"Soy el más poderoso entre los dioses vivos porque conozco el precio del poder y estoy dispuesto a pagarlo. Sin gozo ni placer, sin miedo ni vacilación. El poder, la voluntad perfecta, la absoluta libertad de los dioses, radica en que nada te haga retroceder, en dejar que tus aliados y tus enemigos por igual sepan que es imposible dominarte".
En El Príncipe de los Cuatro Vientos nos encontramos con una segunda parte magnífica. Joseph Michael Brennan retoma la historia de Tahmuz, Doenal y Tarian reconquistando diferentes ciudades y uniendo fuerzas para derrocar a Galkirion, buscar la justicia y reinstaurar la República. Pero también nos presenta un segundo lado de la historia, un lado oscuro, peligroso y que, definitivamente, es una grata sorpresa para el lector. En esta segunda entrega de la saga conocemos a los asuranna, una civilización de dioses sangrientos, crueles, que tratan a los humanos como sus presas, beben su sangre, comen su carne y, además, son unos guerreros formidables. Poco a poco ambos lados de la historia se irán acercando peligrosamente hasta que llega un punto en el que las revelaciones, los giros y los intereses de ambos bandos van a crear una gran explosión de poder... y muerte.
Creo que una de las más grandes sorpresas que me encontré en El Príncipe de los Cuatro Vientos es ver cuánto ha crecido y madurado Tarian desde esa primera vez que lo vimos en la puerta de Doenal. Ahora, habiendo ganado algunas batallas y miles de aliados, vemos a este Príncipe Exiliado entender su rol en el gran esquema de las cosas. En este libro, Tarian acepta por completo el peso que recae sobre sus hombros, se vuelve un símbolo de lo que traerá el futuro y encaja perfecto en el papel de conciliador, político y guerrero. Quizá una de las mejores cualidades de Tarian es que no es un golden boy que se las sabe todas, sino que es un chico que sabe escuchar y aprende de todas las personas que lo rodean.
Siento que en El Príncipe de los Cuatro Vientos ganamos a un montón de personajes increíbles, pero que también perdimos momentáneamente a un par que, para mí, son tremendamente importantes. Tahmuz y Doenal pasan a un plano secundario mientras que Tarian, Alek y los Condenados se revelan en su máximo esplendor. Y, si bien extrañé el descubrir todo lo nuevo a través de los ojos de Tahmuz y las fantásticas líneas de Doenal, conocí bastante bien a todo el pueblo asuranna y maaaadre mía.
Sin lugar a dudas puedo decir que los asuranna son fascinantes. Absolutamente todo acerca de ellos está muy bien construido: sus nombres, su idioma, su personalidad, sus ritos, sus costumbres, su mitología, su jerarquía... Son increíbles. Sí, son dioses que comen humanos y se beben su sangre, pero para mí fue imposible verlos como los enemigos, incluso después del final. Creo que Joseph Michael Brennan fue muy inteligente al presentárnoslos primero en el libro y luego ir soltándonos pequeñas cápsulas de información capítulo a capítulo, pues aún si en el fondo sabemos que son máquinas de matar, cuando llega el momento de la verdad... ya no tenemos muy claro si realmente son los malos de la historia. Cuando se enfrentan los bandos es difícil verlos como "demonios", pues ya conoces a Ataru y todo lo que ha sufrido, sabes de su relación con su hermano, de la decepción que fue para su padre, de su tensa relación con Kiran y su lazo con Aisha.
Es ese constante sentimiento de "sé que este bando acaba de cometer una de las más grandes masacres de la historia... pero me caen bien aunque sé que no deberían". Bien jugado, Joseph, bien jugado.
¡Y hablemos de las batallas! Habiendo leído un montón de fantasía, puedo decirles que una batalla mal narrada puede dañar todo el libro. Y es que son escenas muy complicadas porque hay un montón de cosas pasando al mismo tiempo. Pero las batallas que se narran en El Príncipe de los Cuatro Vientos, ya sean enormes batallas campales entre regimientos enteros o los duelos entre los asuranna, son bárbaras. No hay ningún momento en el que sientas que son golpes al azar, todas las líneas y las descripciones tienen sentido y realmente te enteras de qué está sucediendo. Entiendes cuáles son los flancos débiles o cómo es la técnica de quienes están peleando. ¡Y además son escenas muy rápidas y ágiles! Eso me encantó.
Ahora, evidentemente tengo que hablar del plot twist. ¡Claramente no lo veía venir! Es bastante sorprendente cómo en ese giro se empiezan a conectar diferentes hilos que habían ido saliendo tanto de las historias de los asuranna como de la trama de Tarian y los demás. Si bien el momento y el cómo de la revelación (no quiero decir spoilers) fue un poco anticlimático para mi gusto, el backstory que lo soporta es muy sólido y te deja pensando muchísimo una vez acabas ese capítulo. Hay tantísimas preguntas por plantearse y, sobre todo, infinitas estrategias que diseñar para afrontar esta temible amenaza que se está acercando a pasos agigantados hacia los protagonistas y sus sueños de ver restaurada la República.
Realmente el final del libro es un final de diez. Te deja, literalmente, pensando que le faltan páginas a tu edición. Joseph Michael Brennan no pudo haber terminado esta entrega en un punto más alto y con más tensión. Y, además, por las emociones conflictivas que les mencionaba anteriormente, es un final que duele muchísimo. Y las últimas palabras... Ay. Dioses, ¡necesito ya el tercero! Y, tengo miedo, porque se llama La Sangre de los Dioses.
"Por él. Sólo por él. Dile que... fallé".