La poesía de Natalia Litvinova es una poesía de frontera: entre el sueño y la memoria, entre la sensualidad y el sufrimiento, entre la infancia y un ahora al que le brotan poemas. Un humor tenue, una fina ironía no exenta de crueldad, atenúan cualquier desbordamiento sentimental cuando la voz femenina rememora al ausente que ama, o al abuelo que tiembla mientras se afeita, al padre, a la madre, los lejanos países de la infancia, la lejana Rusia que ya no existe. Porque en estas páginas "las aguas turbulentas del recuerdo no descansan".
Muchos de estos poemas tienen la consistencia de los sueños, o de los cuentos infantiles, de sus láminas coloridas donde aparecen "frutillas en verano", "frambuesas en primavera", la nieve invernal, gusanos, hormigas, cerdos. Porque hay una niña que atraviesa estos poemas, una niña que persiste en la mujer que discute rabiosa con su amante, "arqueada en el piso, soltando lágrimas como un sauce llorón". La misma mujer desparpajada que habla con sensualidad desde su desnudez y deseo, y se pregunta dónde estarán los hombres de su pasado, que ella reconoce en los ojos de los animales.
En los poemas de Natalia Litvinova hay una vocación narrativa, pero sus relatos son truncos, misteriosos, dicen a medias, causándonos desasosiego. En ellos la historia contemporánea aparece a veces como referencia; Stalin, la segunda guerra, Chernóbil.
Y también hay ramalazos de literatura, de pintura, de simple cotidianidad, que van dibujando un todo, brumoso pero de gran poder comunicador. Los transitamos con curiosidad, con una levedad que jamás se convierte en banalización, descubriendo su extraña belleza, su gracia, agradeciendo el talento que les da vida.
Natalia Litvinova nació en Gómel, Bielorrusia, el 10 de septiembre de 1986 y reside en Buenos Aires, Argentina. Traduce a poetas rusos. Publicó los poemarios Esteparia, Balbuceo de la noche, Grieta y Cartas de la locura, y tradujo la antología Rumbo a Karachnay de Shajriza Bogatyreva.
Y que razón tiene Litvinova cuando dice: "De ser posible, yo pediría nacer barco, uno que va hacia su naufragio y sabe que hay un iceberg para él. Mi vida consistiría en aprender a nadar tranquila".
Me encantó. Es un poco atemporal, y su ritmo es extraño, como si jugara con el lenguaje desde otra galaxia. Sus imágenes van desde ciudades, bichos, su familia, de todo. Es muy bonito y lo recomiendo mucho.
Es el punto màs alto de todo lo que le leì a Natalia. Poemas directos, precisos, que evocan recuerdos de infancia y hablan una lengua limpia, certera e ìntima.
Una poeta nacida en Rusia, que vive en Buenos Aires, traduce a poetas de su natal estepa. Y escribe poesía. ¿Por qué todo esto? Porque da un contexto del tono de sus versos. Escribe de la cotidianidad de una extranjera que rememora su tierra, siendo una joven menor de 35 años, donde la poesía pareciera brotarle por naturaleza de su piel. Poemas que recuerdan a su familia, procesos claves de la Rusia actual (Chernobyl, Caída del Muro), su caminos por las callecitas de Buenos Aires, e incluso desviando la atención al corazón. Es un poemario gigante en su brevedad, 50 poemas en 50 páginas. Es una lectura fugaz y que deja el sabor de una lectura profunda.
(...) “Los poemas tristes/son un secreto homenaje a la alegría./De ser posible, yo pediría nacer barco,/uno que va hacia su naufragio/y sabe que hay un iceberg para él./Mi vida consistiría en aprender/a nadar tranquila.” “¿Es valiente aquel que elige callar, el que lo dice todo?/Me pregunté por qué dejaste de escribirme./Imaginé que desde tu silencio me pedías silencio./como a los niños, como a los perros, como a los que se portan mal.” (...)
La memoria, el origen y la identidad se funden en estos bellos poemas donde se conjugan el arraigo y el desarraigo, composiciones mayormente breves, intensas, emotivas, impecables. En los poemas se invoca el pasado y los antepasados, el lugar de origen, las luchas, las derrotas, los amores y los odios. No es una poesía meramente nostálgica porque estos poemas revelan la fuerza y la potencia de la vida que persiste a pesar de los pesares.
