Publicada en su primera versión (1939), con el título de «El lugar de un hombre», por la editorial Quetzal, fundada por Sender al llegar a México, la obra debía haber sido terminada poco antes de su exilio, aunque el autor había recogido materiales para ella desde hacía varios años. La novela se basa en un hecho histórico: la vuelta en 1926 a su pueblo de un hombre por cuyo asesinato se condenó a dos inocentes, que habían terminado por reconocer el inexistente crimen debido a las brutales torturas infligidas por la guardia civil consentidas por la maquinaria judicial, y que, desde 1910, fecha de su detención, habían pasado largos años en el penal. Desde entonces este asunto, que causó honda conmoción en el país y sobre el que Sender había publicado una serie de reportajes para el «El Sol» en marzo de 1926, se conoció como «El crimen de Cuenca».
Ramón José Sender Garcés fue un novelista español. De espíritu rebelde y autodidáctico, se sintió siempre atraído por la ideología del anarquismo, incluso cuando, avanzada la vida, se apartó de las actitudes izquierdistas de su juventud. Tras realizar el servicio militar en Marruecos, se inició en el periodismo y colaboró en publicaciones radicales y libertarias.
Sus primeras novelas son de testimonio social y propósito denunciatorio: el antimilitarismo de Imán (1930), sobre la guerra de Marruecos; su ataque al régimen policiaco en O.P.: orden público (1931); la lucha anarquista en Siete domingos rojos (1932) y el relato de la insurrección cantonal de Cartagena (1873) en Mr. Witt en el cantón (1935). Durante la guerra civil luchó en Sierra de Guadarrama y publicó el documental Contraataque (1937), sobre el cual se inspiró en parte Malraux para su novela L'Espoir.
Exiliado primero en México (1939-42), residió el resto de su vida en los Estados Unidos, con trabajos docentes en Alburquerque (1947-63) y en Los Ángeles (1965-71). Dejando a un lado su intensa actividad periodística (en la revista antifascista y anticomunista Cuadernos de París, por ejemplo), su copiosísima producción narrativa prosiguió por numerosas y variadas rutas.
Por un lado están sus novelas alegóricas de intención satírica o filosófica; entre ellas cabe citar El lugar del hombre (1939), La esfera (1947), El rey y la reina, de 1949, El verdugo afable (1952), Los cinco libros de Ariadna (1957) y Nocturno de los catorce (1971). Un sector aparte se halla constituido por sus novelas históricas: Bizancio (1956), Jubileo en el Zócalo (1964) y La aventura equinoccial de Lope de Aguirre (1964), entre otras. El marco geográfico latinoamericano le inspiró una gran novela, Epitalamio del prieto Trinidad (1942), historia de una rebelión en una isla-presidio, notable por la recreación de las pasiones humanas y la descripción de una atmósfera alucinante y de exótica sensualidad.
Pero el sector narrativo más importante de Sender procede de su memoria histórica. Junto a una obrita perfecta, Mosén Millán (1953), luego titulada Réquiem por un campesino español, publicada en 1960, conmovedora historia de un sacerdote que quiere salvar a un joven del pueblo en los inicios de la guerra civil, destaca la serie Crónica del alba, compuesta de nueve novelas aparecida entre 1942 y 1966, autobiografía de José Garcés, personaje bajo el cual se oculta de modo transparente el propio autor. Destaca, dentro de esta serie, el primer tomo, con la evocación del mundo infantil.
En general, la obra escrita en su vejez -incluso títulos tan difundidos como La tesis de Nancy (1962), En la vida de Ignacio Morell (1969), y Nocturno de los 14 (1969), El fugitivo (1972), La mirada inmóvil (1979)- muestra un descenso de su capacidad creativa y una tendencia incontrolada a manifestar a modo de prédica sus fobias ideológicas.
