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248 pages, Paperback
First published January 1, 2017
- Cada día algo de nosotros muere, eso es cierto -dijo [Antón]-. Pero no muere la totalidad, no muere lo más importante. Nulán podría no morir. ¡Yo podría no morir nunca!
[...]
"Yo, hubiese dicho Tucán, es la migaja que queda al final del día, después de la batalla que somos".
- Soy sanadora, y ninguna otra cosa. Pero puedo decirte que es bueno conocer aquello que hoy necesitamos. Pero mucho saber quieto y ocioso, mucho saber que no puede transformarse en amor, es veneno.
Cuídate, la palabra que está al comienzo y al final del amor. La palabra que eligiría una madre para la última despedida. Cuídate, como el lento aleteo de una mariposa condenada.
"Primero el pueblo humano pierde y daña, codicia, hiere, arranca, expulsa, horada. Cuando es tal la catástrofe es tal la polvareda. Y entonces lo vemos todo empañado, todo sucio. Ese es lpunto donde aparecen los dioses. Ni antes ni después, sino cuando todo a nuestro alrededor nos da vergüenza. Los dioses, grandes o pequeños, no son más que eso, ni menos que eso.
En Nulán, en los brutales estragos de su cuerpo, se resumía el origen de un Elegido. No aquel que crece, capa sobre capa, sino el que se deshace de su nombre. El que no se espía a sí mismo, ni en el dolor ni en la grandeza; el que ha perdido todo temor a la muerte solo porque dio a su muerte un sentido. [...] Porque un Elegido es lo opuesto a la soledad y a la importancia.
"Porque aquellos hombres arayé habían danzado, ahora podían morir."