Me hice con este libro solo porque me sonaba vagamente haberlo leído en el colegio, para ver si encontraba alguna imagen que me sacara de dudas. Sin embargo, no he podido confirmar ni desmentir el recuerdo. Es bastante malo, aunque tampoco para darle una estrella, porque no ha llegado a enfadarme; reproduce todos los tópicos tóxicos de finales de los 80 pero se salva por los pelos. Bastante prescindible.
Mi edición no es la de la foto sino que es la de Austral Juvenil de Espasa Calpe en castellano que la he conseguido de segunda mano porque me hacía ilusión que fuera la misma edición original en la que me lo leí de pequeña hace 30 años y quería que fuera con la misma portada que recordaba con tanto cariño. El libro es una maravilla y las ilustraciones son geniales. Muy recomendable también para adultos a los que les guste la literatura juvenil. Se lee en una tarde pero es muy entretenido y entrañable. Es fácil identificarse con Max, el niño fantasma que tiene que superar sus miedos a los humanos y cumplir las expectativas de sus padres. Son malos tiempos para fantasmas porque la gente ya no cree en ellos y los humanos están más asustados por "el fantasma del paro y por no poder echar gasolina a sus apestosos coches". Todo el mundo de Max se tambalea y hay que adaptarse a los nuevos tiempos. Tendrá una misión muy importante y el futuro de la profesión de fantasma dependerá de ello. Una historia de resiliencia en clave de humor. El abuelo es muy divertido siempre perdiendo la cabeza. Los primos vampiros que son unos consentidos también son geniales. Muy recomendable.