“El lugar de un hombre” es una curiosidad literaria. Se trata de una dramatización del famoso “Crimen de Cuenca” que tanto dio que hablar incluso durante la Transición por la película que hizo sobre el caso Pilar Miró, que le valió a la directora un consejo de guerra nada menos que en 1980. Sobre lo sucedido se han escrito varias novelas, pero la de Ramón J. Sender es peculiar como digo porque traslada la acción a su querido Aragón, la podría haber titulado “El crimen de Huesca”, y el narrador es el mismo Pepe Garcés de la "Crónica del alba”. “El lugar de un hombre” fue la segunda novela que publicó Sender en su exilio mexicano después de la Guerra Civil, acuciado por la necesidad de buscarse la vida en el país hermano. En ella mezcla los hechos del famoso crimen, de los cuales tenía un conocimiento exacto puesto que en su día había escrito varios artículos en el diario “El sol”, con historias, mitos y leyendas de su Huesca natal, que le dan un toque costumbrista muy interesante sin dejar de centrarse en los temas claves del crimen de Cuenca, o sea, las torturas a las que fueron sometidos los presuntos asesinos por parte de la Guardia Civil por las que confesaron un crimen que ni siquiera existía y el caciquismo de la época de la alternancia de partidos en el reinado de Alfonso XIII. Es interesante comparar el tono de la novela respecto a esos dos temas con los de los artículos de Sender en “El sol”, que nos ofrece esta edición en los apéndices finales, en los que no aparecen porque eran sistemáticamente censurados en la redacción, hecho del que se queja amargamente el autor en el último artículo rescatado por este libro sobre el tema, que ya es de 1935, en plena República, y editado en el diario “La libertad”. Para mí, Sender es uno de los maestros de la literatura española de cualquier época, su lectura es siempre agradecida y fuente de valiosas enseñanzas tanto históricas como literarias, y esta novela no desentona en ese sentido, la recomiendo mucho.
A través del famoso Crimen de Cuenca, Sender hace un gran retrato de la sociedad rural española de principios del siglo XX y realiza una brillante denuncia del caciquismo y sus miserias.
Se trata de una novela que trasciende al ser humano. Se ambienta en una zona rural de Aragón en el primer cuarto de siglo XX. El protagonista, Sabino, desaparece misteriosamente una noche y eso va a generar una concatenación de desgracias en la comarca. Nadie, ninguno de los estamentos que conforman la sociedad del momento, sale bien parado. El microcosmos que representa Castelnovo y alrededores suponen un cuadro perfecto del momento vivido donde los terratenientes, la Guardia Civil y el pueblo en general muestran los vicios de nuestra sociedad. Ni siquiera los dos inocentes inculpados se creen finalmente que lo son. Las estructuras del poder huelen a cloaca y el pueblo, subyugado ante el poder, intenta rebelarse. Consideran a Sabino un fantasma, pero los espectros son todos. No hay iniciativa ni ansias de dudar. La duda desaparece para que sea la superchería quien nos dirija. En definitiva, una buena novela, de sencilla estructura y que sirve para mostrarnos e identificarnos como un país poco resuelto a la iniciativa.
Libro que denuncia el caciquismo, la tortura policial, la justicia injusta, el dolor, la miseria... Todo ello contado desde la posición privilegiada del adolescente que la narra. Mundo que políticamente se dice en dos bandos, igual de miserables, gentes olvidadas por esos mismos políticos y sus instituciones hasta que les son necesarias para conquistar el poder. Acontecimientos tan frugales como la desaparición voluntaria de Sabino, desencadena unos acontecimientos, para dos pueblos, trágicos. El aleteo de la mariposa y su teoría del caos.
Gran parte es una variante del "crimen de Cuenca". Tal vez se podría considerar que se refleja el ambiante previo a la Guerra Civil española, por la violencia descrita entre los partidarios de políticos liberales y conservadores. El responsable de esta violencia, que va en aumento y de la que no se muestra la evolución final, es, de manera involuntaria, Sabino, uno de los personajes principales.
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