derivo inmediatamente en fellatio forzado, mutilación genital y una ensartada de revolver en el culo a alguien que por demás se lo merecía. En ese momento el lector naturalmente detiene la lectura sorprendido como cuando entre el arroz se cuela un diente de ajo completo e inesperado y al morderlo distraídamente invade la boca un violento sabor que no se parece a lo anterior. Muy bien, piensa el lector, no ha pasado nada, he leído cosas peores. Tras una leve inspiración se zambulle uno de nuevo en la deliciosa narración, hasta que en una de las cartas pornográficas el protagonista termina acostándose tanto con su madre como su padre. Talvez, pensé en ese momento, le regale mejor a papá un libro de Pérez-Reverte.
No hay duda, la novela es valiente, en varios sentidos. Orejudo no tiene problema en desmitificar e incluso vilipendiar a todos los grandes intelectuales de España. Para que un escritor haga eso en España, siendo español, hay que ser temerario, ya esta visto que lo que a uno lo hace reír al siguiente lo hace rabiar. Pero además de correrse el riesgo de indignar a los espíritus almidonados que no se saben reír, Orejudo decide meterse de vez en cuando con el resto de los mortales. Se siente en ese momento una temeridad casi suicida donde pareciéramos ver al autor acercarse al borde del precipicio y quedarse ahí meditando si sería capaz de saltar. A un loco que llega periodicamente a decir sandeces a un café donde se celebran dos de muchas célebres tertulias se le oye decir:
-Atención, por favor, estamos intentando organizar una guerra civil entre españoles, pero nos falta gente. Por favor, todos los interesados en participar en esta conflagración fratricida, que le den su nombre a un guardia. Puede ser una cosa divertida si la organizamos bien. Por favor, un poco de colaboración. Adiós. (p. 144)
Esta invitación, que parece un pequeño pero arriesgado divertimento sin sentido, dejado al azar en media novela para sobresaltar, en realidad le habla a una de las dos portentosas ideas centrales del texto, a saber: Que a la Historia la mueve siempre motivos personales. La otra idea, que es corolario de ésta, es que no existe una verdad histórica sino tantas como testigos o participes y que todas las perspectivas son verdaderas o ninguna lo es. Eso nos quiere decir Orejudo cuando pone en boca de un loco una invitación a una guerra fratricida que en realidad sí ocurrió. ¿Quién en su sano juicio aceptaría una invitación así? Esa guerra, como todas las guerras, son la suma infame de incontables rencores, envidias, perfídias, ambiciones y obtusos móviles personales.
De esto habla tambien el titulo. Fabulosas Narraciones por Historias arranca con un sólo epígrafe, que da origen al titulo de la novela:
Hubo también otro género de escritores que aunque publicaron sus obras con título de Historias, pero puédense llamar Fabulosas narraciones más que Historias; y ellos, fabuladores o poetas, no historiadores, porque entienden en complacer a los oídos con graciosas maneras de decir y con nuevos o inopinados casos más que con verdaderos hechos. Tercera carta de Pedro de Rúa (p.12)
Y ya aquí en el epígrafe vemos como la queja de Rúa, desconectada del contexto de donde nace, suena totalmente hueca. ¿Cuales son los verdaderos hechos? ¿Cuales las narraciones fabulosas? Esa disyuntiva es la que articula la novela de Orejudo que es en realidad la narración de una Teoria del Complot en la que una mafia literaria y comercial ejecuta un plan secreto para cambiar los gustos literarios del público español y engendrar una generación, todo para beneficio propio. ¿Tiene piernas esta fabulosa teoría? En la novela sí las tiene, de sobra. Y aun así, los personajes pendularmente o creen o descreen de ella según se ajuste a sus intereses personales. Tanto la teoría, como la postura de los personajes hacia ella confirman los postulados de Orejudo: A la Historia la mueven los motivos personales:
(...) porque lo pequeño - los pisotones, los gestos, las manías- siempre mueve lo grande, las grandes ideas, las grandes revoluciones, los grandes hombres(...) (p.289)
La novela no pierde tiempo en estas ideas, sin embargo. Su constatación nace naturalmente de la trama y las acciones y pensamientos de los personajes y no de ningún tipo de exposición directa. En este sentido, Orejudo ha logrado conjugar esos epítetos aparentemente contradictorios que le imputa la crítica, una novela inteligente pero también divertida. Ha escrito una novela que satisfacerá igualmente al que busque reírse con una narración divertida y fabulosa y al que busque el trasfondo filosófico de esta.
No puede dejar de señalarse la riqueza de ironías de una novela que para demostrar postulados posmodernos como la muerte de la historia y la pérdida de vigencia de los metarrelatos urde una trama donde las vanguardias modernistas resultan poco mas que un efecto secundario de un plan para matar al realismo decimonónico, todo por motivos personales.