Hermoso poemario altamente recomendable de una poeta imperdible.
"En los poemas de Natalia hay una vocación narrativa, pero sus relatos son truncos, misteriosos dicen a medias, causándonos desasosiego. En ellos la historia contemporánea aparece a veces como referencia: Stalin, la segunda guerra, Chenóbil. Y también hay ramalazos de literatura, de pintura, de simple cotidianidad, que van dibujando un todo, brumoso pero de gran poder comunicador".
Aunque en este libro Natalia se haya alejado un poco del verso cortito que me conquistó en sus otros poemarios, aún así me encantó y cómo no, si escribe tan lindo. Mis poemas favoritos son en los que habla de su niñez, las mujeres, su familia.
“Lienzo de la memoria
Las aguas perturbadas de la memoria no se alisarán. Todos los días me iré de mi niñez. Regresaré sucia antes de que anochezca y me sentaré a la mesa. ¿Viste si floreció el lino? preguntará mi padre. Mi madre le ofrecerá té con descuido, molesta por algo que desconoce o desatenta con lo humano, como si se imaginara danzando entre las hermanas flores. El tiempo se mueve en ríos subterráneos y las aguas turbulentas del recuerdo no descansan. Esa madre servirá té para siempre, ese padre se irá una y otra vez. No levantaré la mirada para verlo, lo reconstruiré como una ciega, como las imágenes salpicadas en los lienzos de Pollock”.
Excelente poemario donde se van mezclando las voces de una infancia y un despertar de un cuerpo que tiene más que ver con la decepción que con el sexo. Las figuras de hombres que se deshacen por la radiación y por el desarme del proyecto soviético, se van abriendo paso en la memoria de una hablante poética que añora no un ideal, sino la comodidad de una decadencia conocida y no por conocer. Le daría 4 y 1/2 estrellas pero bueh
es la primera obra que leo de esta autora y sinceramente me conmovió mucho. Se trata de un estilo de poesía que no frecuento, principalmente narrativo, pero que no por ello deja de lado la magia de lo poético. La forma en la que descripción y sentidos fluctúan y se mezclan entre sí le da un toque único. Me dejo con ganas de seguir leyendo a esta escritora, tanto su historia como su escritura son muy interesantes.
Un libro oscuro, que al tiempo noquea con luminosas epifanías. Un libro sobre la pérdida, sobre la guerra, sobre la infancia en claroscuro. Un libro que te hace saber que ir directo al naufragio es aprender a nadar, a sobrevivir. Lo amé.
Es, como dicen varios prólogos, una vuelta a la niñez pero desde una adulta que mira distante y es muy certera con las imágenes (despojadas pero muy potentes) que usa. Es también una vuelta sobre sí misma, la animalidad de su cuerpo y la materia de los recuerdos. Muy lindo libro.
No creo tener criterio minimamente objetivo para evaluar poesia.
Si puedo decir que me gusto mucho todo y recomiendo fuerte y es bello y citando a una grande: "And in poetry, beauty is no ornament; it is the meaning. It is the truth."
Amigas, amo la escritura de Natalia Litvinova. Siguiente Vitalidad es una oda a la memoria y a la nostalgia.
"Esa madre servirá té para siempre, ese padre se irá una y otra vez. No levantaré la mirada para verlo, lo reconstruiré como una ciega, como imágenes salpicadas"
Me costó conectar con el tono. Al comienzo, pensé que no era para nada un poemario que gira en torno a la imagen y el recuerdo del padre, del hombre... Pero hubo algunos que me quitaron el aliento y me hicieron sufrir como aquellos hombres de mi pasado...
Soy una Natalia Litvinova stan account. Me encantó. Lindo y raro, tal vez menos orgánico que otros libros de ella (que están demasiado armados bajo una premisa) pero igual lo encontré muy muy bueno.
"Yo llevo la sangre de las mujeres que vuelven a casa enrojecidas como si ocultaran un amor"
Sin duda es uno de los poemarios más bonitos que he leído. Me lo bebí a la luz de mi lamparita de lectura, cuando Madrid ya estaba dormido y solo podía oír cómo sus versos mecían las pesadillas de esta noche. Con poemas dignos de tatuarse en la memoria, si es que me alcanza. Una de mis lecturas favoritas de este año.