Con un humor tan brillante como corrosivo, Naief Yehya narra esta epopeya de nuestra intrascendencia. Las cenizas y las cosas es la desternillante aventura de un tipo con poca voluntad y menos suerte, así como una foto -tomada con un celular de los noventa- de la tragicomedia humana. Nueva York , finales del siglo XX. El escritor mexicano-iraní Niarf Yahamadi recibe una invitación a inaugurar un auditorio con su nombre, en la Academia Cuauhtémoc de San Ismael. Se trata de un homenaje a su notable carrera y sus aportaciones a la cultura. El escritor queda ¿cuál carrera notable, qué valiosas aportaciones, dónde diablos está San Ismael? Ante la extravagante proposición, lo prudente sería declinar, pero una razón borrosa lo empuja a quizá la curiosidad, un dejo de vanidad o el simple deseo de salir por unos días de esa ciudad aplastante y de su erosionada vida de escritor. Al llegar a San Ismael, una especie de inercia funesta y trivial azota al nadie acude a recogerlo a la estación de autobuses y la directora de la Academia lo toma por un pervertido prepotente. De pronto sobreviene una tragedia en forma de erupción volcánica. El escritor consigue escapar de la catástrofe y en el avión de regreso a Nueva York vuelca su frustración en la escritura de una nueva novela. Hay planes de publicarla, de presentarla en un prestigioso programa de televisión. Es septiembre, 2001 . Nada de esto ocurrirá y las cenizas volverán a cubrir todas las cosas.
Nació en la ciudad de México en 1963. Es ingeniero industrial por la UNAM, narrador, periodista y crítico cultural. Ha publicado las novelas La verdad de la vida en Marte, Camino a casa y obras sanitarias; los relatos Historias de mujeres malas; así como los ensayos Pornografía. Sexo mediatizado y pánico moral, Guerra y propaganda y El cuerpo transformado, en los que desvela varios de sus principales objetos de estudio: los mecanismos de control mediáticos, el impacto cultural, social y emocional de la tecnología en el ser humano y la pornografía. Su obra también ha sido incluida en varias antologías de cuento, crónica y ensayo.
Ha colaborado en el suplemento cultural La Jornada Semanal, con la columna La Jornada Virtual, uno de los primeros espacios dedicados al estudio de la cibercultura e Internet; en los diarios El Financiero, Reforma y Milenio; en las revistas Etcétera, Complot, Viceversa, Revista de la Universidad Nacional y Artnexus, entre otras. Actualmente colabora en Letras Libres y la revista en línea Terra Magazine.
De formación interdisciplinaria, Naief Yehya es reconocido como uno de los mayores expertos en la relación cultura-sociedad-tecnología, el fenómeno pornográfico y la propaganda. Sus escritos pueden versar sobre todo tipo de temas: desde el cine de ciencia ficción hasta el escándalo hipotecario en los Estados Unidos, dibujos animados o los casos de dopaje entre deportistas olímpicos.
La migración, la “era pre-internet”, el 9/11, el abandono, el fracaso (laboral, creativo, amoroso) son algunos de los temas que el narrador, ensayista, crítico cultural y pornógrafo Naief Yehya aborda en su novela “Las cenizas y las cosas”: un escritor de origen iraní, que llega a vivir a la Ciudad de México para después, gracias a una beca, radicar en la Gran Manzana. Esto pareciera forzar los espacios geográficos con el mero objetivo de expandir los acontecimientos narrados; aunado a esto, el viaje que realiza a China (cuyas razones no revelaré), anécdota que se entremezcla con la rama principal de la novela: el viaje de Niarf Yahamadi, el protagonista, a una academia perdida en el remoto pueblo de San Ismael, generaron originalmente en quien esto escribe una mueca de desilusión. Demasiadas digresiones solo para que abundaran las páginas de una historia que podía resolverse con pocas páginas. No obstante, el autor logra enhebrar todos los hilos dispersos en un final bien logrado. Efectivamente, Yehya no será el mejor narrador de su generación (lo que sea que esto signifique), pero es divertido; su humor, incisivo e irreverente, permite una lectura ágil y entretenida. “Mi intención no era hacer un panegírico doloroso y lastimero, sino todo lo contrario, regodearme con esas miserias y hacer de esa condición algo un poco más cómico”, aseveró el escritor en una entrevista, y creo que lo logra bastante bien. De nuevo, sin ser la gran obra, “Las cenizas y las cosas” tiene bastantes guiños que harán sonreír a más de un lector.
Una novela genial. Triste. sarcástica y absurda. Es la crónica de un cabrón que no sabe decir que no y, gracias a su cómoda actitud ante los problemas, tenemos una historia excelente.
