Hace más de veinte años, en 1971, un muchacho moreno, estudiante de Economía en la Universidad de San Marcos y voraz lector, publicó un libro que deslumbró a críticos y lectores de poesía por su alta calidad formal, la intensidad de sus imágenes plenas de vida y energía y su mensaje de rebeldía juvenil frente al orden establecido. En los extramuros del mundo pasó a ser, desde entonces y en buena medida hasta hoy, un punto de referencia indiscutible, cimero, en la poesía peruana de las últimas décadas, y su autor, poco menos que un mito.
Confirmando que la creación artística auténtica no precisa de ampulosidad ni excesivo caudal, con En los extramuros del mundo Verástegui enriqueció una de las líneas más sugestivas de nuestra tradición lírica, aquella constituida por libros breves e intensos en los que resalta la precocidad de sus autores –frisando los veinte años al escribirlos– y la excelencia en el dominio de los recursos expresivos: quién pone en duda hoy que Reinos de Jorge Eduardo Eielson, El río de Javier Heraud y En los extramuros del mundo, para citar sólo tres casos, ocupan un lugar de primer orden en cualquier bibliografía de poesía contemporánea y ejercen notable influencia en el proceso poético del país.
Entre los componentes principales de este poemario destacan la frescura, sensualidad y el filo contestatario –formidable alegato en defensa de la belleza de la vida y la poesía y al mismo tiempo crítica irreverente a la opresión del capital–, su asimilación creadora de lo más notable de la tradición poética universal, así como el entrelazamiento de la historia, el amor erótico y el hecho poético como ejes temáticos nodales, que, es preciso mencionarlo, se han mantenido como tales en toda la producción posterior de Verástegui.
Por todo lo dicho, y anteponiéndose a las voces que promueven el escepticismo y el desencanto, la reedición y relectura de En los extramuros del mundo, su llegada a las manos de la nuevas promociones de escritores y lectores, significa a la par que un acontecimiento cultural de notable importancia, la renovada afirmación de que es vigente la propuesta de comunión entre la voluntad de belleza y la voluntad de justicia.
Algo como trueno olvidado fluyendo por los calles de la capital que es siempre quedando debajo de sombra del patíbulo. Con un espíritu, voz y perspectiva revolucionario y romántico, este colección fue destinado será un libro del futuro aunque tiene sus semillas en la tierra de los setentas. Es difícil a obtener en EEUU (si no quieres gastar mas que $40 usd para 50 páginas)—tengo el texto en un reedición con dos otros de los primeros libros horazeroanos (también poquito caro): Hora Zero: Óperas Primas. Ridículo que no hay un traducción en ingles de nada por Verástegui—tal vez necesito hacer uno yo mismo. ———————— Something like forgotten thunder rolling through the streets of a capital city hovering always just below the shadow of the gallows. With a revolutionary romantic spirit, voice, and perspective, this collection was destined to be a book of the future even with its seeds planted in the ground of the seventies. It's difficult to get in the US (if you don't want to spend $40 for 50 pages)—I got it in a reissue along with two other books from the Hora Zero movement (also pretty kinda pricey): Hora Zero: Óperas Primas. It's ridiculous that there are no translations of Verástegui's work into english—maybe it's about time I made one of my own.
Pensando que leer es como tocar el piano y que no pude interpretar bien este libro. Todavía. Mi poema favorito sigue siendo si te quedas en mi país. El resto--como dicen los gringos, fuera de mi profundidad.
Libro ineludible en la tradición poética peruana y que, sin embargo, eludí durante años, con la ironía a cuestas de haber sido parte de un colectivo literario que se llamaba Extramuros. Y ahora que lo leo, reafirmo lo que ya intuía: en las peleas entre horazerianos y, bueno, Antonio Cisneros, yo me habría puesto del lado de Cisneros.
No que En los extramuros del mundo sea un mal libro (ni mucho menos), solo ocurre que el conversacionalismo tan atosigante de estas páginas, de tanta adjetivación y tanta emoción intensa, simplemente no va conmigo. Tiene mucho merito de todos modos y, de hecho, Verástegui se lanza algunos versos que estoy seguro de que se quedarán conmigo (así como algunos poemas, en especial "Para María Luisa Rojas de Peláez..."). El tema tal vez radica en que prefiero leer estos poemas sueltos antes que agrupados así. Tienen una intensidad que resulta en una lectura drenante, de la que acabo de salir bastante agotado. Y tal vez no de la manera que yo preferiría.
"Y entonces tuvimos que andar buscando nuestra propia/ y amarga manera de entender estas cosas" (p. 49) (Pero qué verso)
This is really my first experience with Peruvian poetry from the 20th century, and I think I needed a bit more context. Verástegui is a wild, rambling poet. His lines run wider than the page, and the poetic speakers wander throughout the Lima of the 60s and 70s hollering and fornicating. After reading a few poems, I thought he reminded me of Ginsberg, and the introduction that I read after finishing the collection echoed that thought. I really liked the poem in homage to his deceased grandmother, but none of the others really have stuck in my head. Maybe because their topics shift so frequently, or maybe because they just need to sit with me for longer. Just like one must acclimate to the language of baroque or medieval poetry, one must also acclimate to poetry from more recent decades.