Hay autoras que te cuentan cosas, pero Idea Vilariño te las deja ardiendo en las manos.
Siento que esta obra es como una confesión lanzada a quemarropa, como si cada verso fuera lo último que puede decir antes de romperse… o antes de salvarse.
Idea escribe como quien camina a oscuras, pero con una lucidez feroz sobre lo que siente. Nada de adornos, nada de excusas: solo la verdad, la suya, que se vuelve también la nuestra. Sus palabras te arrastran, te conmueven, te dejan pensando en tus propios naufragios.
No es un libro para salir indemne. Es un libro para dejarse atravesar. Para entender por qué Idea Vilariño no solo escribe: quema, hiere, despierta. Y es por eso que me es imposible no admirarla. Pizarnik y Vilariño son mis escritoras favoritas. Para mí, mientras que la primera es la tormenta que arrasa con todo a su paso, la segunda es el terreno devastado tras la tormenta: un agua serena que te empapa sin ahogarte, que calma y golpea al mismo tiempo.