Las cenizas y las cosas es un libro de viajes en diversos sentidos. No sólo porque la narración nos lleve por el Bronx, en Nueva York; Guiyang, en China; o en San Ismael en México. Es, también, un libro de viaje por la vida atormentada de un escritor (el protagonista) que, además, viene de Irán y va a quién sabe dónde. Nada más desalentador que escuchar las posibles influencias del autor, que si se parece a tal o cual clásico, que si el humor lo heredó de fulano de tal, que si el absurdo es igualito al de perengano. Por eso, en esta ocasión opté por una no reseña.
En el caso del nuevo libro de Naief Yehya (NY), la historia puede que no sea original, ni divertida, tampoco importaría si fue plagiada de una película… lo relevante es cómo la entrelaza en un laberinto que no va a ninguna parte, o casi. El argumento se puede contar en dos o tres líneas, trata de esto y de aquello. En el medio ocurre esto o lo otro, vamos, que con una mirada a la últimas páginas sabremos qué pasó. Pero en esta novela, la desolación va de la mano del humor. En escenarios sórdidos, cuales páramos post orwelianos, el protagonista es un héroe del cual casi nadie gustaría identificarse pero sí condolerse a la manera de la literatura sufí. Al final el sentido del humor, a la manera Nasrudin, es un hilo conductor que atrapa en toda la historia.
Sin aires de la crítica literaria, cualquier lector se percata que el narrador desnudará su vida sórdida en la ciudad de Nueva York (NYC) y cómo desde la mediocridad se lanza a un viaje a su país adoptivo, México. Pero como esto no es una reseña, no diré qué le mueve sino cómo. Las cenizas y las cosas se lee de un tirón pero no se procesa como alimento chatarra. Yeyha armó una estructura donde desde el principio nos cuenta todo, incluido el final. Se divide en seis partes, brinca de NYC a China, y luego de NYC a San Ismael (ciudad inventada por el autor). Como libro de viajes, y por ende de aventuras, el autor no nos suelta. No imagino a nadie que en sus cabales lea hasta la parte tres y luego deje para mañana las otras, ¡te la echas de un tirón!
El secreto está en la narrativa, el personaje Niarf Yahamadi (no confundir con Naief Yehya) es un alma en pena, no se encuentra en ninguna parte. Abre un correo, lee una invitación que le parece una broma y a pesar de ello, responde. Su esposa le involucra en una aventura de locos a China y a pesar de ello se embarcan. En México, ya sabe que “las cosas” (segunda parte del título) ocurren de una forma distinta y mete las cuatro.
¿Por qué puede ser interesante el protagonista? No es un héroe, tampoco es un pusilánime, pienso que se acerca a lo bucólico y que sus viajes como los de los grandes héroes de la literatura son para encontrarse a sí mismos. Y, claro, como NY, el autor, dibuja muy bien a NY, el protagonista, es evidente que termina en NY, la ciudad, donde, dicen los que saben uno puede ser la estrella por un día como Trump o mimetizarse como Zeling.
Los mexicanos nos ponemos persas cuando echamos trago, Naief Yehya es persa de origen. Tal vez de ahí, de su doble condición cultural -mexicano-iraní, se le dé el pesimismo y la buenaventura, al mejor estilo sufi. Yehya, además de escritor, desarrolla apasionados análisis de política y tecnocultura para diversa revistas y periódicos nacionales. A caballo, entre dos megaciudades (NYC y CDMX) utiliza el español como una forma de exploración literaria, Las cenizas y las cosas es su primera novela con el sello Penguin Random House y aún está calientita en librerías de San Ismael y de todo México, por lo pronto.
Como Esperando a Godot, así es esta novela pero también la vida. Una serie de infortunios le suceden a un escritor, supongo, mediocre; pero esos infortunios son tan insólitos que empujan al lector a continuar, para ver si en algún momento la fortuna le voltea a ver con buenos ojos. No conozco al autor, pero este mes me propuse leer a un escritor mexicano, ya que no lo hice en febrero y no lo hice en marzo. Tal vez debía haber escogido a Carlos Fuentes o Alberto Chimal, pero no. Elegí a un desconocido con nombre iraní, por pura curiosidad. Pareciera que todo está destinado a fracasar, así que cada derrota de la vida es, aparentemente, asumida por protagonista como una raya más para el tigre. La anécdota que detona la narración es fascinante, un homenaje por su distinguida trayectoria; y cuando creemos que vamos a conocer su distinguida trayectoria lo vemos envuelto en una relación altamente tóxica con Pris. Pero más que tóxica, incomprensible. Esta nos deja ver el temperamento de Naief, el protagonista. Casi estoico, resignado a lo que venga, aunque lo que venga es del culo. El personaje es incluso hasta repelente, y si no se esforzara tanto para sobrellevar su propia historia uno creería que es un típico escritor arribista, porque sí, él trata de aprovechar las oportunidades pero nada parece seguir el buen curso esperado. Verlo pasar por China, para adoptar una niña; luego en San Ismael consolando a una secretaria y más adelante queriendo ayudar en el 9/11 nos deja ver que esto no tendrá un final diferente a como inició su historia. Lo mejor de todo, por supuesto, es lo que tiene que ver con el Volcán... y todo lo que gira en torno a cuando un fenómeno natural debe tratarse desde el ámbito de la política y con el merecido "cuidado". No es un persona entrañable, ni siquiera sientes empatía, hasta piensas que se lo buscó; pero es una historia memorable; aunque la calidad de la escritura no es destacable.