Entre otras joyas que habitan la novela encontramos una argentina que intenta infructuosamente que un personaje que al final de la novela termina siendo un asesino caníbal la llame 'Mágica' y que hable con ella en un lenguaje inventado (por Cortázar) y bailen juntos bajo la lluvia. Ese mismo canibalismo, en la ficción racionalizado a posteriori por el discurso religioso, resulta ser además una metáfora acertada que de pronto alegoriza a los dos bandos de la guerra civil española y que de nuevo nos dice que todo sucede por razones personales.
Orejudo es un narrador hábil, divertido, inteligente y valiente y Fabulosas Narraciones por Historias es una de las mejores novelas de fin de siglo XX. Su lectura es requerida por que es una delicia y porque esta excelente novela, con su sabor, fuerte como el cocido, a veces demasiado fuerte, bien podría no haber visto la luz nunca. Ahora reeditada por Tusquets nos sorprende la audacia de Orejudo para incluir en la novela una carta que debe haber sorprendido a los editores cuando la encontraron cerrando el manuscrito y donde dice, entre otras terribles amenazas:
Le dejo, don Escritor Frustrado; no sabe usted dónde se está metiendo. Siga, si quiere, haciendo pasar malas ficciones propias por narraciones ajenas y alegando autores que no dicen lo que dicen o lo dicen de otra manera; continúe jugando al escéptico, al revelador de realidades o al filósofo aporético; adelante, no pare de ofender a su alrededor; pero, cuidado, no me lo publique, porque como publique esta mierda, esta gran mierda, entonces sí que va a saber usted quiénes somos.(p.379)
A papá le regale finalmente una novela más tranquilizadora, El Club Dumas. Fabulosas narraciones por historias me la quede yo y la coloqué junto a los Detectives Salvajes para que ambas, como los gemelos faros de un coche que avanza a gran velocidad iluminen la neblina que nos rodea, y no la carretera.
Me ha costado cogerle el ritmo al libro, al principio, sobre todo. Reconozco que inicialmente no sabía el tipo de lectura a la que me enfrentaba hasta que fui viendo que se trataba de una parodia. Considero que la novela es una sátira que juega con la idea de "relato de lo real" fabulando la realidad, escogiendo personajes históricos, mezclándolos con personajes ficticios y creando al final una ficción que pone patas arriba a la Edad de Plata de nuestras letras, que les baja de su pedestal y les convierte en esperpentos, en seres movidos por la ambición y las bajas pasiones. Cabe preguntarse si no hay en esa última idea un poco de realidad. Más allá de que me haya costado leerla en algunos momentos y que en otros incluso me haya resultado desagradable, le reconozco muchos méritos, sobre todo en su rica variedad estilística, en esa mezcla de registros en los que aparecen desde controvertidas discusiones sobre el arte y la literatura, hasta fragmentos pornográficos o imitaciones caricaturesca de otros autores, como es el caso de mi admirado Cortázar (y no puedo ocultar que la parodia tiene su gracia). Por otra parte, considero, sin embargo, que hay escenas y personajes que sobran, que hacen que la trama pierda equilibro y que no aportan mucho. Creo, que, en ese sentido, el autor se adelanta a las críticas en esa última carta del libro, con cuyo contenido he coincidido en algunos aspectos mientras leía el libro, y que poco más espacio deja a añadiduras. Este adelantamiento a las críticas en ese formato de ficción contribuye también a hacernos sentir un poco incómodos o, al menos, a mí me ha pasado, a los que hemos podido pensar igual que "María Luisa" en su misiva.
... -Los ricos siempre han permitido la existencia de artistas y de intelectuales disidentes porque les divierten, porque están ahítos de poder y de placer y buscan secretos vitales desconocidos para ellos, que les liberen de tanto hastío. Los escritores, los poetas, los pensadores y los artistas somos como los enanos de Velázquez. La única actitud revolucionaria es no publicar, renunciar a divertir a esa gentuza, no seguirles el juego, dejarles que se ahoguen en su desidia y en su mierda. Yo sigo escribiendo porque me divierto mucho haciéndolo. He debido de terminar dos o tres obras y algunos libros de poemas, pero lo he quemado todo. No publicaré jamás y tampoco les divertiré cuando me muera. Sólo quiero que se jodan.
Lo que de inicio parece una novela ligera y juvenil se va retorciendo cada vez hasta convertirse en un libro que, por momentos, se atraganta y que avanza pesadamente mezclando ficción y realidad, con un buen puñado de personajes que no son mas que algunos de nuestras mejores plumas de principio de siglo y donde no sabes donde acaba la ficción y comienza la realidad...
