Archie, el narrador, está en su ataúd. Está muerto y se encuentra rodeado de sus familiares en su última despedida. Pero lo que estos no saben es que Archie no está muerto realmente, sino que él y su socio Larry han experimentado con una droga cataléptica. Sin embargo, todo se complica cuando se comete un crimen ante sus ojos.
‘Que no se entere ni el diablo’ (1976), de Silver Kane (seudónimo de Francisco González Ledesma), es un curioso bolsilibro de suspense y terror. No soy muy de Silver Kane, pero esta historia está bastante bien, y el giro final da que pensar.