Lo más amable que se puede decir de esta novela es que Yehya busca emular la literatura absurdista de Kafka. Como este estilo de literatura no es del agrado de todos, solo aquellos que hayan disfrutado de obras como “El castillo” y “El proceso” de Kafa encontraran esta novela inteligible. Yehya empieza estableciendo una historia incongruente pero dentro de un marco razonable, este marco va desapareciendo con el progreso de la obra y esta termina descendiendo en una espiral de situaciones, conversaciones y acciones cada vez mas incoherentes. La cantidad de alusiones a situaciones con paralelos en el mundo real sin duda da una abertura para un análisis más benevolente sobre el valor literario de esta obra, pero esto solo es posible para lectores que puedan digerir el estilo tan particular de este género de literatura.
3.5 estrellas. Un libro entretenido, diferente, con un humor bastante ácido. Es una novela construida a partir de varias historias que le ocurren al mismo protagonista en distintos momentos de su vida. Podría parecer un sinsentido, de hecho en algunos momentos hacia el desenlace me pareció que la narrativa coqueteaba con el realismo mágico, pero al final el autor consigue su cometido y nos cuenta la historia detrás de la historia.
Es un libro muy divertido sobre un escritor al que nada le sale bien, a quien nadie lee y ya no quieren publicar. Trabaja como traductor y sobrevive como puede. El sinsentido de su vida es puro humor negro. Tiene pasajes muy locos que se contrastan con imágenes muy poéticas. Lo recomiendo para llevar en un viaje corto.
Entre las cenizas y las cosas se encuentra el humor negro de Naief. Prejuicios sociales y raciales desde los dos lados del Río Grande. Ser siempre un extranjero. Un libro que se disfruta leer.
Me encantó la narrativa, excelente! ! Con un humor que es mi tipo de humor, como solo un mexicano lo puede hacer! Libro sencillo que te narra las peripecias de un escritor por la vida!
Sarcástica, llena de humor negro y pesimismo. Narra los logros y los "no-logros" de un pobre diablo que lo único que quiere es un poco de estabilidad (en todos los sentidos) Niarf, un escritor que no es muy relevante en el medio; recibe una invitación a inaugurar un auditorio con su nombre por sus notables logros pero, ¿Cuáles logros? Guiado por su curiosidad y un poco de ego, acepta. De aquí en adelante las cosas no hacen más que complicarse al punto que se queda varado en San Ismael (pueblo donde lo van a "homenajear"). Con una pluma bastante sencilla, el autor cuestiona la estabilidad que la vida adulta y profesional te promete, las altas expectativas que nosotros nos creamos y el duro golpe de los fracasos (laborales, de pareja, paternales).La falta de voluntad que tenemos para decir dos simples letras: no. Creo que es una novela que no trata de blanquear la vida. Con ella viene los fracasos y hay que aceptarlos. La vida es gris, como las cenizas.
Podría decirse que es una novela que llega años tarde, sin embargo, su sola concepción en los anaqueles para el momento en el cual se pensó publicarla y mientras ocurrían los sucesos del atentado terrorista a las torres gemelas, lo hace un material relativamente peligroso para el autor si tomamos en cuenta el fanatismo que se vivió en esos años de inicios de siglo. La novela se sitúa en un contexto global donde un prolífico ensayista nos relata las dificultades en su relación matrimonial y la obsesión de su pareja por formar una familia.
This entire review has been hidden because of spoilers.
Al principio parece una obra del absurdo y después gira hacia lo pesadillezco, por lo que es una novela de lectura ágil que atrapa fácilmente. Parece una comedia de los errores en la que todo lo que puede salir mal, sale mal. Hay algunos cabos sueltos, como la historia del matrimonio y la posterior adopción de un bebé que sale mal que no se termina de entender a dónde va en la generalidad de la novela. El personaje parece actuar por impulso sin pensar en consecuencias de ningún tipo.