Pocas novelas debut pueden presumir de ser tan completas, originales y adictivas. Todo eso y más consigue Antonio Orejudo con Fabulosas narraciones por historias, novela en la teje una increíble telaraña y a la vez mosaico de la sociedad burguesa en el Madrid de principios del siglo XX, a través de una narración de ritmo tranquilo y que se detiene con esmero en las conversaciones entre intelectuales que se daban en las cafeterías de la capital española.
Vemos a muchos personajes famosos de la época como Unamuno, Ortega y Gasset o Lorca, entre otras muchas personalidades de la cultura que hoy en día son unos clásicos. Asistimos a sus discusiones, su genuino prisma con el que ven el mundo y también se nos hace partícipe de sus más secretos anhelos, mientras nosotros, lectores, vemos suceder la historia a través del trío protagonista: chicos jóvenes que se adentran en cerrado circuito intelectual de un modo poderoso y pasional.
Es increíble observar en Fabulosas narraciones por historias la asombrosa capacidad de su autor para hacer creíble lo que, como bien dice el título, son narraciones que si bien pueden basarse en ciertas fuentes históricas, no dejan de ser fabulaciones que atrapan desde el principio gracias a la habilidad de Orejudo para desarrollar las escenas con frescura e ingenio.
Un libro que más que recomendar, imploro para que sea leído.
Desigual. Da la impresión de que la segunda mitad del libro está escrita con el piloto automático. Y es una pena, porque las primeras 300 páginas -más o menos- están escritas con mimo e incluyen un montón de escenas memorables -y muy divertidas- en las que Orejudo se mofa de los escritores que se alojaban en la Residencia de Estudiantes de Madrid antes de la guerra y del aura de intocables con que se les ha rodeado.
Perfecta manipulación de fragmentos históricos para recrearlos en narraciones fabulosas... o ¿quizás sean fabulosas narraciones con las que recrear la historia? En cualquier caso un libro divertido, potente, bestial, redondo. Muy recomendable.
¡Qué viaje tan… ¿fabuloso?! No sabría decir qué retrogusto literario ha quedado en mi tras leer esta novela, quizás asco, quizás una risilla nerviosa, o lo más probable una cara de boba que no puedo con ella. Me ha gustado mucho la pluma de Orejudo, de verdad que me ha enganchado y como amante y estudiante de la literatura veo lo mucho que sabe el, casi todo lo que nos quiere decir y el porqué de cada fabulosa narración. Es un libro que recomiendo a todo aquel que busque lecturas que no te dejen l misma sensación de siempre, es un libro para inconformistas, escépticos, prejuiciosos, un libro que invita a reír a la vez que piensas en lo absurdo de tu risa. Buen libro!
Grandísima novela de uno de los mejores novelistas contemporáneos de España. Empezando desde la mítica Residencia de Estudiantes de Madrid, Orejudo refleja, reflexiona sobre y critica la historiografía de los años treinta y lo posterior. Narra la vida de tres compañeros ficticios de aquella institución, quienes dan sus opiniones de los famosos residentes (Lorca, Gómez de la Serna, Juan Ramón Jiménez, Ortega y Gasset…), y reflejando asimismo los distintos caminos que lleva cada uno de ellos. Así, Santos -un muchacho de origen rural- tiene que adaptarse a la vida urbana; Martiniano -sobrino de Azorín- jura venganza por el trato que ha recibido su tío por parte de los intelectuales; y Patricio sueña con publicar su novela, lo cual resulta difícil en aquellos años en que la poesía obsesionaba a la clase intelectual.
La novela está completamente de acuerdo con el espíritu de nuestra época: no hay una sola verdad, sino que la Verdad consiste en una vista panorámica de distintas opiniones. Con reflexiones sobre la historiografía de la literatura, de la historiografía en general y de sus repercusiones sobre nuestros días, es un documento de gran valía. Eso no impide, sin embargo, que sea una lectura muy entretenida, gracias a que el estilo de Orejudo es uno lleno de guiños e ironía. Por su ambientación, algunos la han descrito como "novela histórica", sin embargo, el tono crítico y reflexivo la distingue de ese género. Siendo la primera publicación del autor, es un buen libro para entrar en el universo de Orejudo, que es caracterizado por su humor poco morbo a veces pero muy personal y lleno de sentido.
Un zas en toda la boca. Un libro divertidísimo, violento y fascinante que empieza en la Residencia de Estudiantes de Madrid, en pleno frufrú de las tertulias intelectuales y las tiranteces políticas. ¡Qué descubrimiento Orejudo!
Acabo de terminar "Fabulosas narraciones por historias". Me encantó. Las voces diferentes de la narración que se entrelazan y que tienen siempre sus razones y puntos de vista, todos plausibles. La historia de una amistad que pasa por literatura, política, gamberradas y cerdos. Cuando terminé de leer, pensé que solo el mediocre Santos a su manera tuvo éxito. Después me di cuenta que él mató dos o tres hombres (y tal vez comió un amigo) y quemó un palacio y ... Es algo que no se suele llamar mediocridad.
Fabulosas narraciones por historias de Antonio Orejudo, publicada en 1996 y ganadora del Premio Tigre Juan es una novela histórica de corte paródico en la que los personajes más reconocidos del momento -los años 20 y 30 del siglo pasado- son puestos en solfa a través de una ficcionalización imaginativa (historias fantásticas) tomando la base nominativa y algunos textos reales de unos y otros (José Ortega y Gasset, José Moreno Villa, Alberto Jiménez Frau, Juan Ramón Jiménez...) pero de manera histriónica. Los grandes personajes de la historia literaria agrupados en torno a la Residencia de Estudiantes son presentados con nombres populares o coloquiales que bajan a tierra a los seres míticos: Juan Ramón es Juancho; Ortega y Gasset, Pepe Ortega; Moreno Villa, Pepe Moreno o simplemente el Moreno; Ramón Gómez de la Serna es Moncho; etc., etc.
Junto a estos sere reales, pero ficcionalizados de modo muy imaginativo, se mueven los tres grandes protagonistas de la novela (Martiniano, Santos Bueno y Patricio Cordero) que actúan como reventadores de lo considerado más serio de la denominada Edad de Plata literaria y cultural española. El centro de su actividad es la Residencia de Estudiantes que consideran máquina creada por Ortega para instaurar una nueva estética que se lleve por delante el gusto popular por, por ejemplo, la novela realista tipo Galdós. Además de intentar reventar esta valorada institución, este comando de activistas contraculturales centrarán sus acciones en las tertulias que tanto predicamento tuvieron en España en ese período.
Toda la diversidad sociopolítica que existía en la España que va de 1923 a 1939 fundamentalmente, si bien en las últimas páginas y en algunos de los fragmentos que sucesivamente vienen a componer la novela las fechas se aproximan a nuestro momento vital: 1977, 1986 e incluso 1996, aparece reproducida en la composición de los estudiantes de la Residencia (los Republicanos, los ???, los ???) y los grupos de intelectuales que acuden a las dos tertulias que compiten entre sí en el Café Jute.
[…] Ya ve usted, nos pasamos media vida huyendo de nuestro origen, saliendo de la casa paterna, alejándonos del barrio, de la ciudad, del país donde nacimos, y luego nos pasamos la otra media intentado regresar. ¡Pero es tan difícil regresar! […] porque los lugares de la juventud sólo existen en el recuerdo.
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[…] Después de comer, tras vencer la resistencia de Martini, tomaban café en el Círculo de Bellas Artes, donde se reunía la tertulia de Patricio, compuesta por mucho pseudofamoso y mucho tipo con apariencia externa de genio, sin uno solo de sus productos. Martini se ponía a cien escuchando a aquellos glosadores de lo obvio, amantes del vacío hipnotizados por las esdrújulas. […] ¿Qué estaba de moda? ¿Ser un intelectual? ¿Ser un culto? ¿Ser poeta? Pues, venga, todos intelectuales, todos cultos, todos poetas. Ya lo había dicho: él no soportaba a los intelectuales y los cultos le aburrían. De los poetas, mejor no hablar. Menuda gentuza. Patricio en cambio pensaba que las tertulias eran un fenómeno que nacía espontáneamente a causa de la necesidad que tenía la gente de comunicarse y de compartir experiencias unos con otros. De la necesidad de lucirse unos ante otros, consideraba Martiniano.
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-No se preocupe, amigo, no se preocupe por Donaciano; no es nada personal. Donaciano no lee: le da miedo. Dile por qué, Donaciano.
Con tono de infinita paciencia, como si hubiera repetido la misma contestación un millón de veces, Donaciano respondió:
-Porque los libros hacen lo que quieren con nosotros. La gente cree que lee lo que quiere y que opina lo que a su señora mente le da la real gana, pero no es así. Las novelas, las poesías, los periódicos, las revistas, todos los libros están llenos de trampas para obligarnos a sentir y a pensar lo que ellos quieren que sintamos y pensemos. Yo me quedo al margen.
Escribía Carmen Boullosa refiriéndose a los infrarrealistas mexicanos:
"Eran el terror del mundo literario. Antes de comenzar mi primera lectura de poemas [....] me encomendé a Dios –en quien no creía por lo regular, pero a alguien tenía que pedírselo– para que por favor no fueran a aparecer los infras. [….] Me daba horror leer en público –me parecía que eso era realmente de payasos–, pero al temor de la tímida se pegaba el pánico del ridículo: los infras podían aparecer, irrumpir a media sesión y llamarme tonta (que vaya si lo era, no había conseguido armar un poema decente...
Genial de principio a fin. No sólo engancha la historia sino que es necesario tirar de google para comprobar que algunas de las historias no son ciertas. Disfrute total.