como siempre espectacular
«A matar fascistas». ¿Para qué si no se alistaba uno al ejército republicano? Cosas de Doy scout, razonó Miller, un acto idiota. Orwell replicó con vehemencia que se trataba de asegurar que hubiera un futuro para escritores como ellos. Si el fascismo se imponía no habría jamás libertad de expresión ni espacio para la literatura.
la disolución de las viejas milicias obreras —que estaban organizadas con un sistema genuinamente democrático y en las que los oficiales y los hombres cobraban la misma paga y se mezclaban en pie de igualdad— y su sustitución por el Ejército Popular (de nuevo, en la jerga comunista, el «Ejército del Pueblo»), estructurado en todo lo posible a la manera de un ejército burgués convencional, con una casta privilegiada de oficiales, diferencias inmensas en la paga, etcétera, etcétera.
En términos generales, la propaganda comunista se sustenta en el terror que infunde en la gente en relación con los horrores (por entero reales) del fascismo.
Me he dado cuenta de que mucha gente nunca se ríe estando sola, y supongo que si un hombre no se ríe cuando está solo su vida interior debe de ser relativamente estéril.
Todas las profecías se equivocan y, por tanto, esta también lo estará, pero me arriesgaré y diré que, aunque la guerra tal vez acabe pronto o acaso se prolongue durante años, terminará con una España dividida, ya sea por fronteras reales o en
zonas económicas.
Son tiempos de tomar partido, no de desapego; unos tiempos en los que resulta especialmente difícil ver los méritos literarios de un libro con cuyas conclusiones no estemos de acuerdo. La política —la política en el sentido más general— ha invadido la literatura hasta unos extremos que no acostumbramos a encontrar, y esto ha llevado hasta la superficie de nuestra conciencia la lucha constante que existe entre el individuo y la comunidad.
Vivimos tiempos en los que el individuo autónomo está dejando de existir; o quizá deberíamos decir: en los que el individuo está dejando de tener la ilusión de ser autónomo.
hay varias diferencias fundamentales entre el totalitarismo y todas las ortodoxias del pasado, tanto en Europa como en Oriente. La más importante es que las ortodoxias del pasado no cambiaban, o al menos no lo hacían rápidamente. En la Europa medieval, la Iglesia dictaba lo que debíamos creer, pero al menos nos permitía conservar las mismas creencias desde el nacimiento hasta la muerte.
en cualquier pub uno puede comprobar todas las noches que los discursos retransmitidos y los noticiarios no causan ningún efecto en el oyente común, porque están pronunciados en un lenguaje afectado, pedante y, por cierto, con acento de clase alta.
al leer la prensa de izquierdas uno tiene la sensación de que, cuanto más alto pontifican algunos sobre el proletariado, más desprecian su lenguaje.
Por descontado, el lenguaje popular no consiste solamente en ser coloquial y evitar palabras que den lugar a confusión. Está también la cuestión del acento.
En nuestra época, la libertad intelectual está siendo atacada por dos flancos. Por un lado, están sus enemigos teóricos, los apologistas del totalitarismo, y, por otro, sus enemigos más inmediatos, los monopolios y la burocracia.
. La libertad intelectual es la libertad de informar de lo que uno ha visto, oído y sentido, sin estar obligado a inventar hechos y sentimientos imaginarios.
Desde el punto de vista totalitario, la historia es algo que se crea y no algo que se estudia.
los enemigos más inmediatos de la verdad y, por tanto, de la libertad de pensamiento, son los magnates de la prensa y la industria cinematográfica y los burócratas,
• La literatura en prosa, tal como la conocemos, es el producto del racionalismo, de los siglos de protestantismo, del individuo autónomo, mientras que la destrucción de la libertad individual paraliza al periodista, al escritor sociológico, al historiador, al novelista, al crítico y al poeta, por ese orden.
la prosa consiste cada vez menos en palabras escogidas en aras de su sentido, y cada vez más en expresiones y frases ensambladas como si fueran las piezas de un gallinero prefabricado.
Ahora bien, si el pensamiento corrompe la lengua, también la lengua puede corromper el pensamiento. Un mal uso del lenguaje puede extenderse mediante la tradición y la imitación, incluso entre aquellas personas que deberían saber que es algo nefasto.
en el caso de todos los partidos, desde los conservadores hasta los anarquistas— está diseñado para que las mentiras suenen a verdad y los asesinatos parezcan algo respetable; para dar aspecto de solidez a lo que es puro humo.
La reducción de los salarios y el aumento de las jornadas laborales son medidas consideradas intrínsecamente antisocialistas y que por tanto deben ser descartadas de antemano, al margen de la situación económica que se viva.
. Al pueblo ruso le enseñaron durante años a pensar que estaba más acomodado que cualquier otro, y los carteles de propaganda mostraban a familias rusas sentadas en torno a comidas abundantes mientras el proletariado de otros países se moría de hambre en los barrios bajos.