Que un poemario se atreva al humor y a lo lúdico merece horas de aplausos. A veces resulta complicado acercarse a la poesía por el aura de solemnidad con que se le ha ungido, pero hay libros que usan esa cerca de púas como columpio y exploran el reverso de la seriedad. “Vergüenza” es así, un juego que se vale de la cultura pop, el uso indistinto del inglés y el español, catástrofes naturales y literatura clásica para cantar la catástrofe de ser dolorosamente joven en el siglo XXI. Es un poemario sin certezas ni convicciones apabullantes bajo las cuales no se puede respirar. Es puro aire, preguntas, versos a los cuales les falta la última palabra: quién sabe si porque podría ser cualquiera (una bofetada a la idea de que la poesía está hecha sólo de palabras precisas) o para que el lector la ponga: “Muévete / tírame / a ver cómo chingados le haces / tierra bruta / que no sabes hacer nada / más que escupir pastos / y matar a mis padres / y tragarte sus/”. “Es una excusa dulce/ como cierta tristeza temprana / infantil melancolía / como darse cuenta de pequeña que / hay algo terrible / agazapado bajo la / con los ojos fijos en / pero está tan lejos que /". Hay que decir que los poemas de Martha se convierten en otra cosa cuando los recita en voz alta. Piensen en el opuesto total del cliché de una lectura de poesía, la antípoda de los viejitos apoltronados en una mesa con un mantel de terciopelo verde hablando de senos turgentes. Háganse un favor y miren “Vergüenza de los apelativos” aquí: https://www.youtube.com/watch?v=IFQiY...
Sin vergüenza lo digo: no conecté con varios textos. Pero hay libertad y atrevimiento. Más lineas que versos. A veces hay cortes que no por realizados con una mano experimental dejan una cicatriz de sentido. Hay explosiones personales en cuyo eco no cabemos. A Martha Mega le gustan las minúsculas, las postales, el erotismo y los poemas rebeldes. Me parece que más que las imágenes le interesa jugar con la acción. Si la página es un escenario, este libro está lleno de escenarios donde a ratos pasan cosas incomprensibles. Con todo, qué importa si los experimentos fallan mientras la curiosidad siga intacta. Lo mejor: un tono actual melancólico, aguerrido y también divertido, así como referencias a nuestra forma de vida social (tinder, brincar de una relación a otra, funación órfica, el exilio, la sororidad); en especial el último poema, "Groupies", me gustó. Lo peor: tropiezos posmodernos everywhere.
Conocí a Martha Mega en la Feria del Libro del Zócalo (CDMX, Méjico). Recuerdo que de primera impresión me gustó mucho... bueno, no sé si mucho, pero sí me gustó. Por ello, compré el libro, esperando maravillarme con sus palabras una y otra vez, cada que leyese su libro.
No fue así.
Lamentablemente, ahora que ha llegado el momento de leer sus páginas, lo único que me provoca es... vergüenza. Me avergüenza tener este libro, me avergüenza haberlo comprado, ni siquiera sé qué fue lo bueno que le vi porque, ya de cerca, no le veo nada bueno. Ni un sólo verso me gustó. Nada. Este libro no tiene nada para mí.
Ya vendrán otros lectores con mejor recepción que la mía. Por lo pronto, que siga su camino porque yo seguiré el mío.
Yo no sé si escribir vaya a salvarlx a unx, de un meteorito o de la siguiente pandemia. Y, tú me dices mar, pero yo quiero que me digas amor que no todo fue naufragar. Tatuado en el cora llevo estos versos. Y alguna vez escucharla cantar con el cuerpo en persona fue un